voto electrónico: la democracia falaz

Impresiona ver la aceleración de la realidad. Hace pocas semanas debatíamos los sondeos electorales, las intenciones de voto de cada uno y por supuesto del gobierno, los aparatos, la impaciencia… La oposición, que confirma desde el llano la vergüenza ajena, y que apenas llega a dispersa máquina de rumores de cada vez mas dudosa ética en nombre de la “moral republicana”.

Pero me llamó la atención que propios y extraños hablaron del voto electrónico como una solución a los problemas que causó la falta de civilidad, la impaciencia y la mala organización de las últimas elecciones que ya parecen lejanas.

Lo que antes era oculto comienza a ver la luz y la dispersión aumenta..

Nuevamente un siglo o más después las clases dominantes descreen de la democracia que no los lleve a ellos al gobierno y como no pueden golpear en los cuarteles llaman al “voto calificado”. Son los mismos que en la elección porteña descalificaron a Filmus por llamar inteligentes a sus electores y que hoy se incluyen en esa categoría por haber votado contra el gobierno.

Que rídicula mirada electoralista de bajo nivel intelectual. En estas elecciones mas que en otras hasta a la propia Lilita Carrió se le notó la hilacha. Se le escapó. “los ricos “tienen que ser la fuerza de rescate de los sectores más pobres” y sugiere una suerte de voto calificado que los rescate del clientelismo. Amarga:( muestra un desprecio que es irresponsable en un dirigente de su categoría por al resto del país que no la votó. Por eso no extraña que esté sola rodeada siempre de la superficialidad de los mismos medio pelo de barrio norte.

Tal vez por ello, Isaac Asimov, luego famoso como divulgador científico y autor de ciencia ficción, imaginó un curioso futuro para los sondeos electorales. Lo hizo en el relato corto “Franchise” (“Sufragio universal” en la edición española posterior) publicado en la revista If en agosto de 1955.

Con toda seguridad, Asimov conocía la existencia del UNIVAC 1, la primera computadora de uso no militar de la historia, comercializada desde 1951. De manera muy coherente, Asimov imaginó una gran macro-computadora del futuro con un nombre sumamente parecido: Multivac. El paso de la unicidad a la multiplicidad, implícito en el nombre, venía a sugerir el gran aumento de potencia que se esperaba el genial escritor de las futuras computadoras. Asimov escribió diversos relatos en los que el “protagonista” era esa gran y potente computadora del futuro: Multivac.

Como muchos otros en esos días, Asimov creía, erróneamente, que las siglas AC correspondían a “Analog Computer”, ya que el cálculo analógico (como el que hacía posible el analizador diferencial de Vannevar Bush) era el que entonces parecía llamado a un gran futuro que, después, fue ocupado por la digitalización. El AC del UNIVAC significaba, simplemente, “Automatic Computer”, tal y como ocurría en el caso de su antecesor el ENIAC.

Extrapolando lo que se sabía de la predicción estadística del resultado de las elecciones que enfrentaron a Eisenhower con Stevenson, Asimov imaginó que, en las futuras elecciones presidenciales estadounidenses del año 2008, el proceso de sondeo se reduciría al mínimo. Multivac,  que para entonces gobernaría práctica y benévolamente la vida de la humanidad, sería la encargado de elegir la muestra de un sondeo que, por razones básicamente económicas, ha de convertirse en la elección definitiva.

Aunque no se trataría de una elección solamente humana…

Asimov imaginaba que, en el año 2008, las técnicas de prospección de la opinión pública serían tan potentes que permitirían que la muestra de la encuesta fuera de una única persona, el “pseudo-elector” Norman Muller.  Aunque con un matiz innovador…

Tal y como lo narra el mismo Asimov: “Multivac sopesa todos los factores conocidos, miles de millones. Pero hay un factor desconocido que seguirá siéndolo durante mucho tiempo. Este factor es el módulo de reacción de la mente humana”. Para obtener ese dato, Multivac conversará durante tres horas con el “elector único” Norman Muller. Así logrará percibir el alcance de “factor desconocido” (en realidad, según se nos cuenta en otro lugar del relato, ese factor ignoto procede del hecho que todos los estadounidenses están sometidos a la presión de lo que hacen y dicen otros estadounidenses), y podrá, por fin, decidir quien será el nuevo presidente: elegido en definitiva por Multivac teniendo en cuenta incluso ese humano “factor desconocido” que le ha proporcionado ese curioso “elector único”. Económica, aunque curiosa, solución…

Tal vez por eso, el mismo Asimov publicaba, en abril de 1958 en la revista Super Science Stories un nuevo relato: “All the Troubles of the World” (“Todos los males del mundo” en la versión española más habitual) que presenta un agobiado Multivac que pretende escapar de su incómodo y agobiante destino. Cincuenta años después de haber sido creado, cuando se ha convertido ya en un cómodo recurso para todos los humanos (debe resolver, se nos explica, cuatro mil millones de expedientes cada día), Multivac presenta tendencias suicidas y acaba dando instrucciones a un niño que, de ser cumplidas han de destruirle completamente.

Afortunadamente (¿por desgracia?) para la humanidad, ni el todopoderoso Multivac puede escapar a su programación y se ve obligado a avisar de la probabilidad (siempre creciente) de su propia destrucción (¿asesinato?) aunque, evidentemente, sin decir que quien la planea es él mismo.

Las camas de Procusto

Por Eduardo Fidanza
Para LA NACION
Las teorías compactas, con sus férreos principios, suelen llevarse mal con las costumbres. Quienes las elaboran y sustentan, no pocas veces con arrogancia, las culpan de no someterse a sus dictámenes. ¿Es la realidad social la que no se aviene o es el intelecto que pretende abarcar demasiado? La cuestión se remonta a los griegos. Es usual ilustrar este problema filosófico mediante la leyenda del posadero Procusto. El hombre tenía dos camas dispares y cierta perversidad: en la más chica hacía dormir a los viajeros de alta estatura y, para que entraran, les cortaba las piernas; en la más grande alojaba a los petisos, a quienes estiraba con violencia para no desperdiciar espacio. Positivistas, marxistas, estructuralistas, liberales, han sido acusados, de proceder como el mitológico posadero.Los cambios culturales, las transiciones políticas, el ascenso y la caída de las generaciones, ponen a prueba el vínculo entre teoría y realidad social. Entre aquello que la razón ordena y pretende y lo que la historia, con sus propias reglas, descompagina y reconstruye, incesante. Los intelectuales desprevenidos sucumben al cambio. Como decía Max Weber contemplando el estallido de la modernidad: al racionalismo no siempre le salen bien las cuentas.En la Argentina parecería que la realidad atropella a la razón. En clave irónica, suele repetirse que nada cambió desde Discépolo y que Kafka hubiera sido entre nosotros apenas un autor costumbrista. Sin humor (los moralistas lo desconocen), otros afirman que todo está perdido y nos aguarda el Apocalipsis.Puede ser, pruebas no faltan. Sin embargo, tal vez quepa preguntar qué hay más allá de la ironía discepoliana o de la autoflagelación moralista a la hora de pensar la Argentina. ¿Es posible burlar estos tópicos, que huelen, en el mejor de los casos a parodia, y en el peor a corrección política? Ciertos intelectuales (y algunos de nuestros políticos), parecen no tomarse el trabajo de decodificar la cultura en la que vivimos; más bien prefieren dar cuenta de ella con altivez o desesperanza porque se desvía de sus ideales y teorías. Bajan línea, apostrofan; repiten lo aprendido, evitan lo nuevo.Zygmunt Bauman, tal vez el sociólogo más leído y difundido del presente, ha propuesto una sagaz distinción entre dos tipos de intelectuales: los legisladores y los intérpretes. Los primeros hacen afirmaciones de autoridad que arbitran y resuelven controversias; sus dictámenes son considerados correctos y vinculantes, y se legitiman por un conocimiento superior, universalmente aceptado. Los intérpretes ejecutan, en cambio, una traducción de enunciados entre tradiciones distintas. Así, se adentran en lo diferente tratando de descifrarlo. Practican la hermenéutica antes que la autoridad.Unos no son mejores que otros, sino que corresponden a épocas históricas distintas. Los legisladores, sostiene Bauman, son propios de la modernidad, cuando regían conocimientos y valores presuntamente universales que la ciencia podía descubrir y confirmar; los intérpretes son típicos de la posmodernidad, cuando la aspiración universalista parece definitivamente quebrada, y hay que convivir con interpretaciones diversas del mundo.Las prioridades del intelectual y su función en la sociedad están cambiando: eso dispara la lectura de Bauman. Entender en lugar de dictaminar. Penetrar en lo distinto y lo nuevo en vez de invalidarlo. Estudiar, sin prejuicio, las condiciones y tendencias que despuntan. No aferrarse a las afirmaciones genéricas, si impiden el discernimiento de lo particular. Admitir las racionalidades diversas, las creencias extrañas, las ceremonias y los ritos ajenos. Y agregaría: no pontificar.

La seducción de la barbarie como rostro de la Argentina, la nostalgia por un Estado de Derecho ideal como si fuera el paraíso perdido, la condena sumaria del populismo y sus líderes, la invocación machacona al ejemplo de otros países, cuya cara oscura se oculta, la certidumbre de la declinación y la acentuación del pesimismo. ¿Es este el único fruto que podemos esperar de ciertos intelectuales que gustan llamarse progresistas? ¿No estarán ellos queriendo legislar cuando corresponde interpretar y traducir?

La disyuntiva entre legislar e interpretar es también, creo, un problema generacional, que la aceleración del cambio cultural agrava. Hace medio siglo, cuando los fallidos legisladores de hoy eran jóvenes, la ideología, entendida como discurso estructurado y coherente, constituía la base de los argumentos del debate público. Las políticas estatales gozaban aún de buena salud. El contraste entre riqueza y miseria no representaba un escándalo. Las instituciones -ante todo, las educativas- contenían y ordenaban a la sociedad. La innovación tecnológica daba tiempo y el mundo global no existía.

Una parte de la intelligentzia de entonces acarició el sueño de la modernización. La utopía de una democracia de estadistas (Frondizi fue y sigue siendo el icono de esa ilusión), de un país integrado al mundo desarrollado, de una industria pesada y de una cultura y una educación universalista. Otros se quedaron aguardando a Perón, y los menos, aunque con mucho empeño, tomaron el camino de la revolución.

Se ha dicho, con razón, que la Argentina llegó a la posmodernidad y a la globalización sin haber alcanzado a ser moderna. Las interrupciones sistemáticas del orden constitucional y el stop and go de la economía fueron claves en ese desacople. Sin duda, se trató de errores singulares y dramáticos que confluyeron con otro, trágico: la violencia guerrillera y el crimen injustificable ejecutado desde el Estado. A ello hay que agregar el enigma crónico que desvela a los analistas de adentro y de afuera: la vigencia histórica del peronismo, cuya naturaleza se resiste a la horma.

Al cabo de esta secuencia, la Argentina ya no fue lo que pudo haber sido. Todo se ha dicho sobre ella, escribía Alain Rouquié al inicio de los 80: paradójico, enigmático, son adjetivos para un país difícil de encasillar. La restauración de la democracia fue un avance extraordinario, aunque no pudo remover el desconcierto. Cuando la historia no encaja adviene el desencanto. Cuando se astillan las ilusiones y las promesas, parece que el mundo pierde sentido. Tal vez la generación anterior sobrestimó la razón y subestimó a la historia, un desenfoque típico de los intelectuales modernos. Después de todo, ellos fueron predicadores laicos. Anunciadores de un paraíso terrenal al modo religioso, aunque fundado en el optimismo (y la prepotencia) que destila la cabeza anegada de ideales.

Quizá la hermenéutica sea un premio consuelo para esta estirpe. De qué sirve interpretar, se objetará, si no está al alcance ajustar la teoría a la historia. El deber ser a lo que es. El modelo de país al país cotidiano, insufrible. Suena irracional y conformista. Las figuras de Don Quijote y Sancho Panza pueden aportar algún matiz que medie entre legisladores e intérpretes. En un artículo luminoso, titulado Utopía y desencanto , dice Claudio Magris que Don Quijote es grande porque, contra toda evidencia, transforma la fealdad de Aldonza en la belleza de Dulcinea, y la vasija del barbero en el yelmo de Mambrino. Pero necesita a Sancho Panza para poner los pies en la tierra y apreciar con realismo al mundo. La metáfora de Magris expresa el equilibrio necesario entre utopía y desencanto, polaridades que, según él, se corrigen mutuamente. Tensiones reavivadas y resueltas en el camino.

No sabemos si la Argentina actual está en un punto de inflexión que habilitará la utopía, o en un nuevo espejismo que acentuará el desencanto. Quizá sean las dos cosas, como ocurre en la vida. El tiempo por venir lo dirá. En la transición, tal vez convenga poner en duda los tópicos del pensamiento correcto, recuperar perplejidad y frescura; deponer el narcisismo, no confundir nostalgia personal con decadencia social. Crepúsculo biográfico con Apocalipsis. Todo tiempo pasado no necesariamente fue mejor.

Dietrich Bonhoeffer, pastor luterano encarcelado y muerto por los nazis, cavilaba en sus últimos días acerca de la tensión dramática entre resistencia y sumisión. Su pregunta era: ¿A qué debemos someternos y a qué resistirnos? Propongo formular otra vez esta cuestión. Divisaremos entonces nuevas tendencias en la cultura, en la sociedad, en la política, a escala global y local, que están entre nosotros para quedarse, con su mezcla extraña de novedad, alienación y promesa. Someterse a ellas no es capitulación, es realismo y, por qué no, esperanza.

Después de este reconocimiento es inexcusable la resistencia. Demasiada injusticia, violencia y manipulación la requieren. El intérprete es hijo del legislador, y aprendió de él a rebelarse contra lo que vulnera la dignidad de los hombres.

El autor es sociólogo y profesor en la UBA.

Link permanente: http://www.lanacion.com.ar/899207

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s