La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea. Hay vastos pasajes donde se insinúa que alguien hubo, no es cierto, no hubo nadie. El amante, Marguerite Duras.
Publicada el: 5 Enero 2007 11:31 am
Mi hoja de vida dice que soy experto internacional en tecnología e Internet. Que soy pionero en la creación de redes y consultor senior de varias organizaciones como el IADB, UNESCO, PNUD. Pero en realidad frente al espejo sólo soy yo, siempre sólo yo.
Como dice un amigo de esos de verdad, a veces desespero por no tener recursos pero prefiero eso a tener que hacer algo en lo que no estoy de acuerdo.
Desde que nací en el 47 en Saña, Lambayeque hace ya casi sesenta años, transcurro en muchas ciudades. De ellas estuve en casi todos los barrios. Estuvimos en muchas mansiones con piscina, otras llegué a ranchos y taperas donde el agua llega en camión; en avenidas elegantes, caminos vecinales, calles de tierra perfumada, pasajes y callejones de un solo caño. En numerosos países elegí las sendas en el pasto de las villas de la miseria. Esos lugares donde la gente va a buscar un presente a costa del porvenir que nunca llegará. Por esas cosas que pasan tengo voz y voto en tres países y cada día estoy mas asustado por lo que me rodea como funcionario. Que responsabilidad.
Irrompible, como cholo inoxidable… Tengo y tuve una vida complicada y bien usada pero por suerte reciclada varias veces… Ahora en un santuario, descanzando, gracias a la reyna…
Antes que nada y después de todo solo padre. Pero vaya a saber…
Foto izquierda: Cocinando para Laura y mis hijos en el quincho de nuestra casa del Lago en Carrasco, la perdimos de manera infame por estafa en un remate. Foto arriba: Más joven en un colectivo en Praga.
He criado a mis hijos en lugares tan distintos de Buenos Aires, Lima, Montevideo, Bogotá, Lausanne, Ginebra, París y de regreso, que a veces me pregunto si será por eso que son tan maravillosos.
Ansiando tener raíces hasta ahora compré y perdí dolorosamente ocho casas en países distintos, por suerte aun me quedan fuerzas y parece que voy por más. En las calles grité consignas y construí utopías que anidé en mis casas. En los estadios y en la radio grité goles y elegí banderas. Tuve esperanza, todavía sigo porfiado y como soy naturalmente optimista siempre imaginé futuros dichosos sin exclusiones.
De muy chico, en la biblioteca de mi padre, aprendí a apreciar en su justa medida la cadencia de una cadera propicia y por eso, temprano comencé a ser víctima de las sutiles miradas de una muchacha por encima del hombro pestañeando sus promesas. Hice mucho el amor en consecuencia y en eso sigo porfiado y -por suerte-sin pastillas: “El mar estará viejo pero todavía se mece” dicen en mi tierra. Como todos, me enamoré siempre que pude y sigo esperando la próxima vez. Amé mucho a diestra y siniestra. A algunas, a pesar del tiempo, aún las sigo amando no se si a ellas les pasará igual.
Ciento noventa y un días me desaparecieron y fusilaron de mentiras varias veces. Aún estoy aquí, gracias a mi padre y a un paisano General que me recuperó-dijo él- para el Perú. Por eso la vida es buena y es fácil pues es siempre nueva y un don inesperado. Claro que sentí miedo pero sin que se me note. Era lo que hacíamos. Como nosotros, los compañeros, me amparé en el humor ácido, los derroté en silencio, sobre todo a los que te hablaban educadamente junto a la cabeza cuando tocaba el grito que te rompía los dientes justo antes del frío. De las compañeras y la obscuridad aprendí la soledad, el refugio de la risa permanente y atreverme como ellas a ir a cualquier lado con la imaginación que me legaron.
Claro que todavía me duelen los que ya no están, mis hermanos y hermanas, que eran y son los imprescindibles y no son pocos pero son; aunque cuesta a veces, por ellos me sigo riendo y lo disfruto. Los extraño igual y lagrimeo con sonrisas.
Mucho tiempo después, en otras vidas, cuando un día tiré el pucho, se me rompió por fin el corazón. Me hicieron varios by-pass y saqué alguna basura como hago en casa. Claro que lloré esos días. Lo sigo haciendo cunado recuerdo. Pero recuperé la vida y también maté hormigas junto a la más chiquita de mis hijas, Anahí, que descubre el mundo recién estrenado para ella. Regalé muchas flores y casi siempre son rosas rojas. Hice colas e hice líneas. Compré pan crocante recién hecho(bonjour monsieur dame;)) y me lo llevé muchos días bajo el brazo aunque llueva. Siempre hago café a la turca pero apenas si logré casarme cinco veces, sin tiempo para más, pocas veces ando sólo. No me dejan.
Treinta y un años después re-encontré uno de mis hijos que es el mayor de los seis que me definen. Pero últimamente se me dió la magia de las hijas y tengo dos. Las llevé en cochecitos y a veces aún las cargo al hombro. Hoy, hace un rato, el 8 de febrero, he sido abuelo por primera vez, se llama Milo, es un precioso chiquilín que se parece a Nicolás y ya se anuncia para noviembre el segundo que viene esta vez de Sebastián. Ya puedo dejar de hacer hijos se viene otra generación de soñadores.
Fui a las escuelas, a los liceos y a las universidades. Obtuve títulos y honores. Nacionalidades. Algunos los perdí. Sentí rabia. Insulté. Pedí perdón. Viajé mucho, pero mucho, mucho, y siempre volví a algún lado distinto. Recuperé el futuro varias veces. Se me ocurrió abrazar nuevas causas y me dijeron que también era padre de alguna red, el Intenet del Perú. Por suerte en ese transcurrir perdí las respuestas pero por fin encontré las preguntas.
Como el caballero inexistente no soy ni existo. Soy parte de cualquier paisaje. Soy sólo un pedazo del mundo. Una mirada. Un punto, un nanosegundo insignificante. Una versión de mi generación como cualquier otra.
Soy antes que nada padre de seis hijos y desde hace apenas un rato abuelo.
Hace más años de lo que puedo recordar, un señor periodista me indicaba: “mire mi amigo todas las palabras están en el diccionario no tiene mas que elegirlas y ponerlas en el orden correcto para que expresen lo que desea transmitir”. Desde entonces lo intento aunque la mayoría de las veces me pierdo como he perdido los sueños tantos que ya pasan por olvidados. Entonces…Periodista, peruano antes que francés como dice el pasaporte que para trabajar en radio allá lejos y hace tiempo adquirió acento argentino-uruguayo. Ese soy yo, el que viste y calza, fraterno siempre. js
La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea. Hay vastos pasajes donde se insinúa que alguien hubo, no es cierto, no hubo nadie.
El amante, Marguerite Duras.
PS: Por esas cosas de la cultura en el Perú, debido al tipo de trabajo tecnológico que realizo, muchas personas se refieren a mí como Ingeniero. En algunos países del Caribe y en México me llaman licenciado. En Europa suelen decirme profesor o Dr. Soriano. Trabajo para organismos internacionales y hablo varios idiomas fluidamente. He sido reporteado por Newsweek, el NewYork Times, América Economía, Business Week y muchos otros medios, aparece muchas veces mi nombre en Google desde hace muchos años, sin embargo en la Argentina la mayoría de las veces soy sólo “che, negro”… Un lugar desde el que es dificil salir para alguién educado en el respeto a los demás. El sur, la Argentina y el Uruguay me han ido comiendo la energía pero no pierdo la esperanza.





