Despedida; el corto adiós; el largo adiós: prospectiva, tolerancia y percolación

¿Qué dinero poseemos? La abstracción que al banco se le antoja reconocernos. ¿Qué identificación nos procura la condición de ciudadano? Aquella que una intangible anotación decida en un ámbito remoto y abstracto al que no accedemos. Cuando perdemos lo que creíamos tener seguimos en la misma situación palpable pero nuestra apariencia funcional ha desaparecido. ¿Desaparecido en un vacío inaccesible, inmanejable e inasible?

El abismo, la vacuidad, la ausencia es la razón de la existencia en la vida real. ¿Como podrìa ser distinto en un blog? Los últimos post de T.A. hablaban de la muerte de los filósofos. Pero también hablaba de nuestra muerte concreta sentados frente a las nuevas cajas bobas que nos reflejan. Que forman nuestra opinión.

Venimos de múltiples y profundas derrotas que ya no nos permiten dialogar como iguales. Lo peor es que no nos damos cuenta. En el camino el sentido ha dejado de ser común pues cada uno revindica el propio como único y ajeno. Y sin embargo… repetimos de paporreta, como loros, los nuevos argumentos pretendidamente objetivos que nos dictan en la tele o en los diarios. Hablamos como si no existiera la historia y la realidad sólo fuera la que deja a los otros fuera.

La rutinaria y altamente mediático estilo de la escaramuza de bataclana avanza en la región a la vista de todos los estados pero con escasa reacción de las sociedades. Es mas bien un estilo ya aceptado. Es una paradoja dificil de entender. Cuando hemos salido de la crisis y aparentemente mejor nos va, aparece la escaramuza como única forma de convivencia. Una forma de vivir que se caracteriza por la reiterada aparición de malentendidos insignificantes e incidentes circunstanciales que, aunque parecen intrascendentes, pueden conducir a disputas interminables y definitivas.

La falacia es un razonamiento aparentemente lógico, pero donde la lógica no está presente. La conclusión que aparentemente se desprende de las premisas en realidad no tiene nada que ver con ellas, es tan sólo una ilusión. Las falacias sirven para ganar discusiones de café, pero no tienen nada que ver con la realidad. La falacia es deshonesta por naturaleza: no busca la verdad, ni el problema. ni el acuerdo, ni la solución, sino la victoria.

La repetición y el yo

“Puesto que todo amor tiene su propia duración, transcurrido cierto tiempo acaba por destruirse a sí mismo. Pierde las cualidades que habían dado alas a la imaginación y ésta acaba viéndose sustituida por la confianza y el hábito.

Una mujer bella aparece menos bella la segunda vez que la vemos, mientras que una mujer fea se hace más aceptable.

La transición del código, al pasar de la imaginación a la naturaleza, expone el amor a la corrosión y lo efectúa, además, de un modo más rápido de lo que se produciría por la simple acción de la decadencia natural de la belleza.

La subjetivación y la temporalidad se dan la mano.”

(Niklas Luhmann. El amor como pasión)

Despedida

Noviembre 25, 2007 by lalectoraprovisoria

Queridos lectores:

Termina mi ciclo en LLP. Fueron diez meses de una entrega total. De la mañana a la noche. Más de doscientas notas. Un trabajo pasional. He tenido con Flavia y Quintín fuertes diferencias. Pero tembién hemos juntado ganas y energías para llevar el blog adelante. Ahora decido apartarme. Quienes quieran seguir leyendo lo que escribo, es muy sencillo. Tengo una página en la Web que lleva mi nombre, y mis libros en la calle. Les mando un abrazo.

Tomás Abraham

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El corto adiós

Noviembre 25, 2007 – por Flavia y Quintín

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Eduardo “Quintín” Antín

Ayer a la noche recibimos un mail de Tomás Abraham comunicándonos que se iba de LLP y que hoy enviaría su despedida a los lectores. La noticia nos sorprendió profundamente. Su partida, sin diálogo previo y sin explicaciones, parece la de alguien enojado u ofendido.

O quizás esté simplemente harto del blog o de nosotros. No lo sabemos. A lo largo de estos diez meses, las diferencias a las que alude su texto fueron fundamentalmente políticas y, por lo tanto, conjeturamos que la respuesta a la nota de Palma pudo haber sido el detonante de su abrupta decisión. Se ha roto una amistad que nunca llegó a serlo del todo y una sociedad periodística enriquecida por la diversidad de estilos y convicciones. LLP seguirá adelante sin la valiosa presencia de un compañero al que sin duda extrañaremos.

F y Q

Hipodromo2_AgendadeReflexion.jpgEn Pampa y la vía

A los burreros que salían del hipódromo nacional –situado en otros tiempos donde se alza hoy el estadio Monumental de River Plate- se les ofrecía la oportunidad de viajar gratis en un tranvía que desde allí los llevaba hasta muy cerca del cruce de la calle Pampa con las vías del actual Ferrocarril Belgrano. A partir de ese lugar, bastante más inhóspito entonces que ahora, quienes habían perdido hasta el último centavo quedaban librados a su destino. De ahí la famosa frase…

uarenta años atrás, el escritor Marco Denevi (1922-1998) dijo que el argentino tiene una mentalidad de huésped de hotel, que el hotel es el país y que un pasajero de hotel “no se mete” con los otros. “Y si los administradores administran mal, si los administradores roban y hacen asientos falsos en los libros de contabilidad, es asunto del dueño del hotel, no de los pasajeros… a quienes en otro sitio los está esperando su futura casa propia, ahora en construcción”. El célebre autor de Ceremonia secreta y Rosaura a las diez ironizaba sobre la identidad del dueño del hotel, alguien desconocido que seguramente era muy rico, por lo tanto los pasajeros se esmeraban en robar las cucharitas, los ceniceros y las toallas y, si era posible, pagaban de menos. Y profetizaba: “Quizás algún día los argentinos nos convenzamos de que este hotel de tránsito es nuestro único hogar y que no hay ninguna Argentina -visible o invisible- esperándonos en alguna otra parte”.

Aparentemente, ese día llegó: Argentina Hotel alberga hoy a una cantidad infinita de gerentes sospechosos de fraude, mientras los pasajeros claman porque hay goteras y cucarachas en sus habitaciones, detectan extraños o indignos objetos flotando en su sopa y, peor todavía, advierten que les cobran siempre de más y sufren porque el conserje les impone que traigan sus propias toallas, ceniceros y cucharitas.

En medio de este torbellino de vida cotidiana ficticia y degradada, muchos padres comprueban ahora que sus hijos deciden irse a otros hoteles. Es la clásica epopeya del desarraigo argentino tan bien analizada por Julio Mafud, Héctor Álvarez Murena o Juan José Sebrelli. Y que se remonta a los tiempos de la Conquista, cuando otros desarraigados desembarcaron en estas pampas chatas en pos de pepitas de oro caídas por inercia desde el Imperio Inca, y se toparon con una multitud melancólica de indígenas nómades y semidesnudos que ni siquiera supieron informarles la ruta hacia la Fuente de Juvencia. No arraigaron, apenas sedimentaron. Sólo pudieron apropiarse de miles de kilómetros de tierras enigmáticas. El conquistador europeo le robó la mujer al indio. Que hizo lo mismo cuando llegaron las “blancas”. El híbrido resultante no fue fruto del amor, sino del odio. Aquellos remotos desarraigados anónimos fomentaron una tradición malsana: ganar lo suficiente con el menor esfuerzo, enquistarse en alguna burocracia municipal, “hacerse amigos del juez” salvarse con un golpe de suerte en el Hipódromo o la Lotería y dar materia prima al desolador tango Cambalache, de Discépolo (“el que no afana es un gil”).

Pero no hay nada eterno. La mítica Argentina de las vacas gordas ya no existe. Cayeron todos los antifaces. No hay más Argentina Hotel y nunca construimos de verdad la Argentina Hogar. Y el paupérrimo desempeño de nuestros heroicos atletas en las Olimpíadas demuestra que en el siglo XXI ya no se avanza a “puro corazón y coraje”. Durante un siglo, ante cada derrota los argentinos nos consolamos asignándonos el papel de “vencedores morales”. La farsa se hizo tragedia. Con apenas dos opciones: despertar para construir otro país o medrar para seguir puliendo colecciones de cucharitas robadas.

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