Yo soy argentino; Yo soy un moro judío que vive con los cristianos

El tema del ser argentino es muy complejo. Cuando regresé en 1984 nos instalamos en el muy porteño barrio de Savedra.
El almacenero de la esquina, un tipo agradable, entrenador de fútbol infantil en Argentino Juniors, había elegido a Nicolás para jugar en un equipo que salió campeón dos años consecutivos. En ese mismo equipo jugaba Diez que tenía esa edad justa.
El primer choque con la realidad cultural de aquella época fue cuando esta persona corriente, de origen italo-español, comenzó a mechar en las conversaciones sus conceptos sobre Alfonsín, que según él era “representante de la sinarquía judía internacional” (sea lo que sea que eso signifique), luego directamente se despachaba contra los negros (autóctonos) y los judíos.
Como todas esas categorías me describen, comencé amablemente a intentar mostrarle las ventajas de la diversidad a partir de la cultura peruana (en esa época aún no éramos odiados y se nos recordaba por haber mandado los Mirage y Exocet para Malvinas) logrando que, por lo menos en nuestra presencia y en la de nuestros hijos, no vertiera propósitos racistas.
Pero hay una de cal y otra de arena.
En la misma época nos volvimos a reunir con grupos de amigos con quienes solíamos ir al club Judío Alemán en Azcuénaga y también a su sede en Banfield. Un día, al regresar en el auto, mi hijo Damián, mi “polaquito de guetto”,  nos cuenta qué había hecho ese día: “Nos peleamos a pedradas con los negros de afuera…” ¿Cómo? Sí, resulta que con los “gronchos” nosotros nos peleamos… Damián, ¿tú te das cuenta de que tu papá es “groncho”?… Conversaciones (sur)realistas de esta Argentina diversa que no sabe aceptarse completa.
Los argentinos, como otros pueblos, han sido y son un pueblo elegido, aunque no logran darse cuenta pues no aceptan la suma de la diversidad y prefieren la resta de resaltar la diferencia.

Como he mencionado en otro post para lograr lo contrario es hacer el muy penoso ejercicio del olvido o del des-aprendizaje, forzando nuestra naturaleza para no generalizar y encontrar las razones verdaderas: la realidad es como es y no de otra manera. Es a partir de ella que hay que comenzar a caminar. No parece ser un esfuerzo muy grande, pero hasta ahora ha sido imposible. ¿No necesitaremos un poco de más paciencia?

Para apaciguar los ánimos les dejo la letra y un video de una milonga uruguaya de Jorge Drexler que dice mucho con música, que según dicen desde la antigüedad, calma las fieras… incluyendo a las racistas.

Por cada muro un lamento
en Jerusalén la dorada
y mil vidas malgastadas
por cada mandamiento.
Yo soy polvo de tu viento
y aunque sangro de tu herida,
y cada piedra querida
guarda mi amor más profundo,
no hay una piedra en el mundo
que valga lo que una vida.

Yo soy un moro judío
que vive con los cristianos,
no sé que Dios es el mío
ni cuales son mis hermanos.

No hay muerto que no me duela,
no hay un bando ganador,
no hay nada más que dolor
y otra vida que se vuela.
La guerra es muy mala escuela
no importa el disfraz que viste,
perdonen que no me aliste
bajo ninguna bandera,
vale más cualquier quimera
que un trozo de tela triste.

Yo soy un moro judío
que vive con los cristianos,
no sé que Dios es el mío
ni cuales son mis hermanos.

Y a nadie le dí permiso
para matar en mi nombre,
un hombre no es más que un hombre
y si hay Dios, así lo quiso.
El mismo suelo que piso
seguirá, yo me habré ido;
rumbo también del olvido
no hay doctrina que no vaya,
y no hay pueblo que no se haya
creído el pueblo elegido.

Yo soy un moro judío
que vive con los cristianos,
no sé que Dios es el mío
ni cuales son mis hermanos.

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Un comentario sobre “Yo soy argentino; Yo soy un moro judío que vive con los cristianos

  1. Querido José, el tema me apena tanto. Tuve la enorme de suerte de nacer en un lugar donde jamás se habló de otra religión en forma despectiva ni se hicieron mofas al respecto: jamás las he entendido y tantas veces me pierdo porque creo que un “ruso” es alguien de Rusia y al final era otra cosa. No puedo entender que se mire a otro por la religión, no puedo entender que se juzgue a otro -aunque seguramente cuánto se me debe de escapar-. ¿Qué es esto de odiarnos? Es tan absurdo, tan pobre.
    Hace años quise escribir un relato donde la cámara se alejara y describiera siempre a la misma persona, ver de qué manera lo que son rasgos se convierten en manchas y cómo esas manchas se unen en luz; cómo lo que vemos deja de ser importante para encontrarse con lo que escuchamos y para terminar en lo que sentimos, lo que no tiene otra bandera que el corazón que mira -suene esto como suene-.
    Hablamos de rivalidades todo el tiempo como si uno eligiera tanto, como si de uno dependiera nacer en tal o cual lugar con tales o cuales características físicas y religiosas.
    No puedo desligar esta idea de la discriminación de la idea de libertad; no puedo ni siquiera estar seguro de la libertad del ladrón, ¿cómo podría odiarlo con tanta saña? Conozco a alguien que fue mi amigo y que intentó robar en mi casa; lo mismo en ls de mi familia y quien robó en casa de amigos, en un caso con enorme violencia. Lo conozco desde muy chico, desde que era así pero a los doce.
    No quiero justificarlo, quiero decir que no sé.
    ¿Cómo podría entonces “saber” de una persona solo por la religión que profesa o por sus características raciales? Aun si esa persona me odiara, cómo podría yo odiarla igual?

    No soy más bueno que nadie, claro, y también sé de pulsiones. Pero si no pude elegir mi casa al menos quiero elegir cómo la vivo, quiero elegir creer en esto.
    La canción es magnífica mas discrepo en un punto: yo sé quiénes son mis hermanos, todos.

    Abrazo fraterno

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