He regresado al Perú varias veces, y estoy orgulloso…

kiosko3.jpgquiosco.gifLa realidad tiene una característica esencial y obvia: es lo que es, dice un amigo en los diarios de hoy. Y es verdad, la realidad no puede borrarse así como así. De lo que hacemos, bien o mal, siempre quedan las huellas. Que lo bueno sea reconocido o no, importa poco, porque está hecho. ¿Podría haber sido mejor? Seguro que sí. Pero es lo que la gente quiso y lo que hay: la realidad.

La primera vez que regresé al Perú, se me ocurrió hacer unos quioscos de periódicos que pudieran lavarle la cara a la Avenida la Colmena y aledaños, la que debía transitar todos los días a la salida del departamento en que viví con mis hijos a mi regreso del exilio en Francia.

perup1-1sol-1879-donateddobleclick_f.jpgY allí están todavía, frente al cine Colón en el pasaje y en la vereda del sol de la Colmena. Hexagonales, remplazando los cajones donde se vendían los diarios y revistas en esa época. Pero como en todo lo que se hace en el Perú, lo primero que encontró el proyecto fueron dificultades y ataques violentos. En ese caso venían de un edil que se opuso, junto a algunos canillitas, y finalmente lo prohibieron. Lo de siempre, innovación vs. estupidez.

Poco tiempo después, el mismo edil y los dirigentes canillitas, devenidos empresarios, se apropiaron de los kioscos y abortaron su expansión, que no les costaba nada a los vendedores de diarios ni a la municipalidad pues se pagaba con publicidad, y donde ellos se hicieron ricos, con plata del municipio. ¿Corrupción? Pero por supuesto que sí. ¿Si me molestó? Muy poco, a partir de la experiencia de mi padre aprendí a no esperar reconocimiento alguno y dejar atrás, pues lamentarse no permite avanzar.

La siguiente vez que regresé a mi tierra, en el 90, fue para traer el correo electrónico y las redes, lo que de inmediato fue el Internet.

Desde sus inicios el proyecto me costó el trabajo, la casa, la lejanía de los míos y el porvenir en un organismo internacional. De un día para el otro me encontré con un hijo recién operado de un tumor cerebral y con una hija recién nacida, sin casa, sin trabajo y sin plata. Muchas gracias Daniel Pimienta.

Pero, optimista no importó, pues pude regresar al Perú donde la red recién fundada se agotaba y ya empezaba la disputa entre los académicos más ricos, para ver quién se quedaba con los despojos y hacerla excluyente a su imagen. En esta oportunidad, a tiempo, fue posible imponer con mucho esfuerzo la innovación.
Sin sueldo por años, comiendo mis ahorros, me tocó-junto a otros arriezgados- inventar una institución que fuera de todos los peruanos, basándome en la generosidad de estudiantes e ingenieros, inventando un Consejo Directivo que incluyera a todos los sectores, que fuera un modelo original, distinto completamente del “cut and paste” y a los modelos que hasta ese momento se habían creado en la región. No fue fácil, pero lo hicimos aprendiendo de errores ajenos.

Me costó evangelizar diariamente, rogar, hasta humillarme para que se superen envidias, sobre todo ambiciones y enfrentamientos. Sin ningún apoyo institucional. Solos como una armada Brancaleone, logrando una enorme presencia y autoridad internacional y forzando con los hechos, con la realidad que es la única verdad, a que las instituciones y personas dieran su apoyo.

Logramos hacer que la red fuera grande. Un modelo distinto y envidiado en todo el mundo. Un modelo propio, con visión e imagen propia peruana. Reconocida mundialmente y confirmada en la práctica como la única red autosuficiente de la región. ¿Pero a qué costo personal?

Cuando propios y extraños comenzaron a ver que Internet podía ser un gran negocio, y lo avanzado que estaba nuestro país, se privatizaron las telecomunicaciones. Como todos saben, “liberalizaron” el mercado y vendieron todo a una sola compañía -contra todo sentido común, político y económico-, creando un monopolio de facto. La poca competencia se vio ahogada con los recursos económicos que compraban todo, hasta las conciencias. Y comenzó nuestra guerra en el desierto, que nos llevó a ganar muchas batallas contra el depredador, de las que me siento, y muchos conmigo, orgullosos.

Pero volvamos a nuestra visión que partía de nuestra realidad concreta, que dio como resultado nuestro tercer orgullo: “las cabinas públicas”.

Debí imponerlo, costó amistades, enfrentamientos y traiciones, pocos comprendían lo que hacíamos y se iniciaba la fuga constante de ingenieros, técnicos y “consultores” detrás de la plata y un puesto en las corporaciones. A pesar de ello durante casi una década fuimos fijadores de precios, de estándares, de una forma de atención al usuarios única, de servicios nuevos y originales, basamos el crecimiento en la innovación y el conocimiento profundo en lo que hacíamos.

Teníamos una visión que iba mas allá, fuimos generosos y el modelo era participativo.

Miles de servicios que hoy son éxito en otra parte fueron originados en la red rudimentariamente. Fuimos creativos e innovadores. En otra realidad, en otro lugar donde se aprecie lo propio antes que lo ajeno, seríamos un gran emprendimiento y miles de millones hubieran fluido hacia el Perú. Pero nos ocurrió como al chancho de mi abuelo, ese que no tiene culpa, pero se lo comieron por ayudar…

Siempre hubo en esa época peruanos de RCP en todos los foros internacionales. Orgullosos y reconocidos como líderes regionales, sin apoyo del gobierno como ocurría en todos lados. Se admiraba sobre todo nuestra independencia.

Pero el balde de cangrejos comenzó a funcionar perfecto. ¿Cómo el modelo peruano va a ser mejor? ¿Cómo alguien que es mi par va a saber más que un extranjero? ¿Cómo sin plata se le puede ganar a la monstruosa corporación? Gracias a los que saben quiénes son fue necesario recomenzar desde cero, desde abajo del balde varias veces y al final nos sacaron hasta el balde y en el Perú perdimos una oportunidad única.

Es probable que tenga responsabilidad en haber perdido la última batalla, pero después de ella, la única verdad es la realidad y yo puedo seguir mirándome al espejo y recordar que nadie me puede quitar lo bailado. Por suerte no necesito de otros para saber quién soy.

Otros, Les imbéciles heureux qui sont nés quelque part ¿podrán hacer lo mismo?. Ellos saben quienes son y qué es lo que han hecho, también lo que no, yo no los nombraré ni ahora ni nunca, porque no importan. O tal vez si lo haga, pero frente a frente, sin testigos, como me han enseñado que hacemos los peruanos del norte. También están los que en su vida lo único que han hecho es comer de lo que hacen los demás, los tinterillos y amancebados:los felipillos. Tampoco importan, pues son sólo una circunstancia al igual que yo lo fui. No volveré al Perú y me resigno.

Como me dijo Randy Bush el otro día: reconocemos a un verdadero pionero cuando tiene muchas flechas clavadas en la espalda. Porque por suerte, la única verdad es la realidad.

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Un comentario sobre “He regresado al Perú varias veces, y estoy orgulloso…

  1. La realidad es que, gracias a RCP, muchas instituciones en el Perú (ONGs, universidades, organismos del estado, empresas privadas y públicas) tuvieron tarifas de acceso a Internet muchísimo más bajas que lo que cobraba la española Telefónica en otros países (por ejemplo, Argentina). Es decir, RCP “madrugó” a esa empresa, de cuya voracidad nadie duda a estas alturas. Menos mal.

    La realidad es que las tarifas de conexión eran cuotas solidarias que sirvieron para desarrollar la infraestructura de RCP, beneficiando a los que la conformaban, es decir, los mismos usuarios.

    La realidad es que Telefónica al principio escuchó el planteamiento peruano generoso de RCP de integrarla como un miembro más del consorcio y su comportamiento fue hipócrita, mostró un interés que no tenía para después dedicarse a tumbar a la RCP, haciéndole una competencia desleal.

    La realidad es que los usuarios de toda condición, especialidad, ocupación, por miles, sin costo, asistieron al local de RCP a conseguir una explicación teórica y práctica de la nueva tecnología para aplicarla en sus labores en la casa o en el trabajo, en sus proyectos personales o en sus instituciones.

    La realidad es que los usuarios pagaban los precios más bajos de acceso a Internet en LAC.

    La realidad es que por primera vez los usuarios tuvieron un espacio que se llamó “cabina pública Internet” que les posibilitó el uso de la nueva tecnología aún sin poseer una computadora y/o un teléfono.

    La realidad es que -nadie puede poner esto en duda- la cabina pública Internet fue inventada en RCP, cuando en ningún lugar del mundo todavía se pensaba en un espacio similar. Y esto fue solamente un resultado del afán sincero de alcanzar el objetivo concreto del acceso universal (para todos los peruanos) encarando el problema de que la mayoría de los peruanos no tenían una línea telefónica y, menos, una computadora.

    La realidad es que este modelo fue implementado exitosamente en otros países (El Salvador) y copiado por casi todos los países de LAC con las mismas necesidades y problemas parecidos a los nuestros.

    Lamentablemente, es verdad eso de que “el peor enemigo de un peruano es otro peruano”. Cuando aprendamos a respetarnos mutuamente, cuando para nuestro espíritu sea inconcebible la utilización de otro compatriota para el logro de objetivos particulares antes que solidarios, entonces no dejaremos escapar oportunidades como la que se presentó en la década del 90.

    Me duele ver que muchos empresarios, para tener éxito en una empresa innovadora, forman una empresa en Miami, de este modo ganan credibilidad ante el estado peruano u otras empresas peruanas.

    csv

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