¿arte automatico? , no compro…

elmosquito.gif Por José Soriano

La fantasía de crear obras de arte sin esfuerzo ni trabajo es el sueño de alguien que conozco, tan perezoso, tan perezoso, que en su casa lo llaman “el comechado”. La tecnología está colmando dicha ilusión. La escritura automática es el proceso o resultado de la escritura que no proviene de los pensamientos conscientes de quien escribe. Están apareciendo en la red herramientas que exaltan capacidades, en este caso las gráficas que permiten la ilusión de creer que uno hace arte automático.

Es la misma tecnología que nos enclaustra en un monasterio de computadoras, teléfonos, aparatos de música en el que andamos como autistas, somos como monjes copistas antes de Johannes Gutenberg. Es esa misma tecnología la nos ubica en un mundo de relaciones infinitas pero siempre ausentes, virtuales, que como dice muy bien la Condesa, no pueden compararse a una relación personal. Hace muchos años en Lima, entrevisté a don Mario Vargas Llosa. Quedé asombrado del proceso industrial que tenía su producción literaria y que lo hace tan prolífico.

https://i1.wp.com/www.aldeaeducativa.com/IMAGES/VargasLlosa2.jpg Lo mencioné en una nota en Siete Días que me encargó Germán Sopeña y que Varguitas me reprochó por carta primero, y personalmente dos años después en otra entrevista, esta vez en Buenos Aires para Clarín y radio Belgrano. Gracias a él le perdí el respeto a la fama y aprendí a ver a quienes admiraba como personas llenas de contradicciones, como cualquiera de nosotros.
Un conjunto de secretarias entrevistaban los personajes, hacían la investigación histórica y escribían un extenso manuscrito que luego el escritor corregía y le sumaba trazos de su talento. Eficiente, aunque para mi perdió la magia.

En ese momento el manuscrito que pude ver tenía 2000 páginas y poco tiempo después fue publicada como la Historia de Mayta, un ex guerrillero devenido heladero que se quejaba por no haber recibido la plata que merecía -que le habían prometido, decía- cuando le hicieron las entrevistas. Era el heladero de la vuelta de mi casa miraflorina, que queda a pocas cuadras de la mansión del escritor del otro lado de la quebrada que forma el camino que baja a las playas de Chorrillos.

Pero en realidad no deseaba contar una anécdota como tantas otras, trataba de hablar de los programas de dibujo automático en la red que algún pretencioso marketinero llama arte. Se trata mas bien de “instalaciones”, experimentos tecnológicos que andan en la búsqueda o investigación. Pero arte…uhm. En la red, los programas de computadoras permiten con sólo un click («Try», «Create», etc.), una marejada de creaciones gráficas aleatorias, únicas. No siempre son buenas o satisfactorias entonces simplemente hacemos otro click y todo queda borrado. Es el caso de un programa que descubrí esta mañana y que complementa otros que despiertan mi curiosidad.

Como bien acota la Condesa en el comentario más abajo el talento es lo que hace la diferencia y no todos lo tienen. Yo lo extraño todo el tiempo. As the wonderful countess says: «Try it again, Sam».

Perdonen, después sigo porque me quedé sin tiempo…

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3 comentarios sobre “¿arte automatico? , no compro…

  1. La fantasía de crear obras de arte sin esfuerzo ni trabajo es el sueño…de muchos. Tal vez porque las obras más perfectas parecen sencillas. El profano se dice entonces ¡esto puedo hacerlo yo también! sin percibir que la diferencia está dada por una nota, una pincelada o una palabra puestas en su justo lugar. Ni más, ni menos.
    Cuando el artista se aleja y delega, se nota, pierde espìritu y nervio.
    Rodin tenía ayudantes que esculpían por él las grandes obras(Camille Claudel, fue una de ellas), pero lo hacían en función del original.
    Podemos copypastear el talento ajeno, pero para que de ahí surja una obra de arte también se necesita talento propio.
    Try again

  2. Igual, hay un arte, extraño, ruín; pero no por ello poco admirable. El de imponerle al trabajo ajeno un sello, un estilo, que lo termina haciendo propio.
    Todo apropiador de trabajo ajeno, que posee un nombre más o menos importante (en el caso citado, extraordinariamente importante) tiene la responsabilidad de tratar de imponer ese estilo.

    En el mundo de la investigación social (en Argentina llevado al paroxismo) los amanuenses escriben y los “maestros” firman.
    Los amanuenses son esclavos (algunos soberbios, otros amables) generalente al servicio de sus señores (o señoras) en las cátedras. Algunos de ellos por lejos son más brillantes que los amos, pero les falta algo (que está a medio camino entre la ambición y el curriculum). Ese algo, además de con el trabajo académico, se paga con escritos que después en el mejor de los casos son firmados en colaboración.

    El caso que me atañe más próximamente es vergonzoso. Un señor que supuestamente escribió un libro canónico, en el que el cortar y pegar es una verguenza ajena que obliga a abandonar su lectura, aun en estado de necesidad.

    Al menos se deberían tomar el trabajo de presentar una obra consistente, que permita la comparación en el tiempo, que de algún modo sea representativo del proceso de maduración de las ideas. Aunque las palabras sean ajenas…

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