El desarrollo digital al servicio de la equidad

machinea2ok.jpgEl desarrollo digital al servicio de la equidad

Columna de opinión de José Luis Machinea, Secretario Ejecutivo de la CEPAL. Publicada por el diario La Tercera, Chile.


La revolución digital, impulsada por los cambios tecnológicos, está transformando al mundo que conocíamos hasta hace tan sólo unos años. Sin embargo, existe el peligro de que millones de personas queden al margen de las nuevas oportunidades. El desafío que los países de América Latina y el Caribe confrontan es cómo impulsar estrategias y políticas públicas que, promoviendo el desarrollo, reduzcan las diferencias entre ricos y pobres, entre habitantes de la ciudad y del campo, así como entre hombres y mujeres.

La región ha experimentado importantes progresos en el campo de las tecnologías de la información y la comunicación. Por ejemplo, el número de usuarios de Internet se multiplicó por 12 en los últimos seis años, reduciendo América Latina y el Caribe en algo la brecha con el mundo desarrollado. Sin embargo, este éxito es relativo e insuficiente: sólo el 14% de la población de América Latina y el Caribe accede a Internet, mientras que más del 50% de la población de los países desarrollados accede a esta red digital. Esta realidad se agrava considerablemente cuando se consideran zonas rurales y de bajos ingresos.

Los avances hacia el acceso universal a Internet y los servicios digitales ayudarán a reducir la heterogeneidad estructural pero ello exige de una combinación innovadora de políticas públicas explícitamente orientadas hacia el crecimiento y la equidad. Modernizaciones regulatorias que incentiven inversiones y abaraten costos de acceso en telecomunicaciones, el desarrollo de la infraestructura digital del sector público y la emergencia de redes nacionales de infocentros, constituyen tres caminos que facilitarán el acceso ciudadano en hogares, empresas, así como a través de escuelas, municipios, comunidades locales y centros de salud.

La construcción de nuevas capacidades constituye otro reto fundamental. Es necesario expandir en forma sostenida el esfuerzo en materia educacional al campo digital, universalizando el acceso a computadoras e Internet, digitalizando contenidos e integrándolos al curriculum educacional, y acelerando el aprendizaje de profesores y docentes.

Finalmente, el impulso de la sociedad de la información es la digitalización del sector público, lo que mejorará la coordinación interinstitucional e incrementará la eficiencia y transparencia del gasto.

El rápido avance de la tecnología, los procesos de desarrollo en la región y la necesidad de manejar sabiamente los recursos disponibles hacen imprescindible la cooperación regional: entre países, entre el sector público y el privado, entre el gobierno y la sociedad civil. De allí que resulte crucial la convergencia de esfuerzos regionales que culminarán en la reunión gubernamental de Río y en la propuesta regional eLAC 2007.

Las condiciones para este paso histórico son muy favorables: existe voluntad y creciente conciencia en los países, se han desarrollado condiciones para la inversión privada que deberán mejorar en los próximos años, al mismo tiempo que los gobiernos han acumulado más experiencia y capacidad.

Los beneficios potenciales son inmensos: avanzar hacia un comercio regional expedito y flexible basado en transacciones electrónicas y sin papeles; mayor coordinación pública en áreas tales como ciencia y tecnología, educación, salud, previsión y situaciones de catástrofes; acción mancomunada con el sector privado; ampliación de los espacios de participación de la población y las ONGs.

Construir una sociedad en la que todos puedan crear, utilizar y compartir información y conocimientos, permitiendo así que individuos, comunidades y naciones utilicen todo su potencial para promover un desarrollo sostenible y mejorar su calidad de vida es un desafío del que nadie se puede restar.

José Luis Machinea
Secretario Ejecutivo,
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)

 

AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE VIVE UN TIEMPO DE AMENAZAS Y DE OPORTUNIDADES

Por JOSÉ LUIS MACHINEA  especial para LACNIC Newsletter

machinea2ok.jpgOportunidades, porque la revolución tecnológica y la apertura de los mercados internacionales ofrecen múltiples caminos para contar con más crecimiento de la economía, mayores y más diversos mercados, más y mejores empleos; en suma, mayor bienestar para las familias. Amenazas, porque si el proceso de globalización no se conduce pensando en el beneficio de las mayorías, puede profundizar nuestros problemas crónicos de pobreza y de desigualdad de ingresos que la región arrastra de un pasado ya lejano. Hoy en día las personas entran en contacto en tiempo real, no importa en qué lugar del mundo se encuentren. La internacionalización de la economía hace que los estados nacionales tengan menos peso en muchas decisiones, y las culturas locales se relacionan con otras similares sin mediación del Estado nacional. Emergen manifestaciones de la diversidad y de la presencia en una misma sociedad de grupos con diferentes códigos culturales, y se genera un gran abismo entre el consumo simbólico y el consumo material.
Un sentimiento de perplejidad, y a veces de oposición a lo que acontece, tiende a recorrer el espíritu de los más diversos sectores sociales. Perplejidad ante lo no bien conocido, ante reglas del juego aún no bien dominadas, ante la incertidumbre de los resultados que tales reglas pueden ofrecer. Actores que bien podrían estar llamados a construir espacios de interacción positiva, no están provistos de una comunidad de principios de cooperación y de comunicación.
Si bien las razones de los desencuentros suelen ser múltiples, destaca entre ellas el endeble asidero material de la cohesión social, aunque ciertamente el problema trasciende la mera satisfacción material.
La cohesión social es un concepto que va más allá de las brechas económicas y sociales que separan a los habitantes de la sociedad. Va más allá también de las nociones de capital social, de integración y exclusión. Las abarca a todas ellas. La cohesión social se define como la dialéctica entre mecanismos instituidos de inclusión/exclusión sociales y las respuestas, percepciones y disposiciones de la ciudadanía frente al modo en que ellos operan. Este concepto permite vincular dimensiones de la realidad que generalmente transcurren por carriles divorciados: la política social y el valor de la solidaridad; las sinergias entre equidad social y la legitimidad política; la transmisión de destrezas y el apoderamiento de la ciudadanía; los cambios socioeconómicos y los cambios en la subjetividad colectiva; la promoción de mayor igualdad y de reconocimiento de la diversidad, sea de género, de etnia, de raza; las brechas socioeconómicas y el sentido de pertenencia.
La cohesión social es un fin y también un medio. Como fin, es objeto de las
políticas públicas, en la medida que éstas apuntan a que todos los miembros de la sociedad se sientan parte activa de ella, aportando al progreso y siendo sus beneficiarios. En una inflexión histórica de cambios profundos y veloces, recrear y garantizar el sentido de pertenencia y de inclusión es, en sí mismo, un fin. Pero ella, en más de un sentido, es también un medio. Sociedades que ostentan mayores niveles de cohesión social brindan un mejor marco institucional para el crecimiento económico, y operan como factor de atracción de inversiones al presentar un ambiente de confianza y reglas claras. Lograr mayores niveles de cohesión social implica un nuevo contrato social. Porque las políticas públicas de largo plazo que aspiran a igualar oportunidades requieren de fuerza social y política a la vez que de continuidad y perseverancia en su implementación. Ello requiere que los actores se sientan parte del todo, y estén dispuestos a ceder parcialmente en sus intereses personales, en aras del bien común. Una mayor disposición de la ciudadanía a apoyar la democracia, a participar en asuntos públicos y espacios de deliberación, a confiar en las instituciones y un mayor sentido de pertenencia a la comunidad y de solidaridad con los grupos excluidos y vulnerables, facilita lograr los pactos sociales que son necesarios para respaldar políticas pro-equidad y pro-inclusión.

José Luis Machinea
Secretario Ejecutivo,
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)

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