Nivelar para abajo

Niebla sobre ciudad de Buenos Aires La charla en el desayuno matutino, especial pues festejamos el cumpleaños de mi padre, mirando el humo por la ventana, naturalmente fue derivando hacia la calidad de vida que hoy tenemos. Mientras moqueamos, tosimos, lagrimeamos y a pesar de ello todos contentos por el festejo, la conclusión a que llegamos y que cualquiera puede constatar en la realidad, es que la calidad de todo ha bajado considerablemente. Que hoy lo único que ha cambiado es que se compra a precios muy altos, apariencia, marca y falsa “pertenencia”. La “clase”, la verdadera calidad y la propia sociedad están en riesgo de extinción asesinadas a traición por el mercado. Existe la verdadera calidad , pero está muy lejos del triste “cholulismo” tan genérico en estas tierras. Está lejos de los brillos efímeros de los suplementos de diarios y revistas, de la nueva invasión televisiva tinelliana.

En mi familia todos añoramos la honestidad en la vida cotidiana. Esa que siempre está en la simpleza de productos nobles, verdaderos, producidos por necesidad, para resolver problemas humanos esenciales.

Siempre me ha llamado la atención cómo se ha ido imponiendo la falacia como sistema de pensamiento. Nos han metido en la cabeza que todo lo que no sea “liberalismo salvaje” no sirve.

El argumento máximo para justificar la exclusión y de seres humanos “desechables” (de los cuáles formamos parte casi todos), es que “no alcanza para todos”; que una sociedad inclusiva significa nivelar a la sociedad para abajo. Y al final terminamos como estamos.

Me dicen que hay que aprovechar el momento en que todo el mundo nos quiere comprar para vender todo lo que podamos. Cuando pregunto cuanto invierten para hacer crecer la producción o el valor agregado y la sostenibilidad a largo plazo me responden a la porteña. Que haces boludo…

Me dicen que quemar los campos es una práctica normal. Normal, aquí, donde la ley sólo se aplica para excluir a las mayorías, porque en cualquier país civilizado es una práctica prohibida penada por la ley, porque para cualquiera que tenga dos dedos de frente y sentido común es claro que atenta inclusive contra los derechos de quienes incendian los campos. El tiempo que nos toca transitar está lleno de paradojas. Parte de las víctimas, por razones ideológicas, sin saber de que hablan, apoyan el desabastecimiento y este tipo de prácticas salvajes supuestamente justificados en la necesidad de “libertad ” frente a un “poder” dictatorial(¿elegido por voto?). En todo caso lo uno no justifica lo otro.

Dejémosnos de hipocresías, como decíamos hace algunos días, que apelar a la ideologia es una excusa más de comechado que tenemos en el sur para no asumir la responsabilidad ciudadana de hacernos cargo personal y colectivamente de la sociedad que tenemos y en la que queremos vivir a futuro.

La paradoja final es que estamos ahumados y desabastecidos, que siendo el país productor por excelencia de granos y carne, bendecidos por una naturaleza que sólo nos favorece, por intereses de unas pocas personas o corporaciones, aquí sólo comemos los restos de la exportación. Lo peor de todo, es que no se reinvierte en el país, para generar mayor valor agregado, mejor calidad, y así, menor inflación. Los pocos que venden, quieren producir bueno, barato, a costa del esfuerzo de los que aquí estamos, para venderlo caro, muy caro, y gastar o guardar lo que ganan en el exterior. Después de mí, el diluvio. Así, no hay país ni pulmón que aguante.

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3 comentarios sobre “Nivelar para abajo

  1. La “clase” no se compra hecha, nace con uno. Se tiene o no se tiene.
    A veces por temor a que el árbol nos tape el bosque, dejamos de mirar (o actuar) la unidad -original e irrepetible- que suma y enriquece la pluralidad. Se globaliza lo burdo y se metaboliza sacrificando en silencio pequeñas perlas que marcan la diferencia.
    Soy optimista por naturaleza y vivo religiosamente la fe y esperanza en el hombre.
    Le dejo esta dirección y alégrese un poco de comprobar que no somos pocos, sólo que no hacemos tanto ruido.
    Besos
    http://paredario.blogspot.com/2008/04/carta-de-un-periodista.html

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