De padres e hijos, una carta para los míos.

por José Soriano elmosquito.gif

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Mi papá, Damián, Antonio, Manuela, yo, Laura y Anahí, Sebastián y Nicolas, Lalo – papa de Laura -, Noemí – la mamá -, Luli, la compañera de Tucho, el hermano de Laura.

Hoy me levante pensando en la cercanía de la muerte de mi padre y con ello a reflexionar sobre la mía. Dadas mis carencias me puse a pensar en que clase de padre soy o he dejado de ser. Antes que nada y como casi todo lo que he hecho estoy orgulloso de haber sido padre de todos ustedes. Siempre, en todo momento, lo tuve presente. Siempre orgulloso y gritando cada vez y por cada uno…hijo e tigre…tenía que ser”. A la uruguaya porqué lo expresa bien ( al orgullo).

Eso, ser padre, es tal vez la única definición verdadera y perdurable que he tenido en la colorida y diversa vida que me sigue tocando transitar en este mundo complejo que hemos sabido forjar.

thumb_sebas3.jpgCon Sebastián he sido padre primogénito aún en la ausencia de serlo. Una realidad absolutamente no deseada e impuesta. Pasados 30 años, por fin reunido nuevamente en nuestra familia que lo buscaba, descubro admirado las similitudes y extraño no haber podido ejercer. Me asombran los sueños que nos unen y más aún la forma de soñar viviendo que compartimos todos los de esta rama de los Soriano. Ahora aprendo de lejos, con mucho cariño, a esperar sus tiempos y mirar con admiración sus logros. Él también es padre, de mi segunda nieta que nació en Francia y me cuentan que se llama Anna.

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Mas tarde, con Antonio, que era Agustín cuando chico, he vuelto a ser padre primogénito con la rigidez y la fascinación por la vida nueva que tiene el que aún vive después de cualquier guerra, esa que nos dejó sobrevivir . Sorprendido y angustiado por las ausencias, descubriendo con los ojos nuevos ese mundo recién estrenado, fascinado por la luz y la fuerza con que otros ojitos nuevos exploraban los muchos recién estrenados parajes y países que huyendo nos tocó visitar. Impuse extremas e injustas exigencias. Di sin querer (y no debía hacerlo) mandatos difíciles de cumplir. Orgulloso hoy aprendo escuchando cada vez su sabiduría jóven.

dsc01141.jpgCon Nicolás Angel llego la “revolución caliente”, ( así llaman a una golosina que se vende en las canchas del Perú y que en Argentina se llamaba “chuenga”), otro par de ojos cómplices, pícaros e independientes. Otra forma de mirar con desconfianza la vida y los cambios que nos tocaron protagonizar. Ya de a tres descubrimos otros países que pronto fueron continentes y muchos paisajes llenos de gente diversa con los que comenzamos sin miedo a hablar en otros idiomas.

dsc00016.jpgCon él aprendí orgulloso a ver otras perspectivas y tratar de comprender otras miradas. Otras rebeldías distintas que las mías.

Desde hace dos meses Nicolás es padre y yo finalmente abuelo de Milo y su mamá se llama Daniela.

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dami.jpgCon José Damián, que nació en Francia, llegó la gracia y una cierta desgarbada elegancia. Es actor en el mundo aunque vive en Italia. De entrada nomás, en la boca del escenario, puso blanco al médico africano que en Creteil atendía a su madre, … llegó el polaco. Mi polaquito de guetto. Descubrí con él la magia nueva de otros ojos alegres y confiados. Aprendí otra vez como se hace para enfrentar con entereza el extremo dolor de los demás. Pero mas que nada la alegría de comer milanesa remojada en café con leche para robarle una sonrisa en la cafetería del hospital en que lo operaron tantas veces. Me sienta bien ver como se las arregla, solo, con dificultad y con coraje en una vida llena de desafíos y aventuras lejanas. Cuando tienen ganas sus llamados y mensajes me dejan seguir aprendiendo feliz y orgulloso de la diversidad de miradas cotidianas sobre el mundo y los extraño. Este fin de semana se juntaron en la nueva casa de Sebastián en Valence.

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thumb_manurest-copia.jpg Por fin llegó la mágica. Manuela nació en Adrogué, en medio del conjuro de nuevas esperanzas, rodeada de música, trajo consigo el gusto por la ópera que acompañaron aventuras y experiencias que nos llevaron a otras culturas y distintas realidades. La ternura y un nuevo mundo femenino. Linda como ella sola, me inspiró para nuevas hazañas y esfuerzos. Nuevas aventuras. Aprendí con ella a sorprenderme por nuevas cosas. A cuidar mas mi aspecto y vestirme un poco mejor. A cuidarme. Compartir con ella su crecimiento fué (ES) siempre mágico. Me obliga a saber, a ser conciente, que debo estar allí, disponible para cuando me necesiten. Ni antes ni después. Ni más. Ni menos.

anahi.jpg Y ya en la edad de esperar nietos, llego la preciosa sorpresa (final?). Otra revolución caliente pero esta vez charrúa. Esta allí en curso. Mostrando que el mundo es nuevo cada vez que uno lo mira nuevamente con los ojos de una niña como Anahí. Como todos nosotros es conciente de su pertenecia a una gran familia y anda siempre nombrado a las ausencias para así hacerlas más presentes. Aquí, a mi lado esta ella, disfrutando de la vida nueva y gozando imperiosa.

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Al final he sido padre de algunas mujeres, hijo a veces, y seguro que nunca indispensable. Pero si soy lo que soy ( o lo que sea) es por ser padre.

¿Pero que es eso ? Con mi padre de 90 años, aquí a mi lado, jugando con su nieta Anahí de apenas tres, en esta soleada tarde de otoño en Buenos Aires, me pregunto en el teclado ¿como fué mi experiencia con él? Tengo en la memoria algunas fotos. Flashes de recuerdos que vibran en la memoria que me recuerdan lo importante que ha sido siempre su palabra. Lo imperiosos y significativos que aún siguen siendo sus silencios.

Recorriendo recuerdos ajenos me topé con “para quién merece un dibujo”, alguién que me hizo recordar nuevamente el día que encontré a mi hijo perdido hace treinta años, y la emoción me ha vuelto a hacer llorar.

Como el mío, he sido a veces un padre mudo y otras un padre con frases que deben haber quedado retumbando en silencio por los años de los años.

Me recuerda que la palabra de mi padre, y seguramente la mía para mis hijos, a cualquier edad, puede resultar irritante. Lo veo en los ojos de mi hija adolecente. Lo presiento en los míos cuando las costumbres antiguas chocan con las mías que a su vez ya son de obsoletas para algunos de mis hijos.

Mi propio padre fué un punto frecuente de comparación cuando me converti en padre. Muchas veces para saber que es lo que no debía hacer pero en otras buscando la certeza en este oficio sin manuales.

He sido de esos padres que empuja para que mis hijos encuentren los sueños y sigan sus pasiones. Un padre “poule”, que los mantiene agrupados bajo el ala, y al mismo tiempo uno que les dice todo el tiempo, “mais lache-moi les baskets”, empujándolos a vivir sus propias experiencias.

A la inversa de lo que hizo mi padre he empujando a mis hijos para que empiecen a vivir con algunas armas ayudando. Pero uno no hace nada bien pues alguno de mis hijos alguna vez me gritó angustiado que a veces fuí también alguien de quien es preferible evitar los empujones.

¿Como habré sido percibido? ¿Como un padre que ama a la madre, o como uno incapaz de hacerlo? Se me escapa esa mirada ajena tan querida.

Me acuerdo cuando chicos que en algunos casos, o momentos, era de esos padres al que rápidamente se asocia con la palabra respeto. Bastaba una mirada. Otras veces, según me cuentan , con la misma mirada, infundí terror.

Porque un padre tiene la posibilidad de infundir miedo, de aterrorizar, pero a su vez también puede brindar protección y reparo. Como me ha ocurrido en ambos roles puede ser alguien a quien es posible recurrir o a veces alguien de quien es mejor alejarse apurado.

Un padre puede ser el modelo de quien sus hijas tomen algún rasgo para después enamorarse de ese rasgo en otro hombre. O lo contrario.

Siempre se espera de él que actúe de sostén. Con el tiempo puede convertirse en alguien a quien debamos sostener como me pasa.

Se porque con mis hijos tengo espejo que a veces debí resultar una figura terrible. Por lo irascible o por violento, pero en otras, en forma inesperada, debo haberlos sorprendido y me he lanzado a rescatar a alguno de mis hijos de lo que sea, con ternura y persistencia.

Es alguien que puede avergonzarnos o enorgullecernos hasta el punto de aplastarnos y es también, aquel que puede ayudar a mantener saludable la relación de un hijo con su madre.

Un padre puede ser muchas cosas diferentes, pero siempre es una figura capital, para imitar o para cuidarse de imitar. Será siempre una referencia.

No sé si en la nefasta década lograron matarme la esperanza, tampoco si yo he sabido, a pesar de todo, ser un buen padre.

Porque en definitiva solo soy yo. Pepe como me dice la menor. Un padre que ha sido hijo.

Su padre que los quiere y que hoy necesitaba decirlo.
js

PS:
Cuando de pequeño, desde el norte del Perú, regresamos a la Argentina para que mi viejo, el “Caballero del Deporte” que aún jugaba al fútbol pudiera terminar con sus exámenes de su carrera de agrónomo. Según cuenta incansablemente, todos los días, organizó una huelga – que duró varias fechas – y junto a otros capitanes fundó la agremiación de jugadores de fútbol argentina. “No podía soportar que vendieran a Adolfo(Pedernera) y otros amigos como si fueran ganado a Colombia…”
Luego cuando regresamos al Perú hizo la “Academia” llevando expertos entrenadores desde el Sur. Un ejemplo de vocación de servicio comunitario no recompensada, ni siquiera con el reconocimiento público. Llegó a sostener 120 equipos y les pagaba estudios y comida. Algunos hasta la carrera universitaria.

Él, mi padre, que desde hace veinte años es casi un hijo, es también lo que soy y he sido. Eso, un presente lleno de silencios compartidos, un porvenir que me asusta y un ejemplo en el pasado siempre inalcanzable.

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2 comentarios sobre “De padres e hijos, una carta para los míos.

  1. Me encantó tu novela familiar. Mirá que has tenido hijos, hombre!
    Ay, lo de tu padre. Justamente estoy pensando sobre ese tema. Vos vste que “el padre” aparece recurrentemente en la literatura, más que la figura de “la madre”. Investigo, leo, me divierto, para despues escribir en el blog acerca de ese tema. Leerte redobló mis ganas.
    También recorrí todo tu álbum familiar: todos con cara de buena gente… ¡y esa Anahí! con razón la disfrutás tanto.
    Saludos gustosos
    Estrella

  2. Hola, soy nieta de Julio Soriano Barco, hermano de tu padre. Me alegra ver que el “Caballero del deporte” esta bien como se aprecia en tus fotos.Yo tengo contacto todavía con los hijos de Eloísa: Mimi, Roberto, Lucero.., del tio Raúl, Salvador, Manuel, Chepa…en fin no se nada de ellos.
    Un saludo a tu padre de Martha Soriano, hija de Jorge Soriano, hijo de Julio Soriano Barco.
    Adios.

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