
Hace apenas un rato mi hija, Manuela de 16, me avisa de un sitio peruano realmente innovador y ha sido un hallazgo. Con desparpajo, la habitación de Henry Spencer aborda con una visión de nativo digital, con decir limeño, la realidad de un joven educado en esta época. Me han parecido brillantes las entrevistas (videos) sobre el Festival de Cine de Lima. Pero por sobre todo me ha gustado el atrevimiento y la creatividad para usar un medio con pocos medios. Es innovador y atrapa. Los pocos capítulos que he visto enlazan perfectamente con el propósito fundamental de una de las listas peruanas: ¿cuál es el lugar del Perú en la sociedad de información global? ¿Se trata de clonar cualquier avance norteamericano o europeo? ¿Se trata de proteger los “derechos” sin saber por qué? ¿O se trata más bien de resignificar todo de acuerdo a nuestra realidad, generando a partir de informaciones diversas una nueva que contenga valor para nuestra cultura?
Tal vez, como ha descubierto la habitación de Henry Spencer, todo sea más sencillo, y se trate de aprender a distinguir entre innovar e inventar y sobre todo aprovechar nuestras diferencias en lugar de tratar de borrarlas.





Llamar nativos digitales a quienes ayudan a instalar en los hogares desde el DVD hasta la cuenta en Gmail de los inmigrantes digitales no es ya una novedad.
Probablemente tienes toda la razón. Cangrejos en un canasto impidiendo que nadie salga. Ninguna razón debería excluir otras o distraer de lo esencial. Y lo esencial, los expertos han hablado, es que Telefónica del Perú ha infringido dolosamente la ley, de manera repetida, al no cumplir con el contrato firmado en la década del 90. Lo peor es que, como desde siempre, goza de una impunidad que sorprende.



Por José Soriano 