La inteligencia riqueza de las naciones

Por José Soriano elmosquito.gif

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Hace un ratito, en medio de mi desorganizada realidad, me llamó la atención un debate sobre la educación en el canal público argentino. Una experta, no pude retener el nombre, fue enfrentada a un personaje del programa, que en lenguaje popular vertía los reclamos más comunes sobre la educación que podemos oir en la calle. Pedagógicamente dejó un mensaje que me parece relevante para casi todo lo que nos preocupa. Para elaborar y ejecutar políticas es necesario -dijo- saber diferenciar las “demandas” de las “necesidades” y elegir sabiamente donde poner los recursos.

Todos hemos visto en los medios las demandas justas de alumnos y padres ante el desastre edilicio de las escuelas de la ciudad de Buenos Aires. Ellos cortaron las calles y avenidas donde está ubicada su escuela, e inmediatamente fueron seguidos por los medios que amplifican y expanden su protesta. En cambio, cuando los maestros rurales explican sus graves necesidades edilicias, lo hacen desde su modestia y a veces se trata de problemas graves, muy graves. Por ejemplo, el otro día un maestro de Salta me decía, “yo puedo hacer un piquete con padres y alumnos durante seis meses en la calle de tierra de mi escuela que nadie va a venir a vernos o se va a enterar. Ni los medios ni nadie va a venir a resolver nuestro problema”.

Como dicen muchos, “hace falta “una mirada estratégica”, tracender el puro reclamo mediático para entender el país como el universo en que vivimos. Si no lo hacemos seguiremos comportándonos como las hormigas del “gran hormiguero” de la fábula de ayer.

Es en estas cosas donde la racionalidad debe ayudarnos a entender los problemas, y a ver los personajes de la política, usando la lupa que distinga entre los mezquinos propósitos electorales y los que son necesarios realmente para alcanzar un porvenir apropiado.

Es verdad que el que no llora no mama, pero cuando se tienen muchos hijos uno aprende a no dar todo lo que los hijos desean aunque se pueda. A la hora de distribuir los recursos familiares se fijan prioridades y es deber de los padres saber diferenciar las necesidades de las demandas de los hijos. Y sin embargo…

¿No será que hemos olvidado la lección que nos enseñaron nuestros abuelos?¿la paciencia y la racionalidad del trabajo. Ahora no se puede hijo. Tengo que trabajar para poder tener lo que necesitas…

De acuerdo con el estudio del Banco Mundial -WHERE IS Wealth NATION?- la riqueza de las naciones se compone de tres elementos clave: el capital natural (bosques, minerales, acuíferos, tierras fértiles etc.), el capital producido (fábricas, infraestructura industrial y urbana, servicios, máquinas, etc.) y el capital intangible (educación de las personas, calidad de las instituciones, Estado de Derecho, transparencia, estabilidad, creencias y actitudes, etc.).

De esos tres factores, el decisivo es el capital intangible: equivale a las cuatro quintas partes del capital total.

¿Por qué?
Porque es el que permite la conversión de la riqueza natural en riqueza creada. Agregar valor a todo lo que hagamos, comenzando por el branding. Mejorar y posicionar la marca “Argentina” debería ser el interes de todos. Y sin embargo…

Es ahí donde debemos parar la pelota para mirar la cancha y elegir modelos. Somos un país y una región más que potencialmente rica, tenemos un enorme capital natural, y sin embargo la nuestra es una sociedad pobre, porque su capital intangible es mínimo, por que apostamos a destruir la inteligencia y adoptamos el modelo del “monocultivo” sin valor agregado. Porque a imagen y semejanza de ese modelo hemos forjado un país donde cuesta mucho usar la inteligencia y ser innovador.

Destruimos en pocas décadas la educación pública, la investigación fundamental, y la inteligencia y organización fue castigada hasta con la muerte. Le cortamos los cables al ascensor social que mediante la educación podía encontrar un porvenir con mejor calidad de vida. Preferimos empobrecer y embrutecer a la población para hacerla dependiente, “cliente” político controlable. Destruimos cualquier tipo de organización que no pueda ser controlada, y así nos va.

La máquina de excluir y concentrar riqueza nos pasa la factura en forma de violencia cotidiana, de incapacidad de dialogar a través de la fractura social que hemos permitido que ocurriera. Cortoplacistas como de costumbre, infantiles, reclamamos más policía y seguimos pensando en las obscuras y siniestras golondrinas que no volverán.

La nación que más capital per cápita ha acumulado en el planeta es Suiza: $648.241 dólares. La más pobre es Etiopía, con tan sólo $1.965. A Suiza le siguen Dinamarca ($575.138), Suecia ($513.424), Estados Unidos ($512.612) y Alemania ($496.447). Nueve de las diez naciones más miserables de la tierra son africanas.
La riqueza per cápita acumulada en América Latina es más notable en el cono sur: Argentina ($139.932), Uruguay ($118.463), Brasil ($86.922) y Chile ($77.726). (En Paraguay, sin embargo, se reduce a $35.600).

Pero estos países —exceptuado Paraguay— aunque son los más ricos de América Latina, apenas alcanzan a la mitad de lo que vale España per cápita: $261.205.

La franja andina es más pobre: Venezuela $45.196 (tres veces menor que Argentina, dato que hace inexplicable y aún más generoso que Chávez haya comprado cinco mil millones de dólares en bonos de deuda argentina), Colombia ($44.660), Perú ($39.046), Ecuador ($33.745) y Bolivia apenas $18.141, el país más pobre de Sudamérica.

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