¿buenos argumentos? Telefónica reitera que cumplió con su contrato durante el terremoto en Perú

cangrejosEs sorprendente ver cómo funcionan las fracturas digitales en la vida real. Aceitadas máquinas de responder no logran ocultar los mecanismos por los cuales nos mantenemos alejados del desarrollo y el bienestar para todos.

Legitimamos con nuestra anomia o falta de compromiso la fractura que existe entre el norte y el sur. Aceptamos sin chistar comportamientos prohibidos y penados duramente en la frontera que pasa aproximadamente por Bruselas entre países del norte y los países del sur que, comenzando en España, para no desmerecer la caricatura, favorecen el territorio, el conservadurismo, el poder, la estática, la fidelidad, el yo “te protejo, tu me sirves”.

En la prensa internacional leo que la directora de Regulación de Telefónica, Hortensia Rosas, miembro de esta lista, explicó que en las primeras horas tras el sismo de 7,9 grados en la escala Ritcher que sacudió al país, se realizaron 230 millones de intentos de llamadas, un 400 por ciento más de lo habitual, lo que produjo una “saturación” del sistema, pero no un “colapso”. Se esforzó, junto al vicepresidente de Telefónica del Perú, Dennis Fernández, en justificar y argumentar en favor de la compañía que les paga para hacerlo. Bacán, es su trabajo. Ejercitando el nuestro, no he encontrado un solo argumento por el que no sea necesario consultar a la ciudadanía en referendum si se les renueva el contrato o no.


Evitaron cuidadosamente explicar -tal vez nadie se lo preguntó- por qué las tarifas peruanas son sensiblemente mayores que las del resto de la región, superiores incluso a las que cobran en España, mientras que la inversión no ha sido razonablemente equitativa con respecto al capital exportado como ganancia. Más importante aún, notoriamente no ha sido suficiente para cumplimentar los compromisos contractuales con el pueblo peruano.

Sólo se han limitado a declarar que han cumplido con el contrato sin demostrarlo. Por lo menos los reportes de prensa no muestran una sola prueba de que así haya sido. ¿Habrán mostrado algo a las autoridades?

Tampoco se refirieron -nuevamente, tal vez porque nadie se los preguntó- a la sensible baja de costo operativo que trae la utilización de protocolo IP en telefonía básica e internacional, que utilizan desde fines de los años 90 sin que se vea reflejado un correlato en las tarifas que se cobran a los usuarios, pero sí en los márgenes de las ganancias. Pero no es su culpa. Ellos hacen el trabajo que les pide la multinacional con sede en España. Lo hacen bien.
De nuestro lado el presidente de todos los peruanos, Alan García, culpó a las empresas de telecomunicaciones de imprevisión y falta de inversiones que pudieran evitar el bloqueo de las líneas telefónicas, al tiempo que el Congreso ordenó una investigación, cuyas conclusiones pueden estar listas el próximo 13 de septiembre. Mientras, no he podido hallar en la prensa información pertinente de los organismos que naturalmente deben controlar y proteger los derechos ciudadanos en telecomunicaciones.

No he encontrado reportes de economistas que hayan contrastado las inversiones con la exportación legítima de ganancias. Tampoco he hallado información de abogados, que sé que los hay, que hayan estudiado cómo es el contrato y nos informen qué debemos reclamar. Tal vez sea por la poca transparencia con que se ha tratado el tema desde el principio, pero tampoco he podido encontrar estudios comparativos de ingeniería sobre lo que la empresa tiene instalado en otros países equivalentes y el porcentaje comparativo entre beneficio e inversión en esos países. Menos aún cuales son las condiciones y presupuestos que hay en esos países para garantizar la capacidad de policía y eficacia de los organismos de control.

Pero volviendo a la realidad de todas las brechas, la que que más fuerte nos golpea es la existente entre personas cultas-incultas.

Aunque se confunde intencionalmente qué es ser culto: saber de dónde venimos, y qué es lo que debemos defender, es decir, lo nuestro, es la verdadera cultura sobre la que tendríamos que basar nuestro porvenir. Ya hemos visto a qué nos lleva la defensa irracional, con pocos argumentos, de intereses que no son los nuestros.

Marcelo Zlotogwiazda, se refiere a un conflicto similar que sostiene el gobierno de su país con la Shell: “las empresas desinvierten por las razones opuestas a las que las llevan a invertir.

Y, es de perogrullo, nadie invierte por los buenos modales con que se los trate, sino por las espectativas de rentabilidad del negocio en cuestión”.

En sentido inverso los gobiernos deben defender a sus ciudadanos. En otras palabras, billetera mata modales.

Hasta hace un tiempo el límite de lo nuestro era nuestra casa, nuestro barrio, nuestra provincia, nuestra cultura y nuestra nación. ¿no será tiempo de volver a ellos?

fraterno

js

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