De vuelta al ruedo, pero no al redil

Por José Soriano    elmosquito.gif publicado originalmente en abril 2006

ovejas en rebañoDe vuelta al ruedo, pero no al redil, comencemos por ser realistas, y por tanto, para variar, otra vez ser críticos. Revisando viejos correos encontré este que continúa vigente a pesar de haber pasado mucho tiempo y algunas elecciones con pena veo que mucho de lo dicho continúa aún vigente.

En el blog de un amigo español leo que alguien dijo que un político divide su tiempo en tres actividades prioritarias y jerarquizadas:
1. Conseguir poder y controlar su propia organización (lo que suele consumir la mayor parte del tiempo)
2. Ganar elecciones, o sea vencer electoralmente al contrario (externo) y “controlar” a los electores
3. Gobernar (sólo si los resultados electorales lo permiten y queda tiempo suficiente tras completar las dos primeras actividades)
Como en los mosqueteros se me ocurre que deben ser cuatro y agrego una cuarta: Denunciar cada acto del adversario con persistencia.

Cuando era funcionario de organismos internacionales, se afirmaba con jocosa seriedad que la primera condición para aceptar un proyecto era saber si serruchaba el piso a cualquier otro colega funcionario. En los “organismos de cooperación”, al igual que en la política, saber a quién podría molestar un proyecto es más importante que saber si suma o aporta algo a la comunidad.

Si  lo que afirmo es cierto, que es casi imposible tratar de seguir entendiendo la realidad con las mismas herramientas y criterios con que tratábamos de interpretarla en el pasado, tal vez sea momento de preguntarnos nuevamente qué clase de políticos somos, o queremos ser, en esta cambiante y liquida realidad.

Si, entendió bien. Me pregunto a mí mismo y a quienes tengan la paciencia de leer esto ¿qué clase de políticos somos o queremos ser nosotros, los ciudadanos de a pie?

Porque seguir haciendo que todo dependa exclusivamente de consignas, más o menos ingeniosas, o del carisma indudable de este o aquél, me parece que es desperdiciar la oportunidad de cambiar realmente la política como la gente pide y como el conjunto de individualidades que se reúnen en este espacio puede construir.

Es en todo caso entender que en la actual circunstancia debemos repartir la carga más ampliamente y dejar los premios para quienes luchan por ellos y los desean.

Pero para lograr que las cosas sean diferentes son necesarios profundos cambios.  El primero es reconocer que cuando la gente pedía en la calle “que se vayan todos” hablaba del político tradicional“hipercontrolador” de todo lo que se mueve dentro y fuera de su organización. Del político que sólo suma para sí y siempre resta para la gente.

Al igual que en la vida la gente en la calle exigió “nuevos políticos” inteligentes que comprendan y sepan escucharlos. Tal vez que de a pie sepan recorrer con nosotros el camino de verdaderas soluciones construidas en conjunto.

Políticos “Román Riquelme” armadores de juego, distribuidores de pelota, que sepan juntar las capacidades imperfectas de los individuos para construir lo mejor en conjunto. Personas sensibles capaces de pasar la pelota y fomentar la creación infinita de equipos. Un “sumador”, permanente catalizador de procesos que tal vez no controla completamente, desgarbado, pero que siempre gana y hace ganar a su conjunto en influencia social y relevancia política basada en el esfuerzo del conjunto.

En el gobierno, dentro y fuera de todos los partidos, lamentablemente debemos fumarnos los políticos (y entornos) triple filtro. Todos sabemos de qué hablo. Son los “restadores”, que de buena voluntad, como pasa en las mejores familias, filtran primero la cantidad de proyectos, procesos o gente que pueden “controlar”. Controladores cuantitativos sólo dejan existir la realidad que abarcan desde lo que pueden ver desde su mediocridad.

Gastan mucha energía propia y ajena yendo contra la corriente de gente que desea aportar tratando de frenar todo aquello que no puedan controlar directamente.

Luego tienen filtrada la mirada de los proyectos que pueden impulsar. Casi siempre cercados por una realidad autoreferencial de circuitos cerrados, pierden calidad en la elección de proyectos que impulsar o aceptar. Sea porque “no pueden verlos” o porque están mal aconsejados pero siempre lejanos a la realidad de la “gente que no se deja controlar pero no sabe lo que quiere”.

Finalmente usan el filtro de los que cercados por el pánico siguen al primero que pasa gritando fuerte y haciendo ruido, extremadamente sensibles a las modas interesadas impulsadas por “el gran…multimedio argentino”, o los medios en general.

Yo personalmente, por razones obvias como ciudadano, prefiero el modelo Román, o mas moderno el de Messi, pero cada político (cada uno de nosotros) debería reflexionar sobre la visión que tiene de si mismo en esta realidad líquida y labil.

Estoy casi seguro – es lo que nos dejan ver- que en nuestra sociedad la inmensa mayoría de políticos en activo y muchos ciudadanos preferirán el modelo tradicional “controlador”: la mentalidad colectiva está modelada por la filosofía de suma cero y por la desconfianza, casi irracional, en la iniciativa ciudadana o cualquier cosa que tenga que ver con gente reunida cultivada durante décadas por los intereses dominantes.

Por suerte este escenario puede cambiar si realmente deseamos una sociedad y un país diferente.

Todo lo contrario de lo que pasa en el mundo cercano y lejano donde la clave del éxito esta en la participación. Por suerte es todo lo contrario de lo que podemos ver en la juventud y en la parte relevante de la sociedad que se manifiesta desde la llegada de los K, que dejan construir y hacen.

El progreso de la sociedad en todos lados está basado en la innovación. En aceptar que todos formamos parte de la diversidad y que es en ella que deberemos encontrar la organización, los consensos y la participación que nos permitan ser actores de nuestro futuro. Que ya no sirve el “me salvé” individual y que debemos pensar en grande.

La construcción de los peldaños de una Argentina que nos contenga e identifique a todos deberá estar basada en la innovación y el coraje de inventar por primera vez un modelo propio. Muchos dirán que no debemos preocuparnos y perder el tiempo con estas “novedades” que no van a tener una rentabilidad electoral inmediata (no lo olvidemos, los partidos son, aquí y ahora, casi exclusivamente gigantescas maquinarias electorales).

Tal vez tengan razón. Pero es esta forma de pensar la que perpetúa el proceso de selección negativa de políticos dado que deja fuera a grandes sectores sociales, aquellos más dinámicos e innovadores, como participantes activos o como ciudadanos interesados (y posibles votantes).

Es verdad que estos problemas pueden no ser demasiado relevantes ya que casi no hay competencia pues elegimos en una democracia de “rangos estrechos”.

Al final frente al área de gol todos sabemos que hay que bancarse los golpes y las humillaciones. Vale la pena, pues permite construir a largo plazo. Hay técnicas, metodologías, nuevas formas de organizar con éxito una “democracia fuerte”. Pero esa es otra historia que les contaré en un próximo envío si es que este pasa la censura previa. Por ahora les recomiendo leer a Benjamin Barber, un catedrático norteamericano de la Universidad de Maryland a quien hice de telonero en una conferencia en Bélgica hace como 5 años. Está muy bueno. No es un nabo y está sonando nuevamente en muchos lados. Buen fin de semana.
fraterno
js

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