Pettoruti cuenta a Jose Carlos Mariatégui

Emilio Pettoruti:Un pintor ante el espejo, Buenos Aires, Solar/ Hachette, 1968, págs. 146 y 151;Retrato de Mariátegui que Pettoruti dejó inconcluso en Frascati

Como parte de mi trabajo diario, visito los enlaces de las personas que han tenido la amabilidad de leer esta bitácora o diario personal sin pretensiones. Un ejercicio al que me esfuerzo para auyentar a los fantasmas y soledades.

Mi foto Hoy me he encontrado con una más que agradable sorpresa, desde Uppsala, Suecia me ha visitado Carlos Eduardo Arroyo Reyes, y visitando su maravillosa bitácora,Wayra al día he encontrado una caja de tesoros maravillosos en la que compila información valiosa sobre el Perú y la cultura indígena y latinoamericana. Hoy me atrajo como siempre el gran Amauta y su relación con otros artistas latinoamericanos. En este caso con el pintor argentino Emilio Pettoruti. También la contribución de peruanos a la cultura en la Argentina,como Julio de la Paz periodista y escritor. Una verdadera joya de recuerdos y referencias valiosas .

Memorias del tiempo (I):

Con Mariátegui en Italia y Alemania

Emilio Pettoruti,pintor argentino

Mariátegui vino a Milán y lo acompañé cuando pude. Me invitó a pasar unos días en Frascati, donde vivía en una hermosa villa. Fui con la idea de quedarme junto a ellos una semana y me retuvieron casi un mes, lapso que reconozco fue agradabilísimo e instructivo para ambos. Sirvió a Mariátegui para ponerse al corriente de los movimientos artísticos contemporáneos y a mí para conocer las luchas de nuestra América coercionada.

No perdimos el tiempo, por cierto; por las mañanas, él escribía para sus diarios que le pagaban en esterlinas, y yo dibujaba; por las tardes y por las noches, conversábamos de cuántas cosas, mi Dios. Me posó para un retrato que no terminé y que se halla en Lima, en poder de sus familiares. Vivimos juntos en Berlín al año subsiguiente, luego regresó a su patria. Mantuvimos una correspondencia regular hasta que sobrevino su muerte, tan prematura. Fue una pérdida para el Perú. En 1925 escribió sobre mi arte en la revista limeña Variedades, e hizo insertar otro artículo en Amauta, de la cual era director, firmado por Baldomero Sanín Cano.

* * *

Una habitación me aguardaba en el alojamiento berlinés de José Carlos Mariátegui. Fue un verdadero placer encontrarnos de nuevo y reanudar nuestras charlas. Pasamos juntos muy lindos días; recuerdo con un agrado especial que le presenté en la ocasión a un poeta de Colonia, cuyo nombre desgraciadamente olvidé, ser encantador y muy inteligente que dominaba varios idiomas, incluido el ruso. Se hicieron grandes amigos.

A mi alojamiento vino un periodista enviado por la revista Atlántida de Buenos Aires. Se llamaba Julio de la Paz y su misión en Europa, me dijo, era entrevistar a algunos argentinos. Le hice ver los cuadros, bella y frescamente enmarcados, que tenía conmigo, aunque no sin prevenirlo contra el susto que iba a pegrarse. El choque fue violento, a pesar de todo, y se asustó. ¿Cómo hacerle comprender mi arte? Me escuchó hablar sin tomar apuntes; luego fuimos a un café donde lo puse en contacto con Mariátegui, compatriota suyo. En verdad, yo esperaba un artículo sin pies ni cabeza; debo reconocer que escribió una nota afable y, en síntesis, simpática.

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