Scott Robinson y las tres fases de las TIC en Latinoamérica

Enviado por Eiko Kawamura el Lun, 2007-08-20 15:03
DSC03431.JPGLa semana pasada se reunieron en Tarapoto (Perú) algunos investigadores en temas de tecnología de información y comunicación quienes presentaron trabajos referidos al uso de las TIC para el desarrollo social. La primera reunión fue en la Universidad César Vallejo de Tarapoto donde Scott Robinson, docente de la Universidad Autónoma de México reflexionó acerca de las tres fases que han atravesado las TIC en Latinoamérica.

“Robinson señala que no sabe qué es lo que sigue pero se teme que vamos a entrar en una etapa de preocupación por la seguridad que implicará reforzar los aparatos de policías, militares, en nombre de la lucha contra el terrorismo que puede también abarcar los contenidos en Internet.“No es descabellado pensar que como hacen los chinos, que tienen 30 000 individuos revisando a diario la actividad de los usuarios de sus miles de cibercafes que en ciertos estados conservadores en Latinoamérica comienzan a censurar páginas web y contenidos en los servidores en su espacio nacional, no lo descarto y eso es muy preocupante”

Scott Robinson señaló que los antropólogos como él, son estudiosos del comportamiento humano que incluyen los signos y metáforas que utilizamos en esta fauna humana, en la que somos los únicos capaces de transmitir signos complejos y con sentido para comunicarnos y que es allí donde radica nuestra relación con el uso de la tecnología. Mencionó que en Internet hay una representación de distintos signos que utilizamos para comunicarnos a diario. “Todos nos comunicamos de una nueva forma y la cultura digital emergente de la que los jóvenes son adictos, se insertan en esta cultural que ha crecido y evolucionado”.

Luego prosiguió comentando las tres fases de las TIC. Señaló que la primera fase se desarrolló el último lustro de los años 90’ donde hubo una expansión lenta del acceso a Internet a través de proyectos piloto en varios países Latinoamericanos que fueron masificándose (por ejemplo, el modelo de cabinas públicas en el Perú). Los discursos que se generaron en Internet provocaron una legitimidad de la figura del telecentro como un componente de la solución para la pobreza urbana y rural. Esto convenció a las élites políticas y estratégicas que toman las decisiones en las cúpulas de nuestros países, de que el telecentro era una figura digna de ampliarse con los recursos limitados del Estado y fueron apoyados en su decisión por empresas de hardware, software y conectividad que podrían lucrar con los enormes contratos y licitaciones para colocar sus productos en las escuelas, centros de salud, bibliotecas públicas, etc. La segunda fase se desarrolló entre el 2000 y el2001 cuando casi todos los países tenían en marcha o al menos anuncios de que iban a repartir sus recursos públicos en telecentros en sus respectivos territorios nacionales. Esto ha sucedido de tal modo que ahora en el 2007 tenemos un universo de cabinas públicas o cybercafés que nadie ha censado realmente, que son quizás 150 000, 200 000, nadie sabe cuántos son en Latinoamérica. Al mismo tiempo y en contraste tenemos miles de telecentros oficiales que ahora languidecen en muchas instituciones públicas, los equipos han sido derrumbados, los contenidos no son culturalmente apropiados para la juventud. La tercera fase es una enorme indecisión de ambivalencia por parte de las cúpulas sobre qué hacer con un pueblo que está cada vez más informado pero con menos oportunidades de empleo y puede utilizar Internet como un mecanismo de movilización de la oposición y resistencia a las políticas de control de presupuestos o reducción de servicios públicos y sanitarios, que al mismo tiempo conlleva al enriquecimiento de cúpulas cada vez más poderosas. Entonces tenemos este escenario actual de un pueblo juvenil conectado, informado de cierto modo pero que vive todavía colonizado por la televisión y la radio que promueven el consumo de Internet y los contenidos como una extensión de los mismos medios tradicionales. La radio juvenil, hace juego “mándame un mail aquí a la emisora con la canción favorita para tu novio, etc.” y la televisión promoviendo productos disponibles en la página web. Hay una cultura de uso alrededor del consumo cultural tradicional, y el consumo mercantil, que está claudicando un uso más creativo, más experimental, y más disidente, dirigido a la construcción de conocimientos y el cuestionamiento del poder y de las injusticias.

Robinson asegura que estamos en una coyuntura nueva, donde no hay un reconocimiento público de las cúpulas de que el proyecto ha sido un gran negocio para ellos mismos pero no resuelve ni va a resolver el problema mismo de la pobreza urbana y rural. “Para el pueblo ha sido poco benéfico y encontramos altísimas tasas de migración hacia Europa y Estados Unidos con enormes sacrificios de los migrantes. El problema va a ser cada vez más de control social de las rebeliones y la oposición y los movimientos sociales que están hartos de la pobreza, la penuria y la corrupción que miran a su alrededor y la polarización entre ricos y pobres en su país”.

¿Y ahora qué sigue? Robinson señala que no sabe qué es lo que sigue pero se teme que vamos a entrar en una etapa de preocupación por la seguridad que implicará reforzar los aparatos de policías, militares, en nombre de la lucha contra el terrorismo que puede también abarcar los contenidos en Internet,. “No es descabellado pensar que como hacen los chinos, que tienen 30 000 individuos revisando a diario la actividad de los usuarios de sus miles de cibercafes que en ciertos estados conservadores en Latinoamérica comienzan a censurar páginas web y contenidos en los servidores en su espacio nacional, no lo descarto y eso es muy preocupante”.

Finalmente señala que los proyectos de desarrollo que hacen uso de las TIC, todavía no son una alternativa al uso de Internet como extensión de los medios tradicionales, menciona que nos encontramos en una etapa de revisión casuística individual de estos proyectos y que no hay una metodología común o consensuada de cómo evaluar los proyectos pilotos. Estos “siguen siendo inmaduros, difíciles de evaluar, más allá de que se instalaron, no hay una política de información culturalmente apropiada para los distintos grupos heterogéneos de usuarios tomando en cuenta su condición étnica, lingüística y ecológica”.

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