El año de los fuegos… los ciudadanos desechables

febrero.jpgHoy al salir del trabajo, al lado de la Iglesia alguien prendió fuego los colchones y todas las pertenencias de un grupo de familias que allí dormía. Es el tercer incendio que veo en distintos barrios de esta Ciudad Autónoma cada vez más candente para los que menos tienen. Los conciudadanos pasaban mirando de costado, encerrados, excluyendo por defecto la realidad, como si esa fuera la solución. A cada paso en esta gran ciudad me abruma lo que ocurre, me siento desconsolado, cercado nuevamente por otro pensamiento único igual de ineficiente y arriesgado que los anteriores y que aparece en los lugares más insospechados. En las cercanías más queridas.
Como ocurrió en la época de la conquista española, parece necesario ponerse a discutir nuevamente si los que dejamos fuera del sistema tienen alma y merecen vivir.

Hace falta entre nosotros un Fray Bartolomé de las Casas, el dominico que se atrevió desde Chiapas a defender a los Indios. En su trabajo más conocido, “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”, una carta dirigida a Felipe II hace una cerrada defensa de valores que hoy, 500 años después, hemos vuelto a perder. En 12 años, cuentan los cronistas de la época, murieron 6 millones de indios en el Virreynato del Perú, y nadie lo llamó genocidio. Los jesuitas en esa época eran expulsados de América por defender con igual ardor a los que hoy se llaman pueblos originarios. ¿Qué hacen hoy? ¿política?

Es triste constatar que hemos desarrollado una sociedad donde, como ocurrió muchas veces en el pasado, hay congéneres cuya muerte, o peor aún, cuya vida, carece de significado o peso social. Consecuencia de la exclusión que conlleva el modelo que hemos elegido, no está permitido matarlos directamente, pero tampoco importa mucho si mueren. Entonces les quitamos el transporte, luego los medios de subsistencia, su lugar en la ciudad… No importa si viven o mueren. Simplemente no hay lugar para ellos en los hospitales ni en las calles, ni siquiera para procesar la basura o para sobrevivir de las sobras.
Condenados por la sociedad por el mero hecho de no haber suficiente cupo para ellos luego de los procesos económicos “racionalizadores” no se llamará genocidio al proceso lento y callado de su eliminación física. Como acotando lo que escribo encuentro una historieta de Quino que me abisma aún más en esa sensación de que algo debería ocurrir para que no lleguemos al abismo.

No se trata solamente de los Tobas o los Wichis, ahora se trata de gente cercana que no vemos todos los días pero está. Son los desechables como les llaman en Colombia. Su vida es simplemente una imposibilidad impuesta por las mismas leyes que protegen al mercado, y que impiden su asesinato directo pero aceptan la muerte lenta, el genocidio de la exclusión y el no derecho a trabajar y comer. Como en la antigüedad, los pobres, que no tienen significado ni peso social, se convierten en “hombres sagrados” que dependen exclusivamente de la caridad y cuya vida debe extinguirse en silencio, sin exabruptos ni resistencias, pues son los “hombres, mujeres y niños invisibles”, esos que no vemos.

En el mundo incaico, este segundo mes es el de la abundancia. Es el tiempo de los sacrificios de oro y plata a los padres, que es como se simbolizan las divinidades en el mundo andino. Hace apenas un ratito Laura y yo almorzamos juntos por primera vez en varias semanas. Me vino a buscar al trabajo y aprovechamos un lugar cercano, en Perú e Independencia. Le comenté la propuesta que hoy hace Estrella en su maravilloso blog “ni muy muy, ni tan tan, Lo que más permanece en la memoria es aquello que puede contarse”, y como solemos hacer indebidamente, lo interpretamos desde nuestra realidad cercana. Reflexionando sobre Hummer vs Torino me arruiné la entraña que estaba a punto. Lo que pasa es que lo que veo me asusta cada vez más. Primero de manu militari eliminaron toda resistencia real, luego le cortaron los cables al ascensor social y ahora ya no hay la esperanza de cruzar la frontera para ser feliz. Para cuando los muros periféricos en la General Paz. ¿No hay uno que se de cuenta que cuando no hay futuro la cosa se pone cada vez más peligrosa para todos?. No me deja dormir.

Me pregunto dónde esta la ignorancia. ¿Estará en los que teniendo la educación y todos los medios del Estado no hace nada por cambiar la realidad y sólo encuentra la violencia como solución, o por el contrario estará en aquellos que no teniendo nada, ni siquiera educación, se inventan un trabajo para llevar comida a su familia para evitar la violencia como solución?

Ni muy muy… Ni tan tan..
La vida dependiente del consumo extremo que lleva a tener un Muy, Muy ¿tendrá algún significado? Lo interesante es imaginar el precio que pagamos por cualquier muy muy, y saber que tendrá como excedente obligatoriamente y necesariamente a muchos tan, tan; Como bien dice FERNAN, muy lindo el muy muy pero me da cada vez más calor el tan tan.

fraterno
js

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