"La tecnología debería ser una herramienta de igualación social"

cuadro2.jpgNo hace falta mucho, sólo sentido común, para saber cuándo es buena la maquinaria novedosa y cuándo no. Los usuarios a pesar del marketing se dan cuenta de inmediato. No son buenas cuando se trata de gadgets, sólo”juguetes” para los ricos. Pero sí rinde enormes beneficios cuando acorta la brecha entre débiles y poderosos generando grandes escala de mercado.

Porque como estamos cada vez mas seguros cualquier exclusión que generamos se revierte, cada vez más rápidamente, en forma de violencia hacia la sociedad que la crea. Basta con salir a la calle en casi cualquier ciudad del mundo para verlo. Paradojicamente, cualquier exclusión nos fuerza a “auto-excluirnos” o recluirnos detrás de carports, o en barrios custodiados por marañas de inútiles guchimanes armados, autorecluídos en un panóptico que al final sólo aumenta nuestra desprotección convirtiendonos en un blanco fijo y ubicable.

Si la brecha social continúa ampliándose, llegará un momento en que los pobres habrán de rebelarse de manera organizada, como ya ha ocurrido, y su revuelta empobrecerá tanto a pobres como a ricos, como también ya ha ocurrido.

Entonces ¿para qué vamos a seguir repitiendo errores?. Es necesario pensar a largo plazo de manera innovadora para encontrar aquí y ahora como la tecnología puede ayudar al Perú a resolver las brechas que hemos sabido construir laboriosamente.

Felicito a quienes conforman el Consejo Directivo del Programa Perú-BID de C&Ty, ojalá puedan establecer políticas que dejen huella y sean realmente innovadoras. Conociendo a algunos de ellos, les deseo lo mejor. Les dejo algunos comentarios que espero sean bienvenidos.
Más sobre el Programa Perú-BID de C&T:
http://portal.concytec.gob.pe/portal/upload/ROBID_Setiembre%202005.pdf

Por lo que he visto en la documentación publicada este programa no es más que otro programa de “cut and paste” y por lo tanto de destino incierto, y que de no mediar presión social será una herramienta más del clientelismo político. Pero también puede ser una oportunidad para ejecutar las metas que se proponían algunos de los directores en el programa del mismo banco Perú 2000.

Hay programas similares en varios países de la región. Sólo para hablar de dos países en los que actualmente puedo decir que sobrevivo estos programas corresponden a los llamados créditos FOMIN, y como ya indiqué con anterioridad, en el Uruguay se llama Programa de Desarrollo Tecnológico (PDT), y en Argentina acaba de ser creado y se ha formulado como la Fundación Manuel Sadosky que tiene “el propósito de que la Universidad, la industria y el Estado unan sus esfuerzos con el auxilio de la informática”. De ella doy cuenta en un pequeño recuadro al final de este mensaje.

Pero hablemos de lo importante, que en definitiva siempre son las políticas. La primera constatación es que se trata de una línea de créditos global basada en los aportes que cada gobierno hace al Banco Interamericano de Desarrollo. También es necesario destacar que parece ser una estrategia global del banco frente a la creciente desconfianza de los países y los ciudadanos hacia las multilaterales, luego de las malas prácticas de la década pasada.

Pero como estoy un poco cansado, hoy sólo transcribo un brillante reportaje, realizado para Clarín, de mi hermano y colega Fabián Bosoer a Héctor Ciaspuscio, uno de los más importantes especialistas de la región en políticas científicas, que pienso puede sernos útiles para la reflexión sobre este tema tan crucial.
abrazo fraterno
js
soriano.jose@gmail.com

Encontrado en la red: “Estoy convencido de que la mitad de lo que separa a los entrepreneurs exitosos de los que no lo son es pura perseverancia “. Steve Jobs (1955), co-fundador y CEO de Apple.

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Entrevista por Fabián Bosoer
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En la Argentina circulan alrededor de siete millones de vehículos, hay diez millones de computadoras y 24 millones de teléfonos celulares. Haciendo una cuenta ligera, uno dice: esta es una sociedad altamente tecnologizada ¿Cómo nos llevamos los argentinos con la tecnología?

—El uso de la tecnología está difundido, masificado; pero la producción de tecnología básicamente no es nuestra; muy poco de tecnología argentina está dentro de cada vehículo, de cada computadora, de cada teléfono celular, de cada motor. Hemos incorporado abundancia de tecnología que nos ayuda —o no nos ayuda, esta es otra cuestión— a mejorar nuestra calidad de vida. En muchos aspectos, podemos también señalar que no nos llevamos muy bien con ella, a juzgar por cómo conducen automóviles los adultos, por la desmesura en el uso de los celulares o por el tipo de uso que se le da a la conectividad con las computadoras.

# ¿Cuándo es buena la tecnología y cuándo no lo es?

—Esa es la pregunta que se hicieron los grandes científicos del siglo XX, como Einstein y Heisenberg, que tenían formación filosófica, y más recientemente el físico nuclear Freeman Dyson. La respuesta que ellos dan es que, por regla general, la tecnología opera para mal cuando su efecto es proveer juguetes para los ricos y trabaja para el bien cuando sus resultados sirven a las necesidades de los pobres. Dicho de otro modo: la tecnología es buena cuando actúa como herramienta de igualación social; no lo es cuando acentúa las diferencias entre los poderosos y los débiles, entre los ricos y los pobres.

# ¿La revolución tecnológica no permite a mucha más gente tener acceso a beneficios múltiples que antes estaban considerablemente más restringidos a grupos sociales privilegiados?

—Hubo dos grandes etapas. Hasta mediados del siglo XX, la tecnología proveyó abundantemente bienes socialmente niveladores: la luz eléctrica, la heladera, la radio, el teléfono, las vacunas, las fibras sintéticas, los antibióticos, la televisión… Fueron factores de igualación social. Beneficiaron la vida de ricos y pobres, disminuyeron la brecha entre unos y otros. Pero en los últimos cuarenta años no ha sido tan así: el desarrollo tecnológico no ha venido de la mano de la equidad.

¿Cómo imagina un desarrollo tecnológico que fuera en la dirección contraria, a favor de una distribución más igualitaria de los beneficios del avance tecnológico?

—Mire, la mitad más desfavorecida de la humanidad necesita viviendas baratas, cuidado de la salud y educación accesibles a todos y de calidad. Y las nuevas olas tecnológicas prometen un desajuste todavía mayor entre la tecnología y esas tres necesidades básicas insatisfechas. Si esta brecha continúa ampliándose, llegará un momento en que los pobres habrán de rebelarse y su revuelta empobrecerá tanto a pobres como a ricos.

# ¿De qué modo evitar que eso ocurra?

—Creo que esa brecha profunda que existe entre las necesidades humanas y la tecnología sólo puede ser llenada por la ética, por el poder de la persuasión ética. El movimiento ambientalista mundial es un ejemplo; ha logrado grandes victorias sobre la arrogancia industrial y tecnológica. Ha hecho, por ejemplo, fracasar a la industria nuclear de los Estados Unidos, a su despliegue pacífico como fuente de energía y a su despliegue bélico a través de las armas atómicas. Los educadores, los científicos, los industriales lúcidos, deben luchar para que la justicia social gravite sobre el despliegue de la tecnología.

# ¿Considera del mismo modo el cuestionamiento a la modificación genética en cultivos y alimentos?

—Bueno, uno no puede dejar de reconocer que la Argentina ha transformado la economía en los últimos diez años gracias a la incorporación de la biotecnología en la producción agraria. No debería haber incompatibilidad entre ecología y biotecnología, o entre desarrollo económico e impacto ambiental, como ha quedado mal planteado en el desgraciado conflicto por las papeleras con Uruguay.

# ¿Cómo se resuelve esa confrontación desde el punto de vista ético?

—El cambio tecnológico conlleva dilemas éticos que no se deben eludir. Lo que hay que evitar, creo yo, es la tentación de lo que los griegos llamaron “hübris”, esto es, el orgullo excesivo que lleva a los hombres a desafiar a los dioses, a colocarse ellos mismos por encima de las leyes humanas, a suponer que es posible dominar o sacar provecho sin fin de la naturaleza sin medir los costos a mediano y largo plazo.

# ¿Cuáles fueron las etapas de desarrollo tecnológico en nuestro país y dónde nos encontramos hoy?

—El desarrollo tecnológico acompañó las etapas del desarrollo industrial del país; hasta el 75 el crecimiento industrial significaba también la mejora del desarrollo tecnológico. A partir del 75, eso se fue a pique con toda la política neoliberal de Martínez de Hoz y cía. Con la recuperación de la democracia en el 83 se quiso retomar un camino que el país había recorrido, pero la inflación, la deuda externa y la falta de fuertes consensos políticos llevaron a una crisis que terminó con la extranjerización de la industria y de la tecnología en los años 90.

# Cuando habla de “retomar un camino que el país había transitado”, ¿a qué momentos y hechos se refiere concretamente?

—Hay momentos clave en la memoria de los que estamos todavía vivos: el desarrollo de la siderurgia y de la industria aeronáutica durante los años 40, con el primer peronismo, que tenía un fuerte costado apoyado en la defensa nacional y las industrias militares, pero tenía también otro costado vinculado con la innovación tecnológica que significaba la incorporación de recursos nacionales para el uso masivo y con sentido federal: se recuerda poco el hecho de que se crearon en aquellos años institutos de investigación científica en todas las Universidades del país. Con Frondizi en el 58 se produce otro gran momento; cantidad de ingenieros, por ejemplo, poblaron la administración pública, se produjo una verdadera revolución en la Universidad, que fue un gran semillero de científicos que estaban cerca de los desarrollos tecnológicos propios; en el campo de la energía nuclear, en la física, en la bioquímica, en la informática.

# ¿Qué ocurrió luego?

—Se fue perdiendo esa conexión entre ciencia y tecnología. Por un lado, por los golpes militares y persecusiones que asfixiaron la producción científica e intelectual y motivaron que tantos científicos tuvieran que emigrar o enclaustrarse. Por otro lado, por las políticas económicas que no entendieron la importancia de contar con desarrollos tecnológicos propios.

# ¿Qué enseñanza se recupera de aquel legado?

—El sistema científico argentino tiene una gran capacidad, no siempre bien aprovechada desde el campo tecnológico. Se hicieron cosas muy importantes que hay que reconocer. Una es la Agencia del Desarrollo Tecnológico, una agencia que estaba en la SECYT (Secretaría de Ciencia y Técnica) y que promueve y financia investigación auténtica y seria —por ejemplo en biotecnología. Uno puede tener las críticas que quiera sobre el Gobierno, pero demuestra tener conciencia de lo que significan la educación, la ciencia y la tecnología, y está aumentando el apoyo financiero, mejoraron los sueldos y el respaldo para la investigación aunque estemos todavía lejos de los estándares internacionales.

# Si tuviera que proponer cosas concretas en materia de desarrollo científico tecnológico, ¿qué recomendaría?

—Una idea es que la política tecnológica debería estar radicada en una secretaría del Ministerio de Economía. El mismo rango que tiene la secretaría de Ciencia en el ámbito de la educación y su ministerio debe tener una secretaría de Tecnología en Economía. No se trata de un cambio burocrático más; expresa una concepción estratégica del desarrollo tecnológico, que debe estar incorporado a una visión integral del desarrollo, como la tienen los brasileños, sin ir más lejos. Es entender que no hay desarrollo de un país sin un amplio movimiento cultural y socioeconómico que lo sustente y políticas estatales que lo promuevan.

Copyright Clarín, 2007.
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2007/03/25/z-03815.htm
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La fórmula Sábato-Sadosky

El 15 de febrero, el Gobierno argentino oficializó la constitución de la Fundación Manuel Sadosky que tiene el propósito de que la Universidad, la industria y el Estado unan sus esfuerzos con el auxilio de la informática. “Es una conjunción dinámica que trae a la memoria el ‘triángulo virtuoso’ que proponía el ingeniero Jorge Sábato como estrategia para el desarrollo tecnológico”, explica Héctor Ciapuscio, que conoció de cerca a Sabato y Sadosky y compartió con ellos un compromiso de toda la vida. “La idea es que los centros y grupos que se crearán en varios puntos del país brinden soluciones de investigación y desarrollo a las industrias y los servicios que lo requieran. Creo que es una idea de enorme significación futura y que hubiera hecho inmensamente feliz a don Manuel y a Sábato. Los dos componían una síntesis perfecta de lo que el país necesitaba: Sadosky era el impulso de la ciencia, de la investigación básica. Sábato representaba el impulso del desarrollo tecnológico y la investigación aplicada. Murió justo cuando el país más lo necesitaba, en 1983” recuerda Ciapuscio.

fraterno
js – soriano.jose@gmail.com
Encontrado en la red:“ Por favor Nunca hagas lo que haría un abogado”. orsai.es –

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2 comentarios sobre “"La tecnología debería ser una herramienta de igualación social"

  1. Muy bueno el artículo, José. ¿Terminaremos todos en barrios cerrados, incomunicados los unos con los otros, o matándonos los unos a los otros?
    Veo que anda medio cansado, ¿le pegó mal el abuelazgo?
    Que descanse, entonces, este fin de semana!

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