Hoy llueve y recuerdo Buenos Aires

“Me digo que estoy triste y que la ciudad me conoce / en este breve viaje, mirándome y mirándola, / juntos ustedes y yo, / mientras repito estas palabras: / Desciendo aquí, señores. / Todavía hay esperanza” . …la Patria es esa baldosa que pisas… 

Porteño he sido expatriado por la fuerza en varias épocas. Instalado por voluntad ajena en otras tierras, me ha tocado sorprenderme en compañía, recordando y extrañando la sombrita de los jacarandáes dibujada en la vereda.

Obsesiones compartidas acompañaron al exilio.  La imagen recurrente de las baldosas a cuadritos me acompañaron siempre. Únicas, porteñas, a veces manchadas con las flores celestes, nos permitían recordar discutiendo allá lejos si en verdad son azules, celestes o de color lila como los ojos de alguna muchacha enamorada.

Otras veces, muchas, me ha golpeado la nostalgia y he recordado propiedad en lugares que sé que son ajenos. Por suerte los recuerdos no dejan para más tarde lo que pueden hacer hoy y se acumulan sin prisa y sin pausa sedimentando la vida que ha sido por suerte plena.

El recuerdo del asfalto lleno de tapitas de gaseosas, su olor en el verano, un pebete de crudo y queso, una quilmes, mucho antes el vermut y sus platitos -ya perdidos para siempre como la tertulia en el café de la esquina- y sobre todo la tormenta sorprendente que hace noche en un día de verano y nos refresca entre puteadas.

Como no recordar allá lejos y hace tiempo cuando en algún desierto pensábamos en grupo la lluvia en Buenos Aires en un día de mucho calor. Recuerdo a los imprescindibles que ya no están, cuando juntos pero lejos nos metíamos al cine, muchas veces, repetidamente, para ver “El Padrino”, entre otras cosas para escuchar-recordando con nostalgia- los truenos que evocaban las tormentas porteñas que nos estaban prohibidas y lejanas.  En Buenos Aires, “Hoy llueve mucho, mucho y pareciera que están lavando el mundo…”, decía Juan.

Y Corrientes, y sus cafés, y sus espacios de la mano de alguna cadera propicia juvenil y la esperanza.

Estoy embebido en esta ciudad que no me pertenece, que tiene librerías que no duermen, y como allá lejos y hace tiempo no logró matarme “dendeveras”, siempre es un regalo maravilloso que aún disfruto. La veo con los ojos nuevos de mis hijas, y aprendo a verla diferente. Buenos Aires es como una mujer bella que aparece menos bella la segunda vez que la vemos, pero es también como una mujer menos agraciada que se hace más aceptable cada vez.

París es una ciudad amante que se rinde ante tus caprichos pero que es volátil, Lima es sensual hasta el extremo pero hay quienes la llaman “La horrible”, aunque el vals le canta “Todos vuelven a la tierra en que nacieron, al embrujo incomparable de su sol, todos vuelven al rincón donde vivieron, donde acaso floreció más de un amor…”. Buenos Aires en cambio es como esas mujeres que nos eligen y elegimos para envejecer juntos, con ella compartimos todo lo que somos de verdad, lo malo y lo bueno.

Los argentinos como otros pueblos han sido y son un pueblo elegido aunque no logran darse cuenta de ello pues no aceptan la suma de la diversidad y prefieren la resta de resaltar la diferencia.

Condesa, si a usted esta ciudad la mata, para mi en cambio “es la muerte”(a la peruana). Pero también le digo, más por viejo que por sabio, que a ésta Buenos Aires se la aprecia más, como a los amores verdaderos, desde lejos, cuando ha pasado algo de tiempo y la distancia. Mucho más.

fraterno
js

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Un día como hoy, con aguacero, murió en París César Vallejo

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Hace tanto tiempo y tantos días, desde siempre como hoy, hace exactamente 70 años, faltó César, el poeta, el trujillano. Dicen que murió en París de tristeza, de guerra ajena, de pobreza propia. De angustia y lejanía.

Comiendo una baguette, brindando por su vida, velando sus huesos y el húmero.Y entonces a puro pico, un pisco cholo que me trajo hasta allí, lloré donde yace, en Montparnasse, el cementerio. Su tumba, al igual que su vida, me fue remota, improbable en ese día.

Sus palabras que se hacen propias me dolieron como hoy cuando recuerdo donde yace. “Yo nací un día en que Dios estuvo enfermo.”

Con Georgette-que entrevisté con reverencia, ya muy anciana y no recuerdo si fue en Lima o en Francia- en un parque de París le tomaron una foto en el verano de 1929. Se lo ve como lo recuerdo en sueños.
De terno negro, con bastón, con la mirada obscura, elegante, culto mientras hilaba las palabras de sus 37 años y la mirada, esa nostalgia por el ande y el hambre que mordía.
Los heraldos negros me conmueven desde niño y por él, peruano, siempre recuerdo el olor del pan que en la puerta del horno se nos quema. Un viernes santo, hace 70 años murió Vallejo – si lo desea puede leer más haciendo click aquí

Vida de consumo: libros

Por José Soriano elmosquito.gif
Vida de consumo Zygmunt Bauman Precio: $ 34,00

Descubrí a Zygmunt Bauman lejos de donde vivo ahora, en una librería a la que siempre voy en París, cerca de donde quedaba la mía que ahora yace abandonada, reconvertida en otra cosa. La última vez que la ví era un salón de belleza. Lo comencé a leer en el metro rumbo a mi hotel y el encuentro con mis hijos cerca de L´Opera y de L’Olympia, 28, Boulevard des Capucines.

Mientras leo recuerdo mis hábitos de consumo en esa que fue mi ciudad de exilio. Tantos años como para hacerme huir del formateo que ya me hacía sentirme integrado, parisino. Una vez por mes ir a ver teatro o la temporada de ópera, alguna vez al año ir a ver alguna estrella -muchas veces humoristas- a L´Olympia, antes o después del restaurant, paseos por los boulevares y paradas en algunos bares donde siempre nos encontrábamos con amigos. El preferido, inolvidable, el Bar Café Le Danton de la rue de Beaune con la rue Verneuil, frente a la salida del metro, et “boire cul sec un ballon du Côte du Rhône”, justo antes de ir a casa.
Esa tarde de primavera después de haber dejado a mis hijos, más tarde sentado en la terraza de otro café, enjuagándome los ojos viendo las muchachas pasar a contraluz en el atardecer, regresé a la lectura de algunos de los libros que había comprado esa tarde.

“L’holocauste n’a rien d’un accident de l’histoire, mais est un produit de la rationalité moderne”: la contundencia de la frase de la contratapa me llamó la atención y así leí su primer trabajo traducido al francés. Me venía al pelo, pues una película de Spielberg sobre la shoa me tenía reflexionando en el Perú por los rumbos de la reunificación de mi propia identidad y cultura. Comenzaba mi fracasada búsqueda de un grial que finalmente me trajo nuevamente al sur y me destruyó.

Casi una década después volví a encontrarme con sus libros y me fascinó su descripción precisa de la época que estamos viviendo. Hoy por fin ha sido publicada la traducción de un libro que esperaba, pues me da claves para entender cómo “se vende” un candidato como producto electoral. Si desea leer la presentación de Fondo de Cultura y bajar un capítulo en formato PDF continúe aquí abajo…

Le sociologue et philosophe polonais Zygmunt BaumanLe sociologue et philosophe polonais Zygmunt Bauman

Índice

Lea un fragmento

En Vida de consumo, Zygmunt Bauman continúa y profundiza el análisis de la trama y los mecanismos por los cuales la sociedad actual, en su fase de modernidad líquida, condiciona y diseña las vidas de los sujetos centrándose en sus particularidades como consumidores.
Con el advenimiento de la modernidad líquida, la sociedad de productores es transformada en una sociedad de consumidores. En esta nueva sociedad los individuos son, simultáneamente, los promotores del producto y el producto que promueven. Son, al mismo tiempo, el encargado de marketing y la mercadería, el vendedor ambulante y el artículo en venta. Todos ellos habitan el mismo espacio social conocido con el nombre de mercado.

El examen que los individuos deben aprobar para acceder a los tan codiciados reconocimientos sociales les exige reciclarse bajo la forma de bienes de cambio, es decir, como productos capaces de captar la atención, atraer clientes y generar demanda. Esta transformación de los consumidores en objetos de consumo es el rasgo más importante de la sociedad de consumidores.
En este nuevo libro, Zygmunt Bauman analiza el impacto del modelo consumista de interacción sobre varios aspectos, aparentemente inconexos, del escenario social, como la política y la democracia, las divisiones sociales y la estratificación, las comunidades y las sociedades, la construcción identitaria, la producción y el uso del conocimiento, y la preferencia por distintos sistemas de valores.
La invasión, conquista y colonización de la red de relaciones humanas por parte de visiones del mundo y patrones de comportamiento a la medida de los mercados, y el origen del resentimiento, el disenso y la ocasional resistencia frente a las fuerzas de ocupación son los temas centrales de este libro. Las normas sociales y la cultura de la vida contemporánea son puestas bajo la lupa una vez más y reinterpretadas a la luz de estos temas por uno de los pensadores sociales más originales y agudos de la actualidad.

Datos técnicos

Colección: Sociología

ISBN: 9789505577255

Formato: 13,5 x 21 cm., 205 pp.

Primera edición: 2007

Última edición: 2007