Llueven peces en el distrito de Cristo nos valga, llegó la niña allá en el norte

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Bajo otros cielos azules, por allá en el norte peruano donde nací, cada cierto tiempo el desierto y las pocas tierras cultivables son visitadas por la Niña. Azotadas por enormes tempestades, algo parecido a un Monzón, que se produce periódicamente en un lugar en el que casi nunca llueve. Se forman lagunas temporales de miles de kilómetros en medio de la nada, en los desiertos. Duran algunos meses y a veces hasta años. El decir popular afirma que en esas ocasiones llueven peces. Aunque debe haber explicaciones científicas la abundancia de peces en esas lagunas del desierto no tienen explicación que no sea mágica. Dura lo que un suspiro, y como cuenta la Condesa, debe ser que se trata de nuestra América. De esa realidad mágica que no somos capaces de entender y que nos admira cuando la leemos, por ejemplo a don Alejo Carpentier que es citado por nuestra amiga:

”En América Latina, lo maravilloso se encuentra en vuelta de cada esquina, en el desorden, en lo pintoresco de nuestras ciudades, en los rótulos callejeros o en nuestra vegetación o en nuestra naturaleza y, por decirlo todo, también en nuestra historia”.

Los pescadores nos enseñan las pocas lisas que encontraron tras una mañana calurosa en la zona denominada El Peñal, en el distrito de Cristo Nos Valga.
“Con la llegada de La Niña aparecieron en abundancia especies como lisa, robalo, tilapia y hasta camarón. Pescábamos por toneladas y venían compradores de Chiclayo y Piura a buscarnos. Nuestros ingresos mejoraron el triple, pero esa época de bonanza duró poco más de dos años porque la laguna se fue secando”, dice Zacarías, quien recuerda que con las lluvias de 1983 también se incrementaron los peces en la zona.

Diario El Comercio

Cuenta mi padre que en una laguna de esas desaparecieron las tierras familiares que fueron devoradas por el río la Leche y luego por el desierto de Sechura.

La historia dice que en Lambayeque, el valle de las pirámides (hay más de 40), a causa de un fenómeno similar desapareció la cultura Moche (preincaica).

Hermosa síntesis la que hace la naturaleza que se convierte en tragedia en muchos casos y que luego se plasma en libros que retoman leyendas que dicen que llueven peces. Y es verdad.

Es un fenómeno tan hermoso como ver el desierto de Atacama cubierto de flores, como ocurre todos los años en enero-febrero.

LA ULTIMA HISTORIA DE LA NIÑA

La Laguna “La Niña” se forma como producto de las torrenciales lluvias que provocó el evento “El Niño” 1997-98, en los meses de febrero y marzo de 1998, en la zona de los desiertos de Sechura. Tiene sus orígenes en el represamiento de los enormes caudales de los ríos Piura, La Leche y Cascajal, Olmos, Motupe, sumados a ello las lagunas de Ramón, Ñapique, entre otros y por la configuración de la topografía de la zona lo que favoreció su formación. El nombre de esta laguna se debe a que se origina dentro del episodio de “El Niño”.

La forma y extensión de la laguna ha sido posible observarse mediante la utilización de imágenes de alta resolución de los satélites polares NOAA.

El área máxima que logró alcanzar esta laguna fue de 2326 km2 en el mes de marzo, a fines de diciembre se registró un área de 1082 km2, lo que representa la pérdida de 53,48% de su extensión en siete meses de monitoreo.

24 NOVIEMBRE 2007
EL COMERCIO

Unos cuantos espejos de agua quedan de lo que fue el lago La Niña
Llegó a tener una extensión de 180 km2 entre los años 1998 y 2000
Por Johnny Obregón Rossi
Zacarías Chapilliquén, un curtido pescador de 65 años, recuerda con nostalgia las épocas de bonanza que vivió entre 1998 y el 2000, cuando junto a otros miles de hombres de mar aprovechaba los recursos marinos que brindaba La Niña, un lago formado durante el fenómeno de El Niño con las lluvias torrenciales que ocurrieron en los departamentos de Piura y Lambayeque. Siete años después, ese lago es un recuerdo.
Zacarías y sus hijos Crispín, Máximo, Manuel y José son algunos de los 20 pescadores que aún visitan la zona, en busca de una buena pesca en los pocos espejos de agua que permanecen en las lagunas Ramón y Ñapique (Sechura), que con los ríos Cascajal, La Leche (Lambayeque) y Piura dieron formación a La Niña.
Los pescadores nos enseñan las pocas lisas que encontraron tras una mañana calurosa en la zona denominada El Peñal, en el distrito de Cristo Nos Valga.
“Con la llegada de La Niña aparecieron en abundancia especies como lisa, robalo, tilapia y hasta camarón. Pescábamos por toneladas y venían compradores de Chiclayo y Piura a buscarnos. Nuestros ingresos mejoraron el triple, pero esa época de bonanza duró poco más de dos años porque la laguna se fue secando”, dice Zacarías, quien recuerda que con las lluvias de 1983 también se incrementaron los peces en la zona.
Pero las bondades de La Niña no terminaron allí. Pedro Chunga, responsable del vivero municipal de Sechura, rememora que en aquellas épocas en las zonas que bordeaban el lago se esparcieron semillas de algarrobo y pino, las que con ayuda del ganado caprino del lugar, dieron paso a una regeneración natural en zonas con abundante agua. “Los animales ingieren las semillas y luego las esparcen al defecar. Esas semillas crecen con las lluvias”, explica Chunga.
Se estima que La Niña alcanzó una extensión aproximada de 180 km2, de los que ya no queda casi nada. “En los últimos años se produjo un proceso natural de evaporización en la zona, que se aceleró dadas las altas temperaturas que soporta esta parte del desierto de Sechura”, señala el gerente de recursos naturales de la región Piura, Augusto Zegarra Peralta.
La Niña ha reducido su reinado y hoy solo quedan unos cuantos espejuelos . Ahora se puede caminar por El Peñal y por la antigua carretera Panamericana Norte, desvío a Bayóvar, que en 1998 fue prácticamente cubierta de agua.
Algunas balsas abandonadas a orillas de las lagunas Ramón y Ñapique, restos de conchas marinas esparcidas en la arena húmeda y aparejos de pesca son los recuerdos de una época de abundancia marina que se fue. Los que se resisten a irse son los patillos, flamencos y gaviotas, que aún revolotean por las aguas de estas dos pequeñas lagunas y que componen una vista agradable para los pescadores, que no dejan de venir al lugar desde hace nueve años.

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2 comentarios sobre “Llueven peces en el distrito de Cristo nos valga, llegó la niña allá en el norte

  1. La condesa sangrienta dijo…

    José: es precioso lo que cuenta y explica por otro lado por qué los conceptos de “realismo mágico” y “real maravilloso” sólo pueden aplicarse a la literatura latinoamericana.
    A decir de Alejo Carpentier “”En América Latina, lo maravilloso se encuentra en vuelta de cada esquina, en el desorden, en lo pintoresco de nuestras ciudades, en los rótulos callejeros o en nuestra vegetación o en nuestra naturaleza y, por decirlo todo, también en nuestra historia”.
    Abrazo enorme y gracias, como siempre, por su aporte enriquecedor.

  2. Hermoso relato, contado de una manera especial. Descubrí parte en un comment que dejó en lo de la Condesa; luego leí lo que ella recreó con su particular estilo en su blog, y por fn llego aquí… Es maravilloso encontrar en sus palabras tanta información con tanta sensibilidad. Su mirada incita a imaginar esos lugares y esos pobladores. Gracias, lohe disfruado mucho. Un abrazo

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