Un día como hoy nació carriego (7 de mayo)

Hace un mes, el siete de mayo, se cumplieron ciento veinticinco años del nacimiento, en la ciudad de Paraná, de Evaristo Carriego. Periodista, bohemio, que supo reflejar como nadie la vida cotidiana de los suburbios.

EVARISTO CARRIEGO (1883 – 1912)

Poeta y periodista. Nació en la ciudad de Paraná (Provincia de Entre Ríos, Argentina) en 1883. En 1887, su familia se trasladó a Buenos Aires. Trabajó como periodista desde muy joven, ejerciendo la profesión en el diario “La Protesta” y en la revista “Caras y Caretas”. Entre sus obras se pueden mencionar: “Misas herejes” (1908); “Los que pasan”, drama estrenado en 1912 por la compañía de teatro de María Gámez. Su obra poética fue reunida después de su muerte en una edición de Poesías completas, con el título de “La canción del barrio”. De estilo sencillo y de gran uniformidad de temas, la captación de lo real da valor permanente a sus versos. El sentimiento de los seres y las cosas del barrio es tan hondo, que sus páginas son de las más auténticamente populares que se reflejan en los diferentes poemarios de la poesía argentina. Falleció en 1912.

EvaristoCarriego_AgendadeReflexion.jpg

Las manos

A todas las evoco. Pensativas,
cual si tuvieran alma, yo las veo
pasar, como teorías que viniesen
en las estancias líricas de un verso.

Las buenas, las cordiales, generosas
madrecitas de olvidos en los duelos,
las buenas, las cordiales, que ya nunca
las volvimos a ver, ni en el recuerdo.

Las manos enigmáticas, las manos
con vagos exotismos de misterio,
que ocultan, como en libros invisibles,
las fórmulas vedadas del secreto.

Las manos que coronan los designios,
las manos vencedoras del silencio,
en las que sueña, a veces, derrotado,
un tardío laurel de luz el genio.

Las pálidas, con sangre de azucenas,
violadas por los duendes de los besos,
que vi una vez, nerviosas, deslizarse
sobre la gama azul de un florilegio.

Las manos graves de las novias muertas,
rígidas desposadas de los féretros,
leves hostias de ritos amatorios
que ya nunca jamás comulgaremos;

Esas manos inmóviles y extrañas,
que se petrificaron en el pecho
como una interrogante dolorosa
de la inmensa ansiedad del postrer gesto.

Las crueles que saben el encanto
del fugaz abandono de un momento.
Las exangües, las castas como vírgenes,
severas domadoras del deseo.

Las santas, inefables, las ungidas
con mirras de perdón y de consuelo:
amadas melancólicas y breves
de los poetas y de los enfermos.

Las románticas manos de las tísicas,
que, en la voz moribunda de un arpegio,
como conjuro agónico angustiado,
llamaron a Chopin, desfalleciendo…

Las manos que derraman por la noche
los filtros germinales en el lecho:
las que escriben las cláusulas fecundas
sobre las carnes que violó el invierno.

Las manos sin amor de las amadas,
más frías y más blancas que el pañuelo
que se esfuma en las largas despedidas
como paloma del adiós supremo.

¡Las únicas, las fieles, las anónimas,
las manos que en los ojos de algún muerto
pusieron, al cerrarlos, la postrera
temblorosa caricia de sus dedos!

Las manos de bellezas irreales,
las manos como lirios de recuerdos,
de aquellas que se fueron a la luna,
en la piedad del éxtasis eterno.

Las místicas, fervientes como exvotos,
inmaterializadas en el rezo,
las manos que humanizan las imágenes
de los blondos y tristes nazarenos.

Y las manos que triunfan del olvido,
¡esas, blancas como el remordimiento
de no haberlas besado, ni siquiera
con el beso intangible del ensueño!

EvaristoCarriego2_AgendadeReflexion.jpg

La silla que ahora nadie ocupa

Con la vista clavada sobre la copa
se halla abstraído el padre desde hace rato:
pocos momentos hace rechazó el plato
del cual apenas quiso probar la sopa.

De tiempo en tiempo, casi furtivamente,
llega en silencio alguna que otra mirada
hasta la vieja silla desocupada
que alguien, de olvidadizo, colocó en frente.

Y, mientras se ensombrecen todas las caras,
cesa de pronto el ruido de las cucharas
porque insistentemente, como empujado

por esa idea fija que no se va,
el menor de los chicos ha preguntado
cuándo será el regreso de la mamá.

Conversando

El libro sin abrir y el vaso lleno.
-Con esto, para mí, nada hay ausente-.
Podemos conversar tranquilamente:
la excelencia del vino me hace bueno.

Hermano, ya lo ves, ni una exigencia
me reprocha la vida…, así me agrada;
de lo demás no quiero saber nada…
Practico una virtud: la indiferencia.

Me disgusta tener preocupaciones
que hayan de conmoverme. En mis rincones
vivo la vida a la manera eximia

del que es feliz, porque en verdad te digo:
la esposa del señor de la vendimia
se ha fugado conmigo…

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3 comentarios sobre “Un día como hoy nació carriego (7 de mayo)

  1. Hermoso homenaje a Carriego, muchas veces no valorado en la medida que lo merece. Su mirada sobre los sentimientos y vivencias de la “gente de barrio” nos hace conocer desde lo emocional una época. Un abrazo.

  2. Que olvidado Carriego y cuantas poesías recitamos en la escuela primaria, agradecida por renovar su recuerdo y el de la calle arbolada que lleva su nombre en Flores Sur. Un abrazo T.M.

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