aprendiendo a leer con Anahí.

Dice defensis, en el frasquito de yoghurt dice defensis mamá. Tres metros después señalando al telecentro,  aquí dice tarjetas. “Papá en este muro dice Alianza…¿Que quiere decir Nacional?, en el cartelito de la calle dice Cuba”…

Caminar por las calles de Buenos Aires con Anahí se ha convertido en una divertida pero lenta e interminable travesía pues a sus cuatro años ha descubierto que sabe leer y se ejercita sin parar deteniendo la marcha de toda la familia en cada palabra que encuentra por ahí. Estas cosas se llaman golosinas, estos chocolatitos se llaman brand… Interminable.

En casa juega juegos de leer con la computadora, experimenta tomándose fotos con la hermana. Un torbellino que no para nunca hasta que cae rendida después del cuento, dentro de un rato como a las 11. Papá en el cuadernito escribí una lista larga, larga. Uff!!! Que maravilla.

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5 comentarios sobre “aprendiendo a leer con Anahí.

  1. Realmente, qué maravilla! Esa avidez por leer todo lo que se cruza ante sus ojos y demostrarlo en voz alta, con orgullo. Los niños son hermosos y ser testigos de su aprendizaje es un privilegio.
    La anécdota con mi sobrino es que a los cinco años aprendió a leer e iba leyendo todo lo que veía, entre otras cosas los graffitis escritos en las paredes. Un día caminando de su mano comenzó a leer-deletrear: “Pu” y enseguida se tapó la boca, cuando descubrió que terminaba en “to”, una ternurita recordarlo.
    Un beso grande y qué bueno que Anahí esté descubriendo todo un mundo maravilloso, el de las letras.

  2. “una ternurita recordarlo”, mejor no se puede resumir este post, muy bien Lirium!
    Mi hijo de 5 años está desesperado por aprender a leer bien, y no pierde la ocasión de “practicar” con las letras. Es una de las tantas cosas que estoy registrando para atesorarlas, y de las pocas que me dan fuerzas para seguir siempre adelante…
    Abrazo, genial como siempre

  3. Las lecturas de Anahí hicieron que recordara las primeras palabras que supo leer uno de mis hijos, a la misma edad que ella. Qué alegría la de los dos, cuando así, casi por milagro, juntaba el sonido de una letra con el de otra y ¡zás, una palabra!
    La calle como el lugar donde empezar a aprender las cosas lindas de la vida.

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