Caballero: una profesión, un oficio y un hobby; una construcción siempre incompleta

Por José Soriano elmosquito.gif(en construcción)

Quino.jpg “Patanes, no soporto a los patanes”.

Retumbaba la afirmación en el bunker de Dante Caputo en la Av. Callao y Córdoba. Con voz ronca, la mujer de Joaquín Lavado (no recuerdo su nombre) denostaba la realidad que había elegido como presidente al rival de Angeloz. Me voy del país -decía-, pues no puedo vivir en el mismo territorio que alguien que se fotografía en calzoncillos rojos para las revistas la mañana en que ganó. Patán, patán, repetía enojada.
Sus palabras marcaron también el final de mi cuarto regreso a la que sus nativos llaman “esta ciudad de mierda”, pero que por alguna razón es mi preferida.

Es verdad que esta vez me marché de Buenos Aires (1991) menos expulsado que otras veces de un momento en la que no encontraba acomodo. Me resultaba desagradable. Fuí afortunado, de la mano de organismos internacionales regresé al que siempre ha sido mi santuario, el Perú de mis orgullos, sus caletas y mis mares.

En esta nueva fuga hacia adelante, como siempre de retorno en otro lado, el objetivo fue crear el Internet del Perú; pero eso sí, sin colgar los cuadros de entrada, como aconsejaba mi colega de Clarín don Carlitos Ulanovsky a quién leía admirado en esos tiempos.

Ahora, con los años pasados bajo el puente y la alameda, me doy cuenta que también me fui por costumbre, por esa facilidad que me dio el origen y el exilio de poder saltar de un lado a otro buscando alternativamente un lugar en esas pertenencias múltiples que me privilegian.

Pero no te creas, como decía la abuela Eloísa, todo tiene un costo, oye. Si no me crees pregúntale a la Perricholi…(- la perra chola le decían a la amante del Virrey-).

Italo CalvinoEn mi caso, el precio a pagar ha sido desde Videla y aún antes… “no existe, no tiene entidad, no es …”

O como cuando adolecente leí a Calvino, “Dentro de su armadura no hay nada, no hay nadie. Él lo intenta; intenta “ser”… pero después de eso… nada… no puede pasar de esa “no-existencia” a otro grado”…

Y es así en esa mixtura extraña, como Romaña muy exagerado, yo no existo y lo hago con entusiasmo, rotundamente. Estoy allí pero no soy con culpa de estar vivo en la ausencia de tantos afectos que tendrían hoy mi edad. A pesar de todo no se trata de nada raro, es un mal común, como pude comprobar sorprendido poco después.

Por la gracia humana(o será inhumana), me encontré en ese París donde fui un rato, y donde fugazmente pude contárlo al melancólico Italo Calvino, su mujer, y las polacas porteñas de cantarín acento argentino que lo acompañaban.

Poco después él también inició algún regreso que para él fue definitivo a Italia. Dejó su preciosa casa del XIVeme., cerca de mi librería y del “Deux Magots” lugares por los que pasé varias veces extrañando sus silencios. Allí donde se juntaba con sus amigos y yo, aprovechando la presentación de su mujer argentina, los acompañaba irrespetuoso pero en silencio para escuchar sus reflexiones muchas menos veces de las que me hubiera gustado.

Anoche, de casualidad, reprodujeron un reportaje a Aída Bornik de la época del regreso a la democracia . “Era el proceso el que necesitaba que la gente no piense. En democracia -decía enfática- es deber de los intelectuales en la TV y el Cine de hacer preguntas y provocar constantemente para que los ciudadanos piensen, pues si los ciudadanos no pensamos la democracia está frita”; reproduzco la cita más o menos de memoria en una entrevista que le hizo Badía.

Los noventa, creo yo, instalaron una cultura gobalizada de la chabacanería y la superficialidad que fue la continuación de la guerra por otros medios. Lograron complicidad de la ciudadanía a cambio del “deme dos”, los viajes a Miami, los créditos baratos, el uno a uno que tenía como precio el pensamiento único y homogéneo.

Veo el noticiero, escucho a Juez y a su oponente, ha perdido boca, hace calor y más que nunca constato que yo no estoy preparado para vivir en una sociedad que reivindica y glorifica la conducta de los patanes.

Trata como si fueran virtudes los más horribles desmanes, y cuyo referente culinario es la comida basura y en lo social un conjunto de palurdos bailando por un sueño o encerrados en una casa dentro de una caja a la que en todos lados califican de boba.

js-c.jpg¿Te acordás cuando querías ser periodista? La pregunta de Susanita, esposa de Pedro Pasturenzi, un amigo de los tiempos clásicos, me resultó divertida por las reflexiones que despertaron después. Mucho después.

Pocas semanas más tarde Luisa, devenida Louise, la mamá de mi primer hijo y también periodista, desde Francia y desde el pedestal en que se ha colocado, me espetó: ¿Y a vos cuando te dejó el periodismo?.

Comprendí con ellas como lo perverso a veces se disfraza de sutileza y erudición. También que haber sido periodista, a la antigua, fué un oficio que aprendí y que luego al ingresar al mundo de la tecnología abandoné voluntariamente.

Desde antes del uso de razón como decían las abuelas, (salvo químico, cuando tenía 10 años) yo, en realidad, nunca llegué a querer ser nada en la vida. Pensaba que sólo basta con esperar y las cosas llegan.

Para cambiar esa percepción no ayudaban las recomendaciones de tías, madre y abuela que más bien se orientaban para el lado de las buenas costumbres. Pepe no seas patán, no se dicen malas palabras, baja los pies de la mesa ratona, usa bien los cubiertos.

Las muchas empleadas andinas lo completaban haciendo resonar al tawantinsuyo en la sala de la casa de la Av. Santa Cruz 665:Ama Sua, Ama Llulla, Ama Qhella.

Los gritos familiares mandataban un futuro políticamente correcto, de “persona bien”, como corresponde al “apellido que nunca ha sido manchado”, que con mucho esfuerzo, logré no ser.

equipo de la InmaculadaDesde que recuerdo disfrutaba del placer de flamear detrás de la pelota junto a los otros diecinueve jugadores en la cancha de fútbol, aunque lúcido sabía que yo era malo, muy malo en ese deporte donde mi padre había sido un numero uno.

Los otros por delicadeza, y porque aportaba las camisetas de la fábrica de mi padre, procuraban no hacérmelo notar. Por todo eso sólo me despertaba curiosidad saber cómo era eso de ser “caballero”, como todos llamaban a mi padre.

Es un caballero…

Para averiguarlo, siguiendo mandatos antiguos terminé pronto el secundario y a los 16 años ingresé a la facultad, la vieja Filosofía y Letras, a estudiar primero sicología-porque había unas muchachas preciosas- y finalmente sociología por la política que embebía la carrera y la realidad de aquellos tiempos.

Aunque me recibí de licenciado pronto dejé de serlo al compás de la historia de aquellos tiempos que en poco tiempo me llevó a Europa después de recorrer América, hasta México, por segunda vez.

Para mantener mis magras necesidades de la época, primero fui vendedor de libros y casualmente, por una cadena de hechos fortuitos, comencé a cultivar el oficio de periodista en redacciones a la antigua. En el frío edificio del Crónica de la calle Ríobamba, lleno canas, pero también de escritores, poetas, periodistas desde siempre. Entre todos me ayudaron a comprender desde adentro las mañas de un oficio que nunca logré dominar del todo. Para completar los mandatos del manual no escrito del perfecto caballero me faltaba disfrutar de un hobby que en tiempos de malaria pudiese convertirse en oficio o profesión. Pensé en hacerme relojero, electricista, hacer maquetas de barcos y finalmente recalé en la informática y sobre todo en las redes de comunicación e Internet. Y no me alcanzó.

A pesar de la dictadura, en la Argentina antes del Cordobazo aún había tejido social. A pesar de los bastones largos ser argentino todavía era una identidad compartida por todos por igual. Pero todo lo bueno se ve truncado por las urgencias de la realidad. Mataron a Emilio en la calle, como a un perro, entre dos autos. Yo, que no podía mantenerme al margen de nada, elegí, como todos, de qué lado deseaba estar. En aquella época compartía la garconniere del tío rico de un compañero de facultad, Anacleto Llosa, un ex- seminarista marplatense que a los 25 años y a punto de ordenarse, se convirtió en défroqué y descubrió lo saludable que pueden ser las compañeras de la vieja facultad de Filosofía y Letras.

Estaba en San Telmo y constaba de pocos departamentos, todos iguales, de un único ambiente, cocina y baño. Algunos estaban casi siempre vacíos, pero los otros estaban casi todos habitados por damas de mediana edad que aún eran visitadas por sus “habituales”. Tal vez por la ausencia de caballeros y la soledad sin hijos por haber ejercido el “oficio”, las llevó a adoptarnos como a huérfanos, y lavarnos y zurcirnos la ropa. Mucho más importante aún, a darnos un suplemento alimenticio en forma de tartas pascualinas, gallegas y guisos varios que francamente necesitábamos pues nuestro magro presupuesto alcanzaba a un saco de papas, algunas morcillas y una horma de panceta ahumada por mes. Eso si té, mucho té y mate todo el tiempo proporsionadas entre otras por compañeras de Anacleto, Bety, Mónica y tantas más. Pero allí, además de la intensa promiscuidad con compañeras diversas y variadas -en mi caso, todas mayores que yo- se conspiraba. Así fue que conocí a mucha gente que luego conformarían las ausencias tempranas de los años 70 como Alicia Eguren y los Frondizi con quiénes me tocó trabajar en una revista. Pero no adelantemos los tiempos, seguiremos más adelante en ello aunque cueste recordar lo borrado.

Era muy joven (16 años) trabajaba en El Ateneo de la calle Florida como encargado de las sección de Arte, política, filosofía y comencé a comprar libros aprovechando los descuentos de empleado. No tenía lugar donde clasificarlos y los amontonaba en pilas. Era una época de lecturas febriles.

Los autores argentinos famosos venían regularmente y por ser de corta edad, o porque les caía simpático me regalaban sus obras autografiadas. Poco después salí a vender libros a las escuelas y luego a dirigir un equipo de vendedores de colecciones de Eudeba.

Más libros para mi biblioteca que ya se había convertido en importante, pues se agregaban los libros de la facultad. Perdí mi primera biblioteca en un departamento de Tucuman y Alem. Fueron exactamente 2,000 libros de todo tipo. Leídos y acariciados como solo pueden serlo las primeras posesiones de los adolecentes independizados.

Mis atesorados libros en manos milicas seguramente fueron quemados o vendidos por ahí. No pude averiguarlo.

En mi segundo regreso, clandestino en 1973, comencé una nueva biblioteca que al principio tenía muchísimas publicaciones cubanas adquiridas en Chile y en Perú pero que terminó enterrada en el fondo de la casa de mi madre cuando “tuve que emigrar” por tercera vez del país.

En París tuve librería a la calle y hermosa biblioteca que a mi regreso debí dejar repartida entre los que eligieron quedarse por allá. Desde esa época ya no mantengo bibliotecas importantes-no más de 500 libros- y cuando exceden esa cantidad o ya los he leído varias veces y no son de referencia los voy dejando en lugares públicos para que otros los lean. ¿será que ya no le tengo el mismo amor a los libros?

Tomé la costumbre de dejar libros en las plazas como regalo para amigos ausentes muchos días al año.

Ahora que no hay tanto trabajo ni ingresos ya no compro libros como antes. Alguno de vez en cuando.
Por eso no tengo problemas en prestar, sabiendo que estoy regalando el libro que presté.

La edad tambièn me ayuda. pòrque olvido que he leido algunos libros, y visto algunas pelìculas. Mi mujer dice que es una ventaja, porque puedo disfrutarlos varias veces.

Wisdom

La Patanería, miremos los signos externos del patán, con la finalidad de que nos sea más fácil identificarlos entre la muchedumbre, cuando no identificar a ésta misma por entero. La figura del patán es tan frecuente, sobre todo en las grandes ciudades, que no cuesta demasiado esfuerzo detectarlos.El patán es impaciente sin motivo, estridente en sus modos, tiende a ocupar más espacio del que le toca y por eso resulta molesto en las aglomeraciones. Es torpe por su falta de previsión, pregunta cuando es innecesario y calla cuando debería intervenir. Es imposible mantener un diálogo con él, puesto que se bloquea en sus creencias absurdas, y considera una ofensa cualquier movimiento hacia otras posturas que no sean su rancio enroque. Es crédulo y no tiene una opinión madurada de nada, todo es por imitación de patrones más o menos naïf.Pero no toda la patanería es extrema o está concentrada en todas sus vertientes en un solo individuo. Todos somos algo patanes en algún momento u otro, en cualquiera de sus formas. Eso no nos convierte en patanes de base, pero no es algo de lo que uno debiera sentirse orgulloso. Aún así, algunas formas digamos “leves” de patanería, despiertan cierta comprensión, cuando no simpatía y chanza. Un ejemplo sería el despiste. No nos debiera resultar extraño el hecho de que alguna vez hayamos justificado alguna patanería diciendo “es que soy muy despistado”, a lo que en no pocas ocasiones nos habrán respondido con condescendencia o incluso con una sonrisa que sirve de absurdo premio a nuestra conducta. El mensaje es “ser despistado es tolerable, incluso tierno”. Quizá sea por la fama -justificada o no- que los grandes genios tenían de ser despistados.No considero que haya que celebrar el despiste. Tampoco condenarlo severamente. Simplemente hacer notar que es un defecto que se debe luchar por corregir. A menudo el despiste es la raíz de un pequeño o grande cataclismo, individual o colectivo. No debiera tener el prestigio social que ahora goza.En resumen, no ser un patán no significa ser un alguien que posee una agilidad o habilidades extraordinarias. No ser un patán debería ser un objetivo vital en sí mismo: un principio a observar en el ejercicio de la ciudadanía madura. Una base a partir de la cual poder moldearnos como seres con entidad propia y convertir nuestra existencia de una mera estadística, a una vida digna.Luego está la Imitación Irracional. Consiste, como el propio nombre dice, en imitar conductas que se ven de forma irracional, nuevamente sin plantearse los motivos que puedan haber para hacerlo. Un ejemplo obvio lo tenemos en las manifestaciones o en los estadios de fútbol donde el instinto de integración en la masa hace que la gente se comporte de forma irracional. Otro ejemplo lo tenemos en las promociones comerciales. Miles de personas van en masa a comprar objetos de ínfima calidad a las grandes superficies llevados por consejos de amiguetes o cuñados al uso, o simplemente, porque ellos lo compraron. Imitación en vestir la ropa de la vecina aunque no se esté seguro si nos gusta o no, imitación en las opiniones, sin antes contrastarlas con nuestro propio criterio.En una primera serie de esta saga de artículos, indagaremos en algunas de las formas más destacadas de patanería, para aprender a identificarlas. He aquí de momento un primer listado:- Impaciencia- Estridencia- Enajenación de la Realidad Circundante (ERC)- Imprevisión- Interrogación compulsiva- Timidez- Imitación Irracional (II)- Credulidad- Excesividad o Voracidad- Autodefensa Absurda (AA)- Enroque Absurdo- Autocompletitud- Exceso de confianza (falta de alerta)- Desproporción del Volumen Vital (DVV)- Ausencia de empatía.Como veremos, en la inmensa mayoría de episodios de patanería intervienen varias de estas tipologías de manera simultánea.Impaciencia: Incapacidad para hacer algo tan sencillo como esperar. Supongo que le suenan experiencias como éstas:

  • Aguardar en una cola y tener a un individuo detrás que se desespera, e intenta colarse haciendose “el sueco” o que no para de moverse nervioso clamando quejas al aire del tipo “pero qué pasa?” o ese chasquido con la boca tan característico “tsché”.
  • Querer salir del metro o tren y encontrarse en la puerta con una barrera de gente pugnando por entrar e impidiéndonos la salida, como si el tren fuera a arrancar sin ellos!
  • Esperar sentado en la butaca de un avión a que éste acabe de aparcar en el finger y ver a un tropel de pasajeros quitarse ya el cinturón de seguridad y levantarse aún cuando se avisa convenientemente que no está permitido hacerlo hasta que no se indique
  • Nuevamente en un aeropuerto, esperar al embarque y cuando se realiza la llamada, levantarse precipitadamente hacia la puerta, sin hacer caso al orden de embarque, sin formar cola si no tropel… cuando el avión no saldrá antes, y además, son más cómodos los asientos de la sala de espera !!
  • En la circulación, tocar el cláxon de forma compulsiva, o apurar los semáforos en ámbar y circular de forma temeraria para posiblemente llegar escasos minutos antes a un lugar donde de todos modos nos van a esperar
  • Tener una cita a una hora y, al más mínimo retraso, llamar por teléfono celular pidiendo explicaciones. Este tipo de impaciencia es especialmente interesante para las compañías de telecomunicaciones

Parece ser que se ha perdido la capacidad para aguardar y ser consciente que hay cosas que toman su tiempo. Y que si hay un retraso en algo, hacer estupideces no conducirá a que no se demore. El ciudadano deseducado de las sociedades urbanas de hoy tiene siempre prisa, y sobre todo una auténtica fobia a los intermedios. La cultura del “zapping”, donde cuando se interrumpe una acción para un descanso, enseguida se cambia de canal, hace mella en las pautas de conducta; y ahora las actividades diarias no se suceden, “se zapean”.Estridencia: del mismo modo que no se sabe aguardar, tampoco se sabe Guardar Silencio. Desde siempre la estridencia ha sido una de las expresiones más claras del vulgo. Elevar el volumen de voz de forma innecesaria, reír de forma estridente, comentar en voz alta y sin destinatario concreto lo que se piensa o se va a hacer en el momento… esto último es muy frecuente verlo en los grandes hipermercados, donde se compra en familia con actitud festiva, y donde sus miembros recorren más o menos desperdigados los pasillos de la gran superficie comunicándo sus cuitas cotidianas de manera vociferante. Otra situación familiar, y muy típica en países latinos es la de la imposición por el volumen en lugar de por la razón. En las tertulias caseras no existe el diálogo, solamente la proclamación de creencias propias y donde se trata de imponer al resto gritándola más escandalosamente que el resto.En los concursos de TV, donde se reparten exiguos premios a los televidentes a través del teléfono, se incita a éstos a que expresen de forma estridente tu emoción por el puñado de dinero conseguido, con gritos, alaridos y otras onomatopeyas al uso.E.R.C. (Enajenación de la Realidad Circundante): Se trata sin duda de una de las formas de patanería más nocivas, más “killer” para la sociedad que la padece. Consiste en limitar TODA la realidad a solamente aquellas cosas que nos afectan directamente e ignorar todo aquello que sucede más allá del espacio vital que ocupamos. A veces yo lo llamo “Autismo Bluetooth” puesto que el mundo de la persona que padece ERC se reduce un radio de acción similar al de un campo Bluetooth. He aquí algnos ejemplos emblemáticos de ERC:

  • Hablar por el teléfono celular mientras se conduce: A pesar de que es una falta grave al código de circulación, y que implica una sanción, es difícil controlar lo que sucede dentro de un automóvil. Y por supuesto todavía hay una gran cantidad de patanes que no dudan en responder el teléfono, apoyarselo en la oreja y distraerse en conversaciones seguramente banales o absurdas (que podrían perfectamente posponerse) a cambio de convertir su coche en una bala cinética sin control. Esta actitud es escandalosamente estúpida, y sin embargo, les invito a que salgan a circular en cualquier momento para ver cuántas veces la puede detectar.
  • “Estorbo, luego existo”: A veces pienso que hay gentes cuya auténtica vocación en esta vida es estorbar. Cuando uno se encuentra perdido en un lugar, lo mejor que se puede hacer es conservar la calma, hacerse a un lado y recapacitar detenidamente qué hacer. En lugar de eso, existen personas que caminan delante de uno y de repente hacen un giro brusco, sin mirar, y empiezan a caminar en sentido contrario, chocando con cuanto se encuentran. O caminar hacia una dirección mientras miran a otra o siguen charlando con el compañero que dejaron atrás, nuevamente arrollando a todo cuanto encuentran. Parece tópico decir esto pero hay que mirar por dónde se va. Esta afirmación tan naïf todavía hoy es sistemáticamente ignorada por mucha gente.
  • El “iPod”: El auge de la “música gratis” y los “iPods” ha hecho que el fenómeno “Walkman” de principios de los 80 cobre fuerza y ahora existe mucha gente que decide distanciarse de la realidad circundante yendo SIEMPRE por la calle con los auriculares puestos con su musiquita sinfín. Además de no poder estar alerta a cualquier sonido que venga del exterior, se acaban zambullendo en la música y en lo que les transmita y acaban siendo zombies ajenos a cualquier “input”, lo que hace que provoquen accidentes y situaciones peligrosas o molestas, sobre todo para el resto.

Cuando se comparte un espacio público hay que estar con todos los sentidos que se dispongan, y con un mínimo grado de alerta, porque en esos espacios todo está relacionado y todo nos afecta y afectamos a todo, y enajenarse de esa realidad, como si no fuera con nosotros, además de ser egoísta y totalmente estúpido, acaba siendo perjudicial para esa “microrrealidad” en la que nos enfrascamos, en la que vivimos embotados y autistas.

La Interrogación Compulsiva (IC): consiste en delegar la responsabilidad de informarse por uno mismo y delegarla en el prójimo, al cual se bombardea a preguntas. Existe un dicho que reza: “Lo importante no es saberlo todo, si no conocer los teléfonos de quienes lo saben”. La interrogación es una herramienta necesaria y fundamental para la construcción de la personalidad. Es la piedra angular de la educación, en su sentido más amplio. Pero, como todo, su abuso la desvirtúa.Es frecuente ver esta actitud de I.C. en las escenas más cotidianas. Al conducir por las calles de una ciudad desconocida, en lugar de ser previsores y preparar la información necesaria para llegar a nuestro destino de forma fácil y eficiente, lo relegamos todo a simplemente saber llegar hasta allí y luego preguntar a diestro y siniestro. En el transporte público, no invertimos tiempo en leer los múltiples letreros de información sobre las líneas, paradas, direcciones, etc. En su lugar, esperamos un autobús leyendo naderías o mirando detenidamente el vuelo de las moscas, y una vez llegado el momento, abrasar a preguntas al conductor del autobús o a otros viajeros; a menudo sobre información obvia que figura en carteles que están justo encima de nuestra cerviz.Solamente en el caso -más frecuente de lo deseado, por desgracia- de que la señalización de “autoayuda” en un lugar sea confusa o insuficiente, se impone reflexionar sobre qué preguntar, y quién será la persona más indicada para hacerlo. Pero resulta que a la hora de la verdad, en lugar de hacerlo, uno se inhibe de ello, como se ve en el caso de la Timidez.Así mismo, la I.C. también se puede dar en escenas más hogareñas. Ver que alguien en tu casa se levanta, toma su abrigo y su paraguas y preguntarle: “¿Ya te marchas?”, o ir a ver a un enfermo grave al hospital y espetarle “¿Cómo te encuentras?” también serían casos de preguntas compulsivas, aunque lindan con esa otra gran categoría llamada Retórica.La I.C. está relacionada con la holgazanería, con estar acostumbrado que sean otros los que nos resuelvan nuestros problemas, con la falta de costumbre de buscar nuestros propios recursos para sobrevivir.Ahora bien, es igualmente patán el polo opuesto…La Timidez: aplicado al caso anteriormente expuesto, del mismo modo que hay personas que todo lo preguntan sin preocuparse de nada más, existe la figura del tímido, que nunca pregunta absolutamente nada, y que prefiere sufrir en silencio sus cuitas debidas a su ignorancia.En situaciones similares en las que se presenta la IC, un tímido nunca pregunta, prefiere perderse y padecer sus consecuencias. Cuando lo más sencillo es requerir ayuda del prójimo para encontrar una información, ubicarse, etc… prefieres hacerse a un lado y consultar sus propios recursos aunque sean insuficientes o equivocados, agobiarse para finalmente bloquearse y escoger la decisión equivocada. Es otra forma de patanería. Otro ejemplo sería el del alumno que tiene miedo a preguntar dudas en clase por temor a que su cuestión sea ridiculizada por el resto de compañeros por simple. Este miedo absurdo provoca que no se aprenda bien y conduce al fracaso.En resumen: hay que preguntar, pero cuando realmente hace falta, en lugar de descuidar nuestra propia formación y previsión para luego delegarla en terceras personas que nos salven el día. No todas las facetas de la patanería son igual de graves o están homogéneamente repartidas en todas las sociedades. En esta entrega de la saga sobre la patanería hablaremos sobre unos fenómenos muy comunes entre sociedades como la española u otras similares donde predomina el lenguaje emocional. Y no olvidemos que el lenguaje que se usa determina también la actitud. O vice versa. Me refiero a la Autodefensa Absurda (AA) y al Enroque Absurdo (EA). Se tratan de las actitudes más descorazonadoras con las que no podamos encontrar a la hora de interaccionar con el prójimo.Autodefensa Absurda: Consiste básicamente en considerar cualquier alusión personal como un ataque en toda regla, y adoptar una postura a la defensiva bastante agresiva. Es propio de patanes tener una nula tolerancia a la crítica. De la autocrítica ya mejor ni comentar. Todo se convierte automáticamente en insulto sin solución de continuidad. Ni siquiera un reproche en tono correcto ante un acto incívico provoca un solo instante de bochorno o reflexión en un patán. Más bien al contrario, se torna agresivo y echa mano de frases tan lamentables como aquél “Yo hago lo que me da la gana”.También les resultará familiar la experiencia de realizar un comentario ligero y bienintencionado a alguien, pero que digamos se aleja de la mera adulación para que obtengamos una respuesta del tipo “oye que yo no me he metido contigo” o similar. De nuevo Autodefensa Absurda. De algún modo, el patán considera cualquier alusión a su persona o a cualquier cosa que haga como un ataque del que debe defenderse a toda costa y empleando cuanto más lenguaje emocional mejor, para intentar llevar a su interlocutor al terreno de lo estúpido y absurdo, donde nunca se consigue nada, pero donde el único que tendría algo que ganar en todo caso siempre es el patán.Enroque Absurdo: Otra actitud similar es la no ceder ni un milímetro en ninguna discusión, y mantener las posiciones iniciales propias hasta extremos rídiculos. “Lo sé, lo sé, pero no me vas a convencer” o “No pienso cambiar de opinión”, son frases que seguro hemos escuchado más de una vez. El patán se aferra a sus creencias y convicciones y considera que contrastarlas o ponerlas en duda es un acto de debilidad por el cual podrá ser atacado (y por lo tanto habrá de aplicar la autodefensa absurda), así que, dado el típico de debate de comensales a la hora del café/copa/puro; los patanes cercenan cualquier posibilidad de verdadero diálogo mediante el Enroque Absurdo (y a menudo Estridente) en sus posturas.Nunca aceptar nuevas ideas. Nunca plantearse las propias. Defender cualquier cuestionamiento sobre ellas de forma agresiva para que luego todo permanezca como estaba, pétreo. Es decir, discutir por puro deporte. El extremo más absurdo del E.A. viene cuando el personaje “enrocado” acaba tomando conciencia de que realmente pueda estar equivocado, y que lo más inteligente sería aceptar las ideas expuestas por otro, pero sin embargo eso sería considerado como una cesión inaceptable y en el enroque se vuelve más tozudo y sinsentido; con lo que se le da salida a la discusión recurriendo nuevamente a la A.A.Aceptar críticas ajenas y saber dialogar y discutir ideas dejando puertas abiertas a la incorporación de éstas a las nuestras es la base fundamental para el aprendizaje y el progreso. Estar constantemente alerta y en actitud defensiva ante cualquier cosa que venga del exterior, es una de las mayores patanerías en las que se puede incurrir. Hasta ahora nos hemos limitado a describir cualitativamente las diversas caras de la patanería, pero, ¿Se la puede medir? Sí. ¿Y en qué unidades? En unidades de volumen. Otra de las facetas que caracterizan al patán es su Desproporción del Volumen Vital (DVV).En sociedades modernas, es decir urbanas la densidad de población requiere unos hábitos de conducta especiales para hacer que la coexistencia sea sostenible. El tráfico, el transporte público y en general cualquier espacio de uso compartido enseguida se llena de usuarias. Ello requiere que debamos hacer un esfuerzo por minimizar nuestro espacio vital, el volumen que tanto nosotros como nuestros enseres ocupan. El patán, lejos de minimizarlo, lo maximiza, lo desproporciona. Veamos algunos ejemplos típicos:- En unas escaleras mecánicas, en lugar de hacerse a un lado, el patán se coloca justo en el centro,con sus bolsas a lado y lado o incluso ocupando varios escalones de forma innecesaria.- En un aparcamiento, el vehículo del patán ocupa más de una plaza, puesto que no se molesta en fijarse es las líneas del suelo.- Caminando por pasillos, el patán siempre lo hace de forma errática y con el centro de éste como línea de referencia, estorbando así todo lo posible. Además en general suele hacerlo de forma estridente.- De viaje, el patán siempre lleva un absurdo exceso de equipaje que no duda en colocar por todo el esacio que no le corresponde.Y así otros muchos ejemplos más. Mención a parte requeriría la obesidad patana; aquella que no es debida a patologías específicas si no a un desorden alimenticio desproporcionado fruto de la ignorancia en lo que a nutrición se refiere y también a la gula como fuente de satisfacción básica. Otro motivo más de DVV absurdo e innecesario.

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3 comentarios sobre “Caballero: una profesión, un oficio y un hobby; una construcción siempre incompleta

  1. Hola Estrellita,
    Regreso de la “redonda”, de llevar a mi padre y a mi hija a pasear un rato. Mi padre a contar sus historias de futbolista a los artesanos allí instalados y yo a intentar leer la veintitrés mientras Anahí me lo permite en el sector de juegos.
    Te voy a contar un secreto. Cuando venía a la Argentina a la casona de Grand Mère, mi abuela materna a la que no se podía tutear eramos muchísimos los primos que allí nos encontrábamos una vez al año. Al pasar el tiempo uno elige preferidos y enemigos. Una prima especial, un poco mayor que yo a la que seguía a todos lados y defendía a causa de su risa y su amable burla por mi acento, se llamaba Estrella.
    Gracias por la visita a un material aún no corregido.
    fraterno
    js

  2. Hola José Soriano, soy Delfina, hija del seminarista que conociste. Lo de las mujeres no me sorprende,pero lo de Tio Rico si, y mucho!! Ando de vueltas por la web, escribi el nombre de él a ver que salia, y aca estoy. Hoy se cumplen diez años de su muerte. Fue aqui en Paraná, Entre Rios, donde tuvo hijos, con dos mujeres, hasta donde sabemos… tambien donde luchó contra el represamiento del Paraná, donde daba clases… Lei a medias tus periplos, a pesar de la hora, sigo trabajando. Me gustaria saber mas de ese personaje que fue Anacleto, asi es que no dudes de escribirme. Un gusto, Delfina.
    p.d. prometo leer todo tu texto.

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