paradojas argentinas II: chismosos y maledicentes

Publicada originalmente el 31 de octubre del 2007 – ¿cambió algo?

Por José Soriano elmosquito.gif

“Una sorprendente televisión es la que mira la mayor parte de la sociedad. La TV abierta argentina parece tener la marca de la serpiente que se muerde la cola, símbolo del infinito y del eterno retorno”, dice esta mañana de octubre 2007Marcelo Moreno de Clarín en un suelto que es revelador sobre como forma su opinión el público argentino.”
Si, nosotros, no mire para otro lado.
“Estamos en problemas porque hemos vivido, por lo menos, equivocados desde hace mucho tiempo y quienes consumen las noticias, también. Un pacto entre embaucadores y embaucados.” afirma en el mismo gran diario Ricardo Kirschbaum tratando de demostrar lo contrario.

“Después de hablar con más o menos ochenta personas en la zona de Barrio Norte, me di cuenta de que no había ningún angloparlante que hubiera votado por Cristina. Peor todavía, la gente respondió con tanta vehemencia, tanta rabia en contra del Gobierno que fue sorprendente y a la vez sentí que estaba rodeado de psicóticos. Escuché respuestas con mucha bronca contra los Kirchner y gente puteando al gobierno K, algunos llegando a decir que es el peor gobierno de la historia, que nunca robaron tanto, que estamos mal, etcétera. Ver nota “Patología Social” de Jorge Goldman-abajo- Periodista nacido en el Bronx, Nueva York; corresponsal de ABC en el Cono Sur.”

En la TV de aire prácticamente tenemos una única programación que se inicia por la mañana y tiene un tema hegemónico que dura hasta tarde en la noche y que luego es repetido autoreferente en toda la programación al estilo “duro de domar”,RSM o TVR, el clásico de fin de semana. Ya hablamos antes de ello: “de culos y Tinellis”;¿pero es exclusivo del mundo del espectáculo?. Creo que todos publico y periodismo han adquirido malas costumbres. Somos víctimas de una metodología de saturación y compra de voluntades que se ya ha convertido en un sistema, en una forma de pensar basada exclusivamente en los rumores sin confirmar.

Como los animadores, locutores y taxistas que sin mayor formación han devenido en opinadores, expertos políticos, facilitadores, coordinadores, politólogos de ocasión, periodistas, correas de transmisión y vanguardias de la movilización de esta nueva sociedad que se mide en rating.

Necios que rumorean antes que informar, y a los que otorgamos credibilidad y el poder de poseer la única “verdad” que al final del día conforma una “sensación informativa”-como la térmica- que deviene en opinión mayoritaria. ¿no será que desde los 90 estamos formateados para creer sólo el rumor o reventar?¿no serà necesario ponerse a mirar la realidad tal como es para enfrentarla?

Un estudio científico realizado en Alemania confirma lo que ya sabemos: los chismes afectan profundamente a la reputación de una persona y condicionan el comportamiento de los demás hacia ella por encima de la información objetiva, aumenta o disminuye la cooperación entre personas hasta un 20%, aunque sea falso . “Así, se descubrió que los participantes en el estudio seguían estando influenciados por los rumores a la hora de tomar sus decisiones, aunque desconocieran su fuente o fiabilidad, e incluso teniendo acceso a la información directa u objetiva, que podía contradecir al rumor: de media, la cooperación aumentó en un 20% si el rumor era positivo, y decayó en el mismo porcentaje si el rumor era negativo.”

Si no es verdad le pegamos en el palo.

Asusta que los ciudadanos devenidos en consumidores, a falta de mejores identificaciones, construyamos nuestra identidad a partir del chisme, el rumor no confirmado y la maledicencia.

Parece que preferimos la información corta, de impacto, sugerida antes que confirmada. Buscamos los rumores que confronten, irrespetuosos, que pongan etiquetas indelebles, mochilas de plomo de chismes nunca conmprobados en la realidad. Pero qué importa, el instante de impacto ya fue, pasemos al siguiente…

Se ha convertido en una cultura, la nuestra. La realidad no importa porque la realidad es la tele como mas o menos decía don Verón cuando regresó de París.

“La opinión no es algo que se emite espontáneamente o una creencia, sino un pensamiento. Opinar es un trabajo” dice el filósofo y periodista Tomás Abraham mientras a su alrededor, en el blog en que escribe, La lectora provisoria” se desata el caos maledicente. El sobrio y admirado Tenenbaum dice recórcholis en veintitrés y hace un acertado análisis. Sólo olvida mencionar que la cultura periodística en Francia es diferente a la norteamericana, y que los colegas galos consideran de muy mala educación preguntar o publicar temas personales. Recordemos a Sandrine la hija de Miterrand y su madre secretaria y amante por años sin que nadie lo hiciera público. En otros, como en el “blog de abel” se da paso a información interesante que en general parece oculta. Pero es sin duda un tema que preocupa dos veces cáspita.

De los medios, los rumores y la maledicencia pasan a los taxis y almacenes donde engordan, donde se teje el nuevo entramado social y los cada vez más dramáticos y aterradores temores públicos. No es en la Plaza de Mayo como antaño, ni en las marchas populares, donde la población de clase media elabora y manifiesta su identidad política. Tampoco es en los claustros ni en las asambleas universitarias, ni en las tertulias de intelectuales donde ahora las posiciones ya están tomadas y donde son lo contrario de lo que se espera: irreversibles y dogmáticas.

El debate político, el intercambio de información y el encuentro de opiniones diferentes ya no se hace, eso es verdad, en algunos cafés; ahora se usa el chat, los blogs y el spam en correo electrónico.

Pero el más intenso, el masivo, el que va y viene, transcurre en el interior en la tele. Y-me repito por que vale la pena remarcarlo- son muchos los animadores, locutores y los taxistas que sin mayor formación han devenido en opinadores, expertos políticos, facilitadores, coordinadores, politólogos de ocasión, periodistas, correas de transmisión y vanguardias de la movilización de esta nueva sociedad que se mide en rating que es un rumor mirado en números.

Un experimento alemán llevado a cabo con más de un centenar de estudiantes demostró que éstos condicionaban sus actitudes hacia el resto de los participantes en función de la información que les llegaba acerca de los otros en las conversaciones entre ellos.

Si lo miramos como medida de lo que nos ha pasado en estas últimas elecciones, el pánico como comportamiento social frente a la violencia, la pobreza, la exclusión, tal vez nos ayude a comprender alguno de los ejes de nuestro comportamiento que deberemos modificar si deseamos un porvenir.

El experimento demostró que los rumores podían aumentar o reducir la cooperación, porque los estudiantes ajustaban su propia visión del mundo a la que le daban los demás. Como si lo viera doña, patente, patente…

EL RUMOR TIENE MAS PODER QUE LA REALIDAD

Por Olga Castro-Perea.

Los rumores afectan a la reputación de cualquiera, en el buen o en el mal sentido, incluso cuando esté constatado que son falsos, asegura una investigación reciente.

Científicos alemanes han descubierto que lo que se rumorea acerca de un individuo concreto entre un grupo de personas tiene más poder en el comportamiento y juicio de éstas hacia dicho individuo que las observaciones directas acerca del mismo.

Los rumores son las especulaciones no confirmadas acerca de un objetivo determinado. Se consideran información no contrastada, que rara vez se difunde abiertamente, lo que no impide su rápida expansión, y suelen carecer de una fuente original bien definida. A pesar de todo, parece que nos los creemos sin dudarlo.

En sentido positivo, los rumores refuerzan las normas grupales y los lazos sociales, según han señalado diversos estudios, mientras que la reputación ayuda a determinar la cooperación entre los grupos humanos. Desde una perspectiva evolutiva, son funcionales como herramienta para construir y manipular las reputaciones, así como una manera de entretenimiento. Pero, también, pueden originar comportamientos negativos hacia otras personas porque afectan a las opiniones que nos formamos sobre los demás.

Reciprocidad indirecta

Para determinar hasta qué punto condicionan dichos comportamientos, un estudiante de doctorado del Instituto Max Planck de Biología Evolutiva, en Plön, Alemania, llamado Ralf Sommerfeld, en colaboración con investigadores de la universidad de Viena, realizaron un estudio basado en un juego, cuyos resultados han sido publicados en la revista Proceedings of The National Academy of Sciences.

El experimento consistió en dar 10 euros por cabeza a un total de 126 estudiantes (14 grupos de nueve estudiantes cada uno) para llevar a cabo un juego en el que iban por parejas cambiantes. Cada vez que tenían una nueva pareja le tenían que ofrecer a ésta 1,25 euros. Si llegaban a un acuerdo, los investigadores sumaban además otros 75 céntimos, por lo que el receptor finalmente ganaba 2 euros.

Si el primer jugador se negaba a dar dinero, ahorraba 1,25 euros, pero si los otros descubrían su tacañería podían posteriormente no ser generosos con él. Según iba progresando el juego, y se iban alternando las parejas y sus papeles como donantes y receptores, los jugadores iban dando información a los demás acerca de las decisiones que sus antiguos compañeros habían tomado.

Así, cuanto más generoso había sido anteriormente un compañero, más tendentes a darle eran el resto para con él y viceversa: si tenía “fama” de tacaño, los demás se resistían a darle el dinero. Hasta aquí, como se predecía, el rumor propiciaba la reciprocidad indirecta, según se explica en el citado artículo: el comportamiento generoso inducía a la cooperación del resto del grupo.

Más fuertes que la verdad

Lo desconcertante fue, sin embargo, que en varias rondas de este mismo juego, a cada uno de los donantes se le hizo llegar tanto rumores –positivos o negativos- sobre los demás jugadores receptores como hechos probados, con un registro del comportamiento previo de éstos como donantes.

Así, se descubrió que los jugadores seguían estando influenciados por los rumores a la hora de tomar sus decisiones, aunque desconocieran su fuente o fiabilidad, e incluso teniendo acceso a la información directa u objetiva, que podía contradecir al rumor: de media, la cooperación aumentó en un 20% si el rumor era positivo, y decayó en el mismo porcentaje si el rumor era negativo.

Los científicos señalan que el estudio evidencia que los rumores tienen un enorme potencial manipulador porque la gente tiende a ajustar su propia visión del mundo a la percepción de éste que tienen los otros. Además, transmiten con enorme eficiencia la información social.

Domingo 28 Octubre 2007

Una patología social

Por Joe Goldman *Periodista nacido en el Bronx, Nueva York; corresponsal de ABC en el Cono Sur publicado en Página 12.

Mi tarea para el domingo a la tarde fue bastante simple. Para un paquete televisivo sobre la elección en Argentina tenía que ir a la calle y entrevistar a los votantes saliendo, con tres cosas adicionales haciendo el trabajo un poco más difícil: tenía cuatro horas para llegar al satélite o tres para el FTP (Internet), a tiempo para ABC’s World News Tonight-Weekend, tenía que buscar gente pro y contra Cristina Kirchner para dar los dos lados y, por estas limitaciones de tiempo (sin un minuto para traducir) y por los gustos de los televidentes en EE.UU. (como dice mi jefe, “pensá en las viejitas de Iowa”), tuve que hacer las entrevistas en inglés.

Después de hablar con más o menos ochenta personas en la zona de Barrio Norte, me di cuenta de que no había ningún angloparlante que hubiera votado por Cristina. Peor todavía, la gente respondió con tanta vehemencia, tanta rabia en contra del Gobierno que fue sorprendente y a la vez sentí que estaba rodeado de psicóticos. Escuché respuestas con mucha bronca contra los Kirchner y gente puteando al gobierno K, algunos llegando a decir que es el peor gobierno de la historia, que nunca robaron tanto, que estamos mal, etcétera.

No pude menos que acordarme de otros momentos en que hice notas con la gente en Barrio Norte, también buscando angloparlantes, pero en un ambiente totalmente diferente. Me acordé de la entrevista en 2002 con un señor que tenía un piso muy lujoso por Las Heras y no tenía plata para pagar la factura de luz. El hablaba inglés a la perfección. El departamento estaba oscuro, con velas y las luces de la cámara alimentadas con pilas permitiendo la filmación. Me acordé también de ir con esa cámara a filmar a las señoras de Recoleta vendiendo sus pieles y otras posesiones en un centro de trueque en la calle Junín. ¡Qué bien hablaban inglés esas viejas!

Me acordé de la noche del 19 de diciembre de 2001 siguiendo la multitud en Barrio Norte que salió a la poca comodidad de la calle, de la protesta, motorizada y enfurecida por el discurso casi incomprensible en cadena nacional del entonces presidente De la Rúa. Caminaron a Plaza de Mayo, pero primero pasaron por el edificio del entonces ministro de Economía Domingo Cavallo para pedir la cabeza de la misma persona que seis meses antes era el salvador del país. Por lo menos para esa gente que, por supuesto, hablaba inglés y hoy putea contra los K porque no matan a los piqueteros que bloquean sus calles.

Me acordé de filmar las multitudes rompiendo vidrios en los bancos, en protesta contra el congelamiento de depósitos, impuesto por el mismo gobierno que ellos habían votado en masa sólo dos años antes. Muchos de aquellos vándalos hablaban perfectamente inglés y son hoy los mismos que putean contra los K por falta de políticas contra los criminales.

Quizá me estoy poniendo viejo, pero estas memorias son de hace apenas cinco o seis años. No estuve aquí durante el proceso, pero uno tiene que pensar, ¿son las mismas personas que pidieron el golpe militar en 1976?

Ahora tengo que decir que si yo pudiera votar aquí, el domingo mi voto probablemente habría sido para Cristina. Simplemente, creo que merecen un premio por cuatro años de una muy buena administración de la economía, que ha crecido como nunca con poco o nada de ayuda de afuera para apoyar este boom. Para los que hablan de los precios internacionales muy altos de granos, carnes, etc., hubo otros momentos propicios en la historia argentina que no fueron tan aprovechados. Es mi opinión.

Ahora, este gobierno está lejos de ser perfecto y creo que hay mucho de racional en no haber votado a Cristina. Hay otros candidatos que ofrecen proyectos interesantes y distintos que uno puede argumentar que podrían mejorar lo hecho durante los últimos años. Lo que me cuesta creer es la vehemencia, la rabia contra los Kirchner. Entre la gente que entrevisté el domingo pasado había varios que dijeron “Es el peor gobierno de la historia” y, refiriéndose a la segura elección de Cristina,“¡no va a durar dos años!” Si fuera por la gente de Barrio Norte y Recoleta, Argentina entraría al Guinness: el país que tendría un golpe militar en medio del mayor crecimiento y éxito de su historia. Hay cierta culpa del Gobierno por lo que se ve en esos barrios. La soberbia sin freno de este Gobierno, la campaña inexistente de Cristina, la poca habilidad y agilidad para explicar políticas de una presidencia con quizás el peor manejo de comunicaciones que he visto. Todo esto contribuyó a un clima adverso en centros urbanos del país. En lugar de puteadas, los Fernández y Cía. harían bien en mirarse al espejo y tratar de cambiar equivocaciones en políticas comunicacionales y actitudes en general.

Pero, ¿de dónde viene esta bronca? ¿Es gorilismo? Dudo, después de todo Kirchner ha hecho más que cualquier peronista por modernizar el partido, deshaciéndose de muchos de los dinosaurios del pasado. ¿Puede ser que el milagro económico no les ha tocado? Falso, son los que más se beneficiaron en los últimos tiempos. Pienso que este comportamiento irracional es una patología de cierto sector (por suerte pequeño) de la sociedad argentina que no va a cambiar sino alterar su manera a instancia de expresarlo.

Me acuerdo de cuando llegué la primera vez a la Argentina, hace un cuarto de siglo. En uno de mis primeros días aquí, una mañana primaveral bellísima, tomé un taxi de Barrio Norte al Centro con una amiga medio cheta. Al entrar al taxi ella comentó, “¡qué frío!” Quince minutos más tarde, bajó la ventana y dijo: “¡Este calor me mata!”

* Periodista nacido en el Bronx, Nueva York; corresponsal de ABC en el Cono Sur.

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7 comentarios sobre “paradojas argentinas II: chismosos y maledicentes

  1. José, tan de acuerdo con vos, mirá, que ni una coma le sacaría. Sólo tal vez me animo a agregar que la tele nuestra, además de chismosa y ponedora de rumores, es infantil, tonta, cruel. Se salvan algunos programas, claro. Pero los de chismes + los autorreferenciales parecen hechos por adolescentes tardíos, con pocas luces y débiles argumentos, soberbios y angurrientos: quieren todo, a cualquier precio.
    Hay una película ameericana sobre este tema, averiguo el nombre.

  2. Estimados José y estrella. De la TV no puedo agregar nada a lo dicho, es lamentable.
    La nota de Ricardo Kirschbaum, de la que aquí aparece contextualizado un extracto, no tiene desperdicio. Es un análisis del discurso de Cristina y de una nota que su excelencia dio el lunes. No quiero entrar en discusiones políticas (estamos un poco saturados ¿no les parece?), pero este periodista recalcó algo que a mí me llamó la atención en el discurso: el término “relato” empleado reiteradamente. La realidad como relato (la realidad es el relato, y por lo tanto depende de quien lo realice…). Que peligrosa que es esta opción. Para rematar, la presidente electa, en la entrevista, ungida en su poder divino, dictaminó lo que debe ser el periodismo: sólo informador, nunca debe emitir opinión. Sin palabras.

    Quedan esperanzas. Gente como ustedes y muchas más que tengo el gusto de encontrar por estos medios. Todavía se puede construir la realidad (su tan mentado relato, señora presidenta), pensando, reflexionando, discutiendo constructivamente…)

    Vuelvo a la literatura, como estrella, para sentirme mejor.

    saludos

  3. Gracias por la visita Estrella y Angel.

    Lamentablemente por lo que podemos ver, no hay diálogo posible.

    Poca gente apuesta a la racionalidad.

    Parece que la mayoria de las clases medias eligieron el camino del aislamiento y dejar librado el porvenir a la construcción individual.

    Atrincherados en certezas dèbiles y sin argumentos no ponemos en juego nada.

    La tensión el rumor como método de identidad y la personalización del debate no permite ni siquiera esbozar propuestas conjuntas positivas.

    Acabado el proceso electoral parece razonable dar un mínimo de posibilidades a quién es la “presidente de todos los argentinos”

    ¿o como dice el rumor, realmente deseamos que fracase y con ella el país?

    O tal vez debemos seguir el ejemplo la candidata de la oposición y como ha hecho siempre, después de terminadas las elecciones hay que irse a la playa y dejar un vacio y la tarea a otros… hasta la próxima elección.

    fraterno
    js

  4. Qué buen post. No estoy de acuerdo en lo de “certezas débiles”. Si hay certeza es fuerte, porque hay testimonio visual o auditivo.
    Lo que ocurre es que opinar SIN certezas se ha convertido en deporte nacional. Lo veo mucho en lo cotidiano, en mi trabajo hay gente que se dedica a observar sistemáticamente la vida ajena (de personas particulares, no sólo públicas) para luego opinar. Y la mayoría de las veces las observaciones devienen en conclusiones que considero erróneas -y ciento por ciento malintencionadas. Gente de mierda, que le dicen.
    Le dejo un saludo, José

  5. Hasta pasa con amigos y demás cuando se habla de temas “filosóficos”. Muchos creen que porque viven ya piensan la existencia, y eso no es así, al menos no necesariamente. Hablar es facilísimo, lo complicado es escuchar. La cita de Tomás es exacta.

    Con la política actual creo que se da esto y que todos son víctimas. Carrió se constituyó en una “gorda imbécil” y eso se repitió hasta el hartazgo sin tener mayor idea de por qué se opinaba de tal manera; a veces le ocurre lo mismo al Gobierno.
    Creo que somos un pueblo fácil, que estudia muy poco y que compra lo que opina el opinador de turno -recordar a Neustadt, por ejemplo-. Hoy vivimos una desinformación tremenda y violenta, y desde acá no se puede crecer.

    Hace unos años me puse a hablar con una chica que decía soñar con vivir en Cuba -periodista ella-. Le dije que había estado y le comenté qué difícil sería para ella hacer una nota ahí, que no podía preguntar cualquier cosa y que podría generarle represalias a alguien que le dijera algo inconveniente. Me dijo que eso no le importaba; que no lo sabía pero que ella hacía la nota igual y que Cuba era lo más.

    Que a cada uno le interese lo que sea, pero sería bueno saber qué es lo que a uno le interesa.

  6. El mundo no es lo que era y la dificultad está en que para comprender necesitamos categorías y estas ya no son universales, es decir aceptadas por todos por igual. Por eso la gente pone etiquetas y logra identidad a partir de rumores. Es mas fácil pues así no hay que reflexionar. Por eso mucha gente prefiere el insulto, o la descalificación pues les permite “estar seguros” que forman parte de otro grupo.

    Creo profundamente que no hay salvación si no entendemos que TODOS formamos partes del mismo grupo y que para “pertenecer” no es necesario que todos seamos iguales. Por el contrario la diversidad es lo que da mayor fortaleza a cualquier grupo.

    Las opiniones basadas en la experiencia personal son engañosas y confunden pues enfrentan personas y no conceptos.

    En el ejemplo que das de Cuba podría citarte otras experiencias contrarias a las tuyas – que incluyen la mía que estuve como enviado especial seis meses- y porque fui muchas veces a lo largo de dos años pues uno de mis hijos estudió allá música(percusión)y antropología de los instrumentos.

    Probablemente debamos hacer mas caso a la realidad y menos a la ideología.

    Ya no me considero de izquierda – pues creo que ya no existe esa categoría – pero trato de pensar desde el hombre, las personas y el antagonismo a partir de creencias me parece poco razonable entonces ando por la vida tratando de des-aprender lo que ya sé y para comprender no miro lo que dice uno en contra del otro.

    Trato de formar mi propia opinion. Yo no me hago cargo de lo que dicen unos u otros. Si trato de entender y respeto profundamente otras opiniones. No acepto ninguna descalificación pues no me parece que eso aporte ya que forma parte del rumor que no creo que sea constructivo.

    fraterno
    js

  7. Aclaro simplemente que mi ejemplo no fue contra Cuba sino contra la desinformación: ella decía que la nota la hacía como fuera y desconocía que la libertad de expresión en la isla es limitada -algo llamativo para una periodista-.
    Mi experiencia en la isla fue, en muchos aspectos, increíble.

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