modernidad líquida

En esta “modernidad líquida” ( Bauman, Zygmunt dixit ), para que una cosa nueva, o antigua, no tape la anterior, para que lo circunstancial no desplace a lo importante, y se pueda generar alguna idea que sea valiosa, las discusiones deben continuar a tiempo y en el espacio.

Por eso insisto y coincido firmemente con algunas de las respuestas de esta lista. En este contexto no es posible pensar en modernización del Estado, Gobierno Electrónico o Sociedad de la Información, sin que la participación, la innovación y la “educación” sean conceptos centrales. Tampoco es posible excluir la creatividad y la innovación.

Por esta y muchas otras razones parece razonable mantener el diagnóstico como una actividad constante no solo puntualmente, sino en forma de observatorio permanente. Siempre será mejor tener una película que refleje continuamente el desarrollo, que una foto estática que deviene obsoleta en el momento mismo de ser tomada.

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Sin embargo también parece razonable preguntarse que es lo que vamos a medir, si vamos a superar los simplistas indicadores de ranking forzados por las estadísticas y la subjetividad o con que criterios y a partir de que modelo lo vamos a hacer.

En este momento estoy terminando de escribir el proyecto y Plan de Acción de Gobierno Electrónico de la República Argentina en una consultoría para el PNUD y la Sub Secretaría de la Función Pública de ese país y allí también el problema principal son los indicadores - en general internacionales y forzados - con que se pretende medir. Por ello introducir el concepto de valor público aparece como nuevo eje protagónico en cualquier debate o análisis serio que se haga de estas tecnologías.

Los programas de Gobierno Electrónico son una agenda que ya está instalada, insoslayable, y que dependiendo del grado de conocimiento y comprensión con que se aplique puede ayudar a solucionar o superar problemas, agravar los que hoy enfrenta la democracia parlamentaria, o crear nuevos que las propias TIC no sean capaces de resolver.

Desde hace muchos años, desde diversos lugares, venimos proponiendo insistentemente sobre la necesidad de reflexionar en cómo medir nuestra realidad a partir de conceptos que se ajusten más cercanamente a la complejidad de nuestro entorno específico. No podemos seguir midiéndonos a partir de realidades ajenas aplicando modelos que sin duda son correctos para esas realidades pero no para las nuestras.

Les adjunto un gráfico que contiene 17 metodologías y propuestas de indicadores comunmente aceptados. El analisis agrupó a las distintas opciones metodológicas en tres categorías. Lo real y concreto es que hasta ahora no hay ninguna de ellas que supere propuestas discrecionales y subjetivas cuando no la simpleza del ranking deportivo entre realidades no comparables. La misma OCDE que tal vez lo hace en forma de autocrítica, pues sus estadísticas son antiguas y en general de mala calidad, presenta un interesante estudio “Uses and Abuses of Governance Indicators”, By Christiane Arndt and Charles Oman. La propia CEPAL ha llamado este mes a un concurso de expertos sobre el tema de indicadores para re-evaluar los criterios con que se aplican.

Tal vez desde esta lista donde hay un gran número de expertos se podría proponer en conjunto metodologías e indicadores que nos permita construir colectivamente una alternativa para el Perú.
¿Que opinan?

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