Orín y excremento el enmascarado no se rinde y las palabras proscriptas amnistiadas por Fontanarrosa: Presente hasta la Victoria…a veces.

solitario.jpgEste post me reconforta cuando lo leo tres meses después de haber sido escrito. Me jode todo en este invierno sureño y ando de muy mal humor. No soporto lo que veo y me ahoga tanto el asma como la liquidez perversa de la realidad. ¿Será que me estoy volviendo cascarrabias, o es la cortizona?. No, no es verdad, todos mienten, el negro Fontanarrosa no ha muerto. Como el decía a los adictos del siempre: “Presente hasta la victoria… a veces!”

xxy.jpgEn todo caso ahora vengo de ver una excelente película : XXY. La recomiendo sin comentarla incluyendola también por el escenario en que transcurre. Me hace extrañar mi casa de Bellavista en Maldonado, Uruguay, cerca de Piriápolis donde fué filmada. Me recuerda también que como dice uno de los personajes “me fuí para no escuchar las opiniones de cualquier pelotudo”; escuchar a los porteños a mi alrededor mientras vamos saliendo del cine explica tantas cosas. Que lástima de ciudad. Que lástima que gente que con tanto talento se desperdicie así.

Lo dicho tantas veces, aquí en el sur domina el tema del poder. Desde viajar en colectivo, andar en subte, conversar o hacer literatura todo gira alrededor del “poder”.

Hace uno días nos precedió Fontanarrosa y al final de este artículo hay otro publicado por Clarín en donde se transcribe la hermosa defensa de la diversidad que realizó el Negro solicitando una amnistía para las malas palabras.

Orín y excremento son palabrejas que en esta tarde de otoño porteño huelen muy mal, como la piolítica*. Mientras mi hija Anahí de tres años vocifera que quiere caca, corriendo desaforada por los pasillos y hasta saliendo al balcón, me pregunto como hablan con sus hijos los pacatos hipócritas que no usan las palabras pis y caca en público o por escrito. Tendrá que ver con los problemas de “tránsito lento”de la mayoría de los habitantes urbanos atados al stress y a la figuración. ¿O es simple pelotudez “políticamente correcta”?.

En una de las listas que habitualmente frecuento y en la que a veces colaboro me han cuestionado el título copiado de Quino: “Pis y caca el enmascarado no se rinde”. Con comprensión y casi con afecto, “de buena onda”, me solicitan que lo cambie sin darse cuenta, que con ello, se cambia el fondo del mensaje. En otras listas más pacatas al ingresar correos que contengan en su texto la palabra “bestia” los correos son directamente”banned because inapropiate language”.

¿Sera porque a pesar del inglés son listas españolas?.

Como diría el otro, vamos pepe!… no seas malo.

Laura mi mujer no ayuda cuando me dice que le cuente la anécdota a don Joaquín Salvador Lavado y que no me caliente más, que me vaya a dormir.

Pero como en el calendario Azteca el día es auspiciado por Xochitl yo apenas si me atrevo a reflexionar, que es lo que aconsejan, y me mando esta nota que me sale, así, directamente de las entrañas.

Como en Gran Hermano, el éxito de la TV, el comportamiento de los participantes en las listas son el reflejo bizarro de las sociedades y la época en que vivimos. De curioso que soy, nomás, ando preguntando a derecha e izquierda que es lo que motiva que haya tantos lukers y tan pocos “activos” en las diversas listas especializadas en las que participo.
Trato de entender. Me pregunto por qué tiene más éxito tal o cual entrada. O cual es el sentido de mandar un post general para decir alguna banalidad o repetir un [SPAM] o simplemente aprobar o saludar.
Seguramente los valores económico-culturales simbólicos del liberalismo salvaje, contra los que fuimos pocos los que nos atrevimos a levantar la voz in situ “and @ time”, nos dejaron contaminados, marcados por la huella de la década pasada.

También la educación y más profundamente la cultura deben meter la cola en este intríngulis. Y ya que estamos hablando de la bestia, como decía el otro día un amigo, se trata más bien de la ideología…o simplemente de la humanidad una dolencia que todos sufrimos.

La maledicencia, la competencia sin objeto, el individualismo, la condición de ser solo espectador en un mundo líquido que cambia constantemente y donde todos debemos amoldarnos en movimientos de pánico vertiginoso, sin respiro, son las reglas que cada día nos tratan de forzar al conformismo.

Analizando el éxito mundial de “Gran Hermano”, otro amigo, Ernesto Lamas, acierta agudamente cuando indica que en ese juego televisivo se eliminan a los líderes como metáfora social.

En el juego, por voto de la audiencia, se deja fuera a cualquiera capaz de conducir o cuestionar “las reglas de la casa” y se los “castiga” con el efímero chisporroteo de los flashes al momento de expulsarlos a la realidad y una efímera y superficial fama.
A los que se quedan, pobres, los ingenuos, “los buenos”, se los “premia” permitiéndoles seguir dentro de la caja, la misma en la que se meten los “buenos” de la vida real después del trabajo, hipnotizados, sin vida propia.

Lo mismo que nos pasa en los procesos electorales donde los ciudadanos estamos “atrapados y sin salida” entre mínimos rangos que nos acorralan entre lo malo y lo peor. Para tener este efímero triste presente hemos sacrificado el porvenir.

Hace un rato me homenajearon llamandome cariñosamente”zurdo”, luego me dijeron bolche, así, a la antigua.

Como siempre y que también pasa en esta época triste es que cualquier propuesta de cambio es inmediatamente tildada, excluida, acusada de tener “otras intenciones”. Peor aún, acusada de lo que socialmente esté de moda y “chapeada” para poder excluirla y así quedar superficialmente tranquilos de “pertenecer”por un rato.

¿Pertenecer a qué? Esa es otra historia… que continuará como en las series del Llanero Solitario

UNA INTERVENCION RECORDADA – Vía Clarin – diario Argentino –
Defensa de las malas palabras ante la Academia
Fue uno de los pocos que hizo reír al público en el Congreso de la Lengua en Rosario, en el 2004. En una mesa redonda, defendió las palabras proscriptas.



No sé que tiene que ver con lo de la internacionalización, que, aparte, ahora que pienso, ese título lo habrán puesto para decir que una persona que logra decir correctamente in-ter-na-cio-na-li-za-ción es capaz de ponerse en un escenario y hablar algo —porque es como un test que han hecho—.Algo tendrá que ver el tema, éste, el de la malas palabras, por ejemplo, con éste, como el que decía el amigo Escribano (José Claudio Escribano). Se nota que es tan polémica esta mesa que es la única a la que le han asignado “escribano” para que se controle todo lo que se dice en ella.

Es un aporte real en cuanto al intercambio. Me ha tocado vivir, cuando he tenido que acompañar a la Selección Argentina a partidos (de fútbol) en Latinoamérica. El intercambio que hay en esos casos de este lenguaje es de una riqueza notable; es más, en Paraguay nos decían “come gatos” que es, estrictamente para los rosarinos, “un rosarinismo”.

Un Congreso de la Lengua es, más que todo, para plantearse preguntas. Yo, como casi siempre hablo desde el desconocimiento, me pregunto por qué son malas las malas palabras, quién las define como tal. ¿Quién y por qué? ¿Quién dice qué tienen las malas palabras? ¿O es que acaso les pegan las malas palabras a las buenas? ¿Son malas porque son de mala calidad? ¿O sea que cuando uno las pronuncia se deterioran? ¿O, cuando uno las utiliza, tienen actitudes reñidas con la moral?

Obviamente, no se quién las define como malas palabras. Tal vez sean (ellas) como esos villanos de viejas películas —como las que nosotros veíamos—, que en un principio eran buenos, pero que al final la sociedad los hizo malos. Tal vez nosotros, al marginarlas, las hemos derivado en palabras malas. Lo que yo pienso es que brindan otros matices, muchas de ellas. Yo soy fundamentalmente dibujante, con lo que uno se preguntará: ¿qué hace ese muchacho arriba del escenario? Manejo muy mal el color, por ejemplo, pero a través de eso sé que cuanto más matices tenga uno, más puede defenderse, para expresarse, para transmitir, para graficar algo; entonces: hay palabras, palabras de las denominadas malas palabras que son irremplazables, por sonoridad, por fuerza, algunas incluso por contextura física de la palabra. No es lo mismo decir que una persona es tonta o zonza que decir que es un pelotudo. Tonto puede incluso incluir un problema de disminución neurológica realmente agresivo.

El secreto de la palabra pelotudo, ya universalizada —no sé si está en el diccionario de dudas—, está en que también puede hacer referencia a algo que tiene pelotas. Puede hacer referencia a algo que tiene pelotas, que puede ser un utilero de fútbol que es un pelotudo porque traslada las pelotas; pero lo que digo, el secreto, la fuerza, está en la letra t. Analicémoslo —anoten las maestras—: está en la letra t, puesto que no es lo mismo decir zonzo que decir peloTudo.

Otra cosa, hay una palabra maravillosa que en otros países está exenta de culpa —esa es otra particularidad, porque todos los países tienen malas palabras pero se ve que las leyes de algunos países protegen y en otros no—, hay una palabra maravillosa, decía, que es carajo. Yo tendría que recurrir a mi amigo y conocedor, Arturo Pérez Reverte, conocedor en cuanto a la navegación, porque tengo entendido que el carajo era el lugar donde se colocaba el vigía, en lo alto de los mástiles de los barcos para divisar tierra o lo que fuere; entonces mandar a una persona al carajo era estrictamente eso, mandarlo ahí arriba.

Amigos mexicanos con los que estuve cenando anoche me estuvieron enseñando una cantidad de malas palabras mexicanas. Ahora que lo pienso creo que me estaban insultando porque se suscitó un problema con la cuenta a la hora de pagar. Me explicaban que las islas Carajo son unas islas que están en el océano Indico.

En España, el carajillo es el café con coñac y acá apareció como mala palabra, al punto que se llega a los eufemismos, se decía caracho; es de una debilidad absoluta y de una hipocresía… ¿no?

A veces hay periódicos que ponen: “El senador Fulano de Tal envío a la m… a su par”. La triste función de esos puntos suspensivos, realmente el papel absurdo que están haciendo ahí, merecería también una discusión acá, en el Congreso de la Lengua.

Voy a ir cerrando. Hay otra palabra que quiero apuntar que creo es fundamental en el idioma castellano, que es la palabra “mierda”, que también es irremplazable. El secreto de la contextura física está en la r —anoten las docentes—, porque es mucho más débil como la dicen los cubanos: mieLda, que suena a chino, y eso —yo creo que ahí está la base de los problemas que ha tenido la Revolución cubana—, le quita posibilidades de expresividad.

Voy cerrando, después de este aporte medular que he hecho al lenguaje y al Congreso. Lo que yo pido es que atendamos a esta condición terapéutica de las malas palabras. Mi psicoanalista dice que es imprescindible para descargarse, para dejar de lado el estrés y todo ese tipo de cosas. Lo único que yo pediría (no quiero hacer una teoría) es reconsiderar la situación de estas palabras. Pido una amnistía para la mayoría de ellas. Vivamos una Navidad sin malas palabras e integrémoslas al lenguaje, que las vamos a necesitar.

Roberto Fontanarrosa

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