Los gobiernos deberían considerar que las tecnologías ya no son un lujo sino un derecho

Por José Soriano elmosquito.gif

44492-olpc-handkurbel-modell.jpgPublicado originalmente el por onairosjs

“Los gobiernos deberían considerar que las tecnologías ya no son un lujo sino un derecho”, como suele decir un músico catalán, Antonio Orozco, que no sólo reivindica el respeto por los derechos del ser humano a través de sus canciones, sino que, puestos a hablar de tecnología, su mayor preocupación es el retraso que sufren los países del Tercer Mundo. Cito a propósito al catalán cantante, solo para molestar, a un amigo Andaluz ya regresado a su tierra que solía trabajar conmigo en el Perú y que se casó – enorme error;) – con una catalana.

Habiendo explicitado en un anterior mensaje el concepto de Brecha Digital busquemos juntos nuevas ventanas que alumbren el camino hacia el final del túnel. No como una opción retórica o filosófica sino como pasos concretos a un Plan de Acción colectivo y realizable que nos permita proponer a otros una alternativa concreta sobre la cuál discutir.

La importancia de la educación a esta altura del partido es una verdad de perogrullo. En una realidad donde el tsunami de información se ha convertido en un bien sin valor, o más bien en un “comodity” al que casi cualquiera tiene posibilidades de acceder. Sólo la “experiencia” que sabe que hacer con dicha información y la posibilidad de transferirla entre humanos – es decir la educación – permiten crear nuevas informaciones cargadas de valor que son las transformadoras de la realidad.

Entonces hablar de una “Sociedad de la Información” o del “Conocimiento” no reflejan a cabalidad la complejidad de un proyecto global como si lo haría en nuestro caso nacional una “Sociedad de Aprendizaje”. La fuerte relación que existe entre cualquier concepto principalmente el de brecha digital y educación son evidentes.

Si existe un sistema con capacidad de crear, socializar y reproducir o transformar sociedades, es precisamente, el sistema educativo.

Evidentemente, necesitamos reflexionar acerca de todas las variables que intervienen en el proceso educativo, puesto que esta problemática de desequilibrio ante los que tienen o no, acceso a la información, no se remite exclusivamente a la posibilidad de adquirir una computadora o acceso a Internet, sino, fundamentalmente, a saber qué hacer con esos recursos que se ponen a su disposición. Es decir pensar en la tecnología a partir de los problemas reales a resolver y no hacer el proceso inverso.

Parte también desde que lugar, desde que proyecto nacional, se determina “el valor” que tiene el conocimiento colectivo y como posicionarse, con tecnología o no, a partir de él, en el mercado globalizado.

Probablemente sea necesario comenzar desde bases más firmes como son las estructuras de pensamiento y recapacitar que los docentes actuales están frente a una realidad fracturada por haber sido educados de una manera absolutamente diferente y tener la responsabilidad de incorporarse a un mundo tecnificado que les exige conocimientos y destrezas de las que muchas veces carecen.

Si no se logra comprender la importancia de los adecuados “usos de los recursos para un crecimiento social”, la tecnología pierde el mejor de sus potenciales y pasa a convertirse en un producto más para establecer diferencias entre quienes tienen el poder de decidir y quienes deben seguir dependiendo a consecuencia de la ignorancia de quienes malvenden nuestros recursos y en general manejan los hilos del poder.


Según Internet World Stats, casi el 70% de los internautas vive en los países industrializados, donde reside el 15% de la población mundial. Un claro ejemplo podría mostrarnos la magnitud de esta desproporción al conocer que en Europa y Estados Unidos suman 450 millones de usuarios y en todo el continente africano apenas alcanzan a 4 .

Estas diferencias, obviamente, tocan otros derechos que son vulnerados al no tener la posibilidad de acceso a educación, salud, trabajo, etc, en porcentajes similares. Los problemas reales están condicionados por un nuevo rumbo dado a los sistemas productivos y de distribución. La globalización, como los avances científicos y tecnológicos son factores que inciden directamente en los procesos de socialización como así también en la distribución del trabajo, el capital cultural y económico.

No solo es necesario imponer valores que como ya se dijo en esta lista “motive a las personas a ser competitivas, creativas e innovadoras” sino que sería positivo ir perdiendo temor a lo nuevo e identificar que todo invento del ser humano es producto de su inteligencia (la nuestra) y que, por sobre todo, debería ser utilizado en beneficio de todos por igual. Es natural el rechazo al cambio o lo desconocido, pero en este caso es bueno aprender a ver que detrás de cada maquina, en definitiva, siempre hay seres humanos.

Por último, podríamos hacer un buen ejercicio de introspección y analizar ¿Cuál es nuestra actitud hacia lo nuevo? ¿Cuán flexibles podemos ser frente a estrategias innovadoras? ¿Conservamos latente la capacidad de asombro, la curiosidad y el deseo por aprender e investigar? ¿Sabemos tomar riesgos inteligentes? ¿Qué acción cotidiana es un nuevo aporte de aprendizaje en este sentido en la comunidad en la cual nos desenvolvemos? ¿Cómo es posible mejorar nuestra calidad educativa en relación a la utilización de las TIC? ¿De qué y de quién depende? ¿No será que de nosotros?

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