Tiflolibros, biblioteca virtual para ciegos de habla hispana

Vía Clarin, AP

Cuenta con 3.000 usuarios de 40 países y más de 20.000 volúmenes, la mayoría en español, aunque también hay en alemán, inglés, portugués y hasta latín. Su acceso es gratuito y y también descarga los libros en la PC. Un sistema lector “lee” con una voz sintética lo que está escrito en la pantalla del monitor.


Cuando cumplió los 10 años, Edgardo Etchevarría ya había leído La Odisea de Homero. La literatura fue, junto a la medicina, la gran pasión de su vida. Pero a los 70 años, cuando a raíz de una infección en la retina perdió la vista, sintió que su mundo estaba acabado.

“Ya no podía ejercer y lo único que me quedaba era la lectura. Al principio busqué en bibliotecas para ciegos, pero no leía Braille y la mitad de los audiolibros (casetes grabados en los que se reproduce un texto) que tenían ya los había leído todos”, contó el médico de 83 años. El acceso a textos era escaso en su pueblo de Laguna Alsina, a unos 400 kilómetros al suroeste de Buenos Aires. A veces algunos amigos se ofrecían a grabarle novelas en casete, que devoraba en unos días.

Ya se había resignado cuando se enteró que un grupo de argentinos habían creado Tiflolibros, una biblioteca virtual para ciegos que a través de un sistema lector que dicta con una voz sintética lo que está escrito en la pantalla del monitor. “Tiflolibros fue un punto de inflexión en mi vida porque me devolvió la capacidad de ampliar mis conocimientos a través de la literatura. Me permite poder seguir usando mi cerebro y evitar que se me oxide y se convierta en una momia”, explica Etchevarría entre risas.

Tiflolibros nació en 1999 casi por azar. “Con el trabajo que significa escanear una obra y corregirla para que quede legible, empezamos a intercambiar los libros que habíamos escaneado un grupo de personas. Y con esa idea del intercambio surgió una lista de correo electrónico en la que nos pasábamos un listado de las obras de las que disponíamos. En la medida que fue creciendo se fue armando la biblioteca”, contó Marta Traina, de 37 años, encargada de prensa y comunicación de la biblioteca.

Tiflolibros cuenta hoy con unos 3.000 usuarios en 40 países y sus más de 20.000 volúmenes -la mayoría en español, aunque también hay en alemán, inglés, portugués y hasta latín- son la envidia de muchas bibliotecas de papel y tinta. “La oferta es muy variada. Como los libros que se incluyen en la biblioteca responden a los intereses de los lectores, entre los 3.000 usuarios hay gente que viene de distintas disciplinas, con distintos intereses. Algunos leen novelas policiales, a otros les gusta el esoterismo, hay filósofos, psicólogos y niños”, detalló Traina, que perdió la vista hace más de 10 años por culpa de la diabetes.

Tifolibros es la primera biblioteca digital para ciegos de habla hispana y la que posee mayor cantidad de obras en ese idioma. Su paralelo en inglés es la librería virtual estadounidense Bookshare creada en 2002, con 31.100 obras, y que recién ha empezado a incorporar títulos en español. Sin embargo, sólo puede ser utilizada por usuarios que viven en Estados Unidos. Existen varias bibliotecas para ciegos en español con mayor volumen de obras, pero en Braille o audiolibros.

El acceso de los usuarios de Tiflolibros a los textos se realiza a través de un portal de Internet. Luego de identificarse con un usuario y una contraseña -que se generan al momento de suscribirse a la biblioteca– pueden realizar una búsqueda de libros utilizando diferentes criterios: por autor, título, género o categoría. Una vez que han encontrado el libro que desean, con comandos breves y simples hacen su pedido por correo electrónico o seleccionándolo desde el menú. En cuestión de minutos el libro les es enviado a su casilla de correo electrónico. También se distribuye una lista de correo con novedades de la que participan todos los socios.

André Duré, un programador de computación también ciego, fue el encargado de desarrollar los sistemas que administran la biblioteca y que permiten cifrar los libros de manera tal que sólo puedan reproducirse a través de un lector de audio. “El programa rector de todo el compendio de Tiflolibros es el Tiflolector. Fue diseñado para otorgar cierta seguridad al libro digital. Si el texto se reprodujera en pantalla como cualquier otro podría ser impreso o copiado. Entonces lo que ideamos fue un formato encriptado. Lo que se guarda no es el texto real sino un mensaje cifrado y la única forma de abrirlo es con el Tiflolector, que permite que el texto sea leído por el lector de pantalla pero en ningún momento aparece en pantalla”, explicó Duré de 29 años, esposo de Traina.

El Tiflolector, como el acceso a los libros de la biblioteca, es gratuito. El corazón de la biblioteca funciona en un viejo departamento del barrio de Boedo. Allí trabajan seis personas encargadas del soporte técnico, la atención de los usuarios y la conversión de los libros a archivos para ser escuchados. El acceso digital al texto tiene incomparables ventajas sobre el sistema de lectura y escritura táctil inventado por el francés Louis Braille a mediados del siglo XIX.

“La disponibilidad de materiales para ciegos en Braille era más difícil, más lenta y con un costo de producción que sólo podía ser encarado por algunas organizaciones. Ahora se puede comprar o pedir prestado un libro, pasarlo por un escáner y bajarlo a la computadora, lo que da una independencia y una velocidad de acceso a esa información que antes no había”, explicó Traina. Además el Braille ocupa mucho espacio y una obra completa puede llevar varios volúmenes. Por otro lado, la oferta de audiolibros es limitada y no hay muchos voluntarios que lean a los ciegos en las reuniones de lectura que organizan las bibliotecas tradicionales.

Pero Tiflolibros es, sobre todo, un lugar de encuentro, un espacio para intercambiar experiencias y descubrir que la ceguera no tiene por qué generar incapacidades. “El interés también está en compartir con otra gente. La lista de correo permite que la gente se conozca charlando, por chat, que tenga ganas de viajar, encontrarse y conocerse personalmente. Y por ahí el contacto empieza a partir de ser usuarios de la biblioteca y de leer un libro o preguntar ‘¿qué me recomiendan para leer?'”, dijo Traina.

Mientras no está enfrascado en la lectura Etchevarría suele participar de la lista intercambiando opiniones con otros miembros de la comunidad sobre actualidad y política. Pero siempre con un libro a medio leer. Prefiere las novelas de acción de autores como Tom Clancy, aunque últimamente ha descubierto una fuerte inclinación hacia la antropología, la arqueología y la historia de las religiones. “Y todo por culpa de ‘El Código Da Vinci’, afirma. Su rutina es siempre la misma: a las cinco de la tarde, después de la siesta, se conecta a la computadora para leer. Pero a veces es aún de madrugada y sigue leyendo. “Hay días que son las cuatro de la mañana mi mujer me grita ‘Dejá ese libro y vení a dormir’. Es que cuando un libro me atrapa no puedo dejarlo”, explica.

Fuente: AP

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