un bar, un buen fin de semana largo lleno de neblina y de recuerdos

El fin de semana largo, un post de la maravillosa Estrella despertaron viejos recuerdos, multitud de caras, de conversaciones, de buenos momentos pasados en ese ambiente que es lugar de encuentro y creacion en muchos de los lugares en que me ha tocado estar; es el bar.

Para mi los bares son sitios a los que quiero ir, por ello seguiré recordando con la excusa de responder las ausencias y los amigos desparramados por allí.  Los primeros como la Violeta, los descubrí a los 17.  Eran tiempos lúdicos, de adolecente de otra época, un lindo tiempo para recordar.  Una etapa que añoro en la que aún no era necesario para nadie descalificar al otro para ser.

“Mi padre decía que un bar no era un sitio al que uno quería ir, sino un sitio en el que uno acababa. Aunque había algo en los bares que me gustaba: la sensación de que en ellos se mantenía viva la posibilidad de que pasara algo largamente esperado, por mucho que hasta el momento no hubiera pasado nada”.
De mujeres con hombres, Richard Ford

Hola Estrella, están los bares de mi adolescencia, solo, en un país distinto al mío, aprendiendo códigos diferentes, en el departamento vacío de mi padre frente al Parque Lezama, Brasil 343 octavo piso C.

El primero que recuerdo es El Bar Británico con los sandwiches de miga y la barra de la esquina donde nos juntabamos adolecentes de corbata finita peinados a la gomina, sudafricanos hijos de ingleses, tiras, médicos, el diariero, un poeta, yo medio hippie adelantado y los gallegos de la esquina.


Lezama-San-Telmo-posibilidad-disfrutar_CLAIMA20100714_0001_4Luego justo abajo del departamento está el bodegón El Lezama  y los buñuelos de acelga. Era una cooperativa de mozos y allí comí durante años. Por las tardes me juntaba con la barra. Reunión de amigotes diversos, el teléfono azul de Entel y  las primeras novias.  El billar de la esquina que ya no está que había sido territorio prohibido por mi madre.

Antes, mucho antes, todavía recuerdo vagamente al tranvía y al Trolebús que venía de Constitución y que acompañaron partes de mi infancia.  Mi amiguita francesa que admiraba los barquitos a vela que hacíamos navegar en la fuente que ya no está en el medio del anfiteatro. Los deliciosos olores a fruta del mercadito en la calle defensa que tampoco está.

El bar “Buenos Aires” en la esquina de Urquiza e Independencia:Y después sólo, por fin sólo en este hermoso país.  El , Buenos Aires frente a la facultad de Filosofía y Letras en Independecia y Urquiza; la ginebra y el calvados. Los debates, los libros, las manifestaciones y la resistencia a lo que no nos dejen ser una nacion con destino. La solidaridad y el olor a gas. las nubes grises que anunciaban negro el futuro y la tempestad. Sin defensa, exterminados.
Antes la belleza de mi primera mujer, el festejo de mi primogénito en El Bar Bar O y la barra viajera del sillón exclusivo. BarbarO

Tanguito y sus novias, Noé, Poni, trazos de la manzana loca, del DiTella, de los amigos que cantaban o só pasaban por allí,  Después del diario, cena y por supuesto La Paz, el Politeama, y muchos otros en Corrientes y charla mucha charla… Tanta esperanza acorralada. Tanto futuro interrumpido. Tantos sueños trocados en pesadilla.

Luego los bares perdieron importancia, con los amigos que se fueron tan jóvenes. Y yo aquí, penando. Una historia, que es de muchos, que me ha hecho lagrimear recordando.

imagesDespués de la noche aparecieron los bares de París, la nostalgia, la tristeza en los ojos  y los gorriones. Esos pajaritos an odiados que me acompañaron en el aprendizaje de seguir estando sin querer.  A veces parados encima de mi diario en Boulevard Saint-Michel, el Danton, Le Monde, Liberation. Cote du Rone et camembert, hum…

Por fin muchos años después el regreso, el vacío y los fantasmas, el profundo afecto por los que no están, el encuentro con los que ya no son. La tristeza de no reconocer los lugares cotidianos.

El regreso a una patria que merezco como mía pero que ya no es.

Bares de plástico, de fórmica, chetaje, rúcula, las ausencias, tantas ausencias, extraño el zinq y busco en Saavedra antes de que los cambien y finalmente me gane la “posmodernidad” y una sonrisa.

La producción como oficio salvador, El Espejo y los bares de la patria recobrada que ya no es mas la mía. Silvina, Victor Hugo y escapar siempre hacia adelante buscando. Que se yo. Mas bares. Clarín, luego Radio Belgrano y Nacional, los bares de Las Heras, De noctámbulos y soñadores”, mi programa de 12 a 6 am, sacar la radio a los bares, tansmitir desde el Tortoni, la Academia y los nuevos amigos que aparecen a llenar nuevamente de sentido el estar aquí.

Bar Haití, en Miraflores, LimaPor fin un nuevo oficio qu despunta. La tecnología me llevan nuevamente al exilio, esta vez voluntario, esta vez a mi patria que casi no conozco, es el Haití del Parque Kennedy en Miraflores, cotidiano desayuno y diarios con amigos de verdad. Un lugar en el mundo y el color humilde.

Los viernes, aperitivo con Laura, Manuelita durmiendo en el sillón y multitudes, y reconocimiento, y luego el cine aunque revienten las bombas (de verdad) alrededor y los temblores de mi tierra no puedan ocultar la soledad y el extrañamiento de ser casi único en no aceptar a Fujimori. Extranjero allá, extraño aquí, ya no estoy, continúo desaparecido como mi generación…

chivitosDe regreso al sur, al mítico Uruguay de Ida y descubrir La Pasiva de Arocena, los chivitos, “un liso por favor”, también desayuno y diarios y mozos amigos flamantes…

Finalmente de regreso a Buenos Aires y sin duda “La Merced” de Juramento, que Laura dice que no se llama así, que es en verdad La Esmeralda, aunque a veces como hoy, cuando escribo,  un café en Persicco o en el Volta a leer la 23. La mas de las veces plástico, modernidad, el winery al lado del trabajo …

plaza-matriz-montevideo-uruguayPara mi los bares son sitios a los que quiero ir. Lugares donde encontrar gente que ya no está.

Feliz fin de semana largo que pasaré en Montevideo, tomaré café en su nombre en La Pasiva de Plaza Matriz, sí, ahí en la calle Sarandí.
fraterno
js

Blogger José Soriano dijo…

Muy, pero muy joven, redactor de un diario, concurría a la “Academia” de madrugada. Variopintos personajes habitaban desde allí la noche porteña.Estudiantes, escritores, periodistas, chorros, tiras y turistas. En esa época era un bar de pungas y carteristas los que tenían una reina. Se trataba de un personaje de 88 años a la que entrevisté. Enseñaba trucos para no dejarse robar o para hacerlo. Maravillosa.

Yo tenía apenas 17 años y para mi fue una linda época, llena de personajes unívocos y con códigos que adopté y he procurado no abandonar. Un tiempo que añoro en el que no era necesario para nadie descalificar al otro para ser.

Podíamos dialogar en la diversidad y hasta desde realidades diametralmente opuestas.

Acabo de ver “Brujas”, una película de “serie noir” extraordinaria en su humor y delineamiento de personajes con una ética; con guiños europeos constantes e inteligentes; fuera de la globalización a la que crítica con un argumento divertido, redondo, casi perfecto. Salí pipón del cine. Se las recomiendo.
fraterno
js

Anuncios

3 comentarios sobre “un bar, un buen fin de semana largo lleno de neblina y de recuerdos

  1. Me encantaron los recuerdos que salieron disparados de las palaras de R. Ford.

    Y sigue la niebla,parece, con las ganas que uno ya tiene de que se instala la primavera y las flores y el aire limpio y el cielo azul.

    Me voy, feliz con la lectura y con la recomendación de Brujas. Gracias, José.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s